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Los siete contra Tebas y Las Fenicias, dos formas de ver la tragedia.[1]
Julio de 2003
Por: Jorge Ordóñez-burgos.
“Terribles son para las mujeres los partos
acompañados de dolores; y, sin embargo,
todo el género de las mujeres ama a
los hijos.”
Eurípides, Fenicias, 355-358.
Las variaciones que fueron dándose dentro de la tragedia griega entre el siglo V y el IV a.C. pueden notarse de alguna forma en ciertos elementos que componen la dramaturgia helena, entre ellos debemos mencionar: la estructura del relato, la dinámica de los diálogos de varios pasajes , el intercambio de palabras dentro de diversos escenarios compuestos por los autores, o el papel del coro, entre otros. Todas estas partes, y otras más, nos llevan a reflexionar
sobre el cómo veían los griegos la tragedia. Analizaré un par de piezas, ambas versan sobre el mismo tema: el sitio de la ciudad de Tebas por parte de Polinices y la defensa de la plaza por Eteocles. El episodio fue narrado por Esquilo y por Eurípides[2]; ambos relatos están separados por un lapso temporal de setenta años aproximadamente. La historia que se cuenta fue tomada del ciclo épico griego. Este se integraba por un ciclo troyano, compuesto por Cipria, Aethiopis, Pequeña Ilíada, Iliupersis, Nostoi y Telegonía; y formando parte de dicho ciclo un capítulo dedicado a Tebas, dentro de este estaba contenida la Tebaida. Pieza de donde se inspiraron nuestros dos poetas. A continuación se verán las particularidades de cada tragedia.
Los siete contra Tebas.
Sabemos que originalmente se representó en el año 467 a.C., que era parte de una trilogía cuyas dos primeras partes eran: Layo y Edipo, ninguna ha llegado hasta nuestros días. De igual forma, el conjunto se completaba con un drama satírico denominado La Esfinge. En la obra aparecen los siguientes personajes: Eteocles, un explorador del ejército tebano que hace las veces de mensajero; además de él, se encuentra un heraldo, Antígona, Ismene y un coro de jóvenes tebanas.
El comienzo de la obra se desarrolla en el ágora de Tebas, mientras Eteocles se dirige a su pueblo. Eteocles se dedica a exponer el conflicto bélico que está a punto de desatarse (1-30), su discurso termina con la exhortación a los ciudadanos para que se sumen a la defensa de la ciudad. “Llenad los parapetos! ¡Permaneced firmes en los terrados de las torres y resistid con valor indomable, junto a las puertas sin temer demasiado a la turba extranjera. La deidad hará que acabe todo bien.” [3] El monólogo de Eteocles contrasta con otro monólogo de un explorador, enviado suyo (39-68) , que anuncia: “Siete héroes, valerosos caudillos, degollaban un toro, dejando que la sangre fluyera sobre un negro escudo; y, con sus manos tocaban la sangre del toro, por Ares, por Enio y por Fobo sediento de sangre, juraron o bien destruir nuestra ciudad
y saquear con violencia esta
ciudad de los cadmeos, o morir y regar con su sangre esta tierra.”[4]
Eteocles suplica a los dioses le concedan la victoria: “…no arranqueis de raíz , destruida por el enemigo, a una ciudad [que habla igual lengua, y sus casas dotadas de hogar]…”[5] Su petición es corta (69-78) y después de hacerla sale de escena, dando lugar a una larga serie de lamentaciones por parte de las mujeres de Tebas (79-180). Cuestionan: “¿Traicionarás tú que eres antiguo habitante de nuestro país, Ares, a tu tierra?[6] Suplican desesperadas: “¡Y tú Ares -¡ay, ay!-, guarda a la ciudad que recibió su nombre de Cadmo y claramente vela por ella”[7] . Continúan diciendo: “… no traiciones [dirigiéndose a las deidades a las que está consagrada Tebas] a nuestra ciudad sumida en la guerra a ser atacada por un ejército de lengua distinta[8].”
Una vez más entra en escena Eteocles, pero ahora establece un diálogo bastante interesante con el coro de tebanas (181-203). Empleando palabras enérgicas hace que controlen su histeria: “Os pregunto, criaturas insoportables, ¿Es lo mejor eso, lo que salvará a la ciudad y dará ánimo a un ejército que está sitiado? ¿Andar gritando y vociferando postradas ante estatuas de dioses que son protectores de nuestra ciudad?[9]
“…la mujer, cuando es dueña de la situación, tiene una audacia que la hace intratable; y, en cambio, cuando es víctima del miedo, constituye un peligro mayor para su casa y para su pueblo”.[10] El coro se lamenta de nuevo (204 – 215 y 220 - 222). Aquí se da un intercambio de palabras en donde queda claro el papel de Eteocles como rey de Tebas, como guerrero y como hombre concentrado en el terreno de batalla:
Coro: “… hay un dicho que afirma que abandonan los dioses una ciudad que es conquistada.” [11]
Eteocles: “La obediencia al mando es la madre del éxito y las esposa del salvador.”[12] “Eso es una cosa de hombres, el poner por obra sacrificios y oráculos cuando están preparando una tentativa contra el enemigo. Lo tuyo es, en cambio, callar y quedarte metida en tu casa.”[13]
El diálogo Eteocles-coro se da de forma más severa para dar pie a la manifestación de mayor colaboración por parte de las tebanas. (234-286). Este pasaje culmina así:
Eteocles: “¡Calla, desgraciada! ¡No asustes a los nuestros!
Coro: “Callo. Con otros sufriré mi destino”.[14]
Viene después un pasaje (287-369) en donde el coro profiere lamentos, estos se distinguen por tener un tenor distinto a los anteriores. Un mensajero[15] llega y comienza a narrar los pormenores del sitio (375-417)[16], Eteocles entabló diálogo con el mensajero y señaló a cuáles guerreros designaría para contrarrestar el ataque de Polinices. Posteriormente, un diálogo entre el coro y Eteocles nos permite ver cómo las mujeres tebanas intentan convencer a su rey de no combatir:
Coro: “… la muerte de los hermanos que entre ellos se matan así, con sus propias manos….., no existe vejez de esta mancha.
Eteocles: Si hay que soportar la desgracia, sea al menos sin deshonor.”[17]
El coro insiste en su intento:
“Pero no te apresures [suplica a Eteocles] . Tú no serás llamado cobarde, si censuras indemne tu vida. La Erinis, de negra égida, saldrá de tu casa, cuando de tus manos acepten los dioses un sacrificio.”[18]
“Pero quieres segar la vida de tu propio hermano?
Eteocles: Nadie puede evitarlas, si los dioses envían desgracias” [19]
De 719 a 791 el coro se dedica a cantar una serie de estrofas en donde se narran las desgracias que sufren los que pertenecen a la estirpe de los cadmeos, lamentando una y otra vez la desgracia que los persigue. Hay un frgamento que destaca por su belleza:
“Cual mar de desgracias empuja sus olas: cuando cae una, levanta otra de triple garra que rompe rugiendo en torno a la popa de nuestra ciudad. Y en medio de esta torre en un corto espacio tiende su defensa. Temo que nuestra ciudad sucumba a la vez que sus reyes."[20]
Después de este pasaje viene la tradicional entrada del mensajero de tragedia griega, trae una nueva que demolerá a los habitantes de Tebas: los sitiadores han sido vencidos, Tebas permanece libre, pero hay una dificultad:
“…. A un tiempo se mataron con sus manos hermanas.
La ciudad se ha salvado; en cambio, de ambos reyes de idéntica semilla, la sangre ha bebido por la tierra por la muerte que entre ellos se han dado.”[21]
Este fragmento marca el final de un interrogatorio que el coro le ha hecho al heraldo.[22] Entre los versos 820-946 el coro se dedica a resaltar las pasiones que estuvieron presentes en el combate entre Polinices y Eteocles. “¡Amargo ha sido el libertador de sus querellas, el extranjero del Ponto sacado del fuego, el hierro buido; amargo también el cruel partidor de herencia, Ares, al hacer aquella antigua maldición paterna.”[23]
Las hermanas de los combatientes se dedican a lamentar la muerte de ambos y el destino negro que le ha tocado enfrentar a su estirpe (953-1004). Ismene señala: “¡Ay! ¡Estaban posesos por la deidad que ciega la mente![24] Posteriormente, un heraldo llega para anunciar aquello que ha determinado el Consejo del Pueblo de Cadmo (1005-1026). Comunica que: “… a este cadáver de Polinices, se ha decretado arrojarlo afuera y dejarlo insepulto como botín para los perros..… (1013-1015)” Esta decisión se ha tomado porque Polinices “Los ofendió [a los dioses protectores de Tebas] Al lanzar al ataque un ejército de gente extranjera con que intentaba conquistar la ciudad.” [25] Como reacción Antígona entabla un diálogo con el heraldo en donde desafía los decretos y afirma que sepultará a Polinices sin importar las represalias:
Antígona: “Pues yo les digo a los gobernantes de los cadmeos que, si ningún otro quisiera ayudarme a enterrarlo, yo lo enterraré y arrostraré el peligro de dar sepultura a mi hermano, sin avergonzarme de mi resistencia desobediente a los que mandan en la ciudad.”[26]
La tragedia termina con la participación del coro que, se ha constituido en dos cortejos fúnebres, uno que acompaña a Eteocles en la liturgia que se llevará a cabo dentro de Tebas, y, otro, que saldrá de la poliV para acompañar el cadáver de Polinices, desafiando a la autoridad (1064-1077).
Las Fenicias.
La primera representación de esta obra se llevó a cabo quizá entre el 412 y el 408 a.C.. Sabemos que fue posterior a Agamenón[27] (412 a.C.) y anterior a Orestes (408 a.C.). Cabe mencionar que es la tragedia griega más extensa que ha llegado hasta nuestros días , está compuesta por 1766 versos. Los personajes que participan en ella son: Yocasta, un anciano pedagogo, Antígona, Polinices, Eteocles, Creonte, Tiresias, Meneseo, dos mesajeros, Edipo y un coro de muchachas fenicias.|
La tragedia comienza con los lamentos de Yocasta, ella se encarga de cantar la introducción y narrar la problemática general que ha perseguido a su familia desde los tiempos de Cadmo (1-87). El monólogo termina con una súplica: “Con que, ¡ oh tu, que habitas los luminosos repliegues del cielo, Zeus!, sálvanos y permite el acuerdo entre mis hijos. No vas a consentir ya que eres sabio, que un mismo mortal persista en la desdicha.”[28] Yocasta sale de escena y luego, entran Antígona y un pedagogo que le acompaña. El anciano pedagogo anuncia a la hija de Edipo que: “Desde luego que no ha vuelto ruinmente a su tierra Polinices, sino con el fragor de numerosos corceles e inúmeras armas.”[29] Además le notifica de ciertos guerreros que acompañan a Polinices y que comienzan a apostarse contra las stoai de la ciudad.[30] Después de desarrollar un corto diálogo[31] ambos personajes salen de escena para dar paso a la participación del coro de muchachas fenicias , que le da nombre a la tragedia[32] y que se dedica a explicar su presencia en esta pieza de corte tebano.[33]
Posteriormente entra Polinices en escena, acude a Palacio tebano por una invitación de Yocasta para intentar resolver el conflicto entre hermanos de manera pacífica: “Confío, no obstante, en mi madre, y a la vez desconfío de ella que me persuadió de venir aquí bajo tregua.”[34] Comienza un pequeño intercambio verbal con el coro[35] , identificándose cada uno de los interlocutores, por un lado, las muchachas le hablan al héroe de su origen oriental, por su parte, Polinices les cuenta que es miembro de la estirpe maldita de Edipo. Yocasta entra en escena, afirma que acude a esa zona de palacio por el “grito fenicio”[36] que ha escuchado de las muchachas. Esta intervención de Yocasta es específicamente importante, dado que aquí justifica, mas no aprueba, la presencia belicosa de Polinices en Tebas: “¡Ay, hijo, vacía la casa paterna dejaste, al marcharte desterrado por la injuria de tu hermano! ¡Cuán anhelado por tus amigos, cuan anhelado por Tebas! Por ese motivo he cortado mi cabellera de peplos blancos…”[37]
Yocasta continúa su participación lamentando la suerte de Polinices en el extranjero, siendo “extranjero en tierra extraña”[38], concluye con esta parte diciendo: “¡Ojalá perezca todo esto, sea quien sea culpable, el hierro, la discordia, tu padre o el elemento demoníaco que se apostó en la mansión de Edipo! Pues sobre mí han descargado las congojas de tantas desgracias.”[39]
Yocasta: “¿Qué es el estar privado de la patria? ¿Tal vez un gran mal?”[40]
Polinices: “Un hecho es lo más duro: el desterrado no tiene libertad de palabra.”[41]
Yocasta: “Las esperanzas alimentan a los desterrados según el dicho.
Polinices: Los miran con buenos ojos, pero luego se demoran.” [42]
Yocasta: “¿Los amigos y los huéspedes de tu padre no te socorrían?
Polinices: ¡Ten éxito! Nada son los amigos, si uno cae en desgracia.
Yocasta: ¿Ni siquiera tu alto linaje te elevó a alta consideración?
Polinices: Es malo ser pobre, el linaje no me daba de comer.”[43]
Yocasta: “¿De qué modo lograste la boda?[44]
Polinices: Era de noche, y me presenté en el atrio de Adrasto.
Yocasta: ¿Buscando refugio para dormir, como un desterrado vagabundo?
Polinices: Así fue. Y entonces llegó otro desterrado más.
Yocasta: ¿Quién era? Sin duda que también era él desdichado.
Polinices: Tideo, el que dicen que tuvo a Eneo por padre.
Yocasta: ¿Por qué a vosotros luego Adrasto los comparó con fieras?
Polinices: Por la furia con la que nos enfrentamos por causa del cobijo.
Yocasta: Entonces el hijo de Tálao comprendió el oráculo.
Polinices: Y nos entregó a nosotros dos sus dos jóvenes hijas.”[45]
Para finalizar el diálogo, Polinices dice a su madre que está dispuesto a desatar una guerra sangrienta contra Tebas buscando recobrar el poder que le corresponde, dado que “Un noble en la pobreza no es nada.”[46] Entra Eteocles en escena y se desarrolla una conversación entre los tres personajes: Yocasta, Polinices y él (446-683). En esencia la discusión se desarrolla de la siguiente manera:
Polinices: “Sencillo es el relato de la verdad y no requiere además de rebuscados comentarios. Porque los hechos mismos le dan oportunidad. En cambio el discurso injunsto, al ser enfermizo de por sí necesita sabios medicamentos.[47]
En cuanto a mí, antepuse en mi consideración sobre la casa de mi padre mi vida y la de éste, con el deseo de rehuir las maldiciones que Edipo invocó en cierta ocasión contra nosotros. Me salí por mi propia decisión fuera de esta tierra, dejándole a éste ser rey en la patria por el plazo de un año, con la condición de que yo tomaría a mi vez el poder por turno y así no incurriría en enemistad con él para hacer y sufrir cualquier mal…”[48]
Eteocles, [Dirigiéndose a Yocasta]: “Conque si quiere vivir en este país de algún otro modo, ¡sea! Pero lo otro no lo voy a permitir de buen grado; siéndome posible ejercer el poder, ¿ voy a ser alguna vez esclavo suyo ?”[49]
Yocasta intenta mediar: “¡Dejad ambos esos excesos, dejadlos! La incosciencia de dos personas, cuando coinciden en un mismo empeño, resulta la más odiosa desgracia.”[50] Otro pasaje de la discusión es el siguiente:
Polinices: “…Por segunda vez reclamo el cetro y mi parte de tierra.
Eteocles: No admito reclamaciones. Yo, desde luego gobernaré mi casa.
Polinices: ¿Quedándote con más de tu parte?
Eteocles: Lo reconozco ¡Aléjate del país!”[51]
El diálogo entre hermanos termina cuando Eteocles declina en seder su trono a Polinices, no le importa desafiar a las furias, concluye diciendo: “¡Que se hunda toda las casa!”[52]
El coro interviene (639-689) describiendo el por qué la estirpe de Edipo está maldita: “Aquí había un sanguinario dragón de Ares… Cadmo lo mató con una piedra blanca..”[53] Entre los versos 690 y 783 se da una conversación de Eteocles con Creonte sobre las novedades que tiene de los sitiadores y del desarrollo de las hostilidades contra Tebas. En un fragmento de la conversación Creonte intenta convencer a Eteocles de no llegar a la guerra por la gran desigualdad numérica entre ambos bandos, es un diálogo concatenado conceptualmente, en donde se conecta una y otra intervenciones de los personajes:
Creonte:
“Con todo, la victoria entera estriba en un buen plan.
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Eteocles:
¿Quieres que considere algunas tácticas?
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Creonte: Si, todas, antes de enfrentarnos de golpe al peligro.
Eteocles: ¿Y si de noche cayéramos sobre ellos en emboscada?
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Creonte:
Bien, con tal de que, de fracasar, regreses vivo de nuevo aquí.
Eteocles: La noche ofrece igualdad y apoya a los audaces.
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Creonte:
La derrota sería terrible en las tinieblas de la
noche.”
[54]
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Este diálogo Eteocles-Creonte también constituye el testamento político del rey de Tebas: “En cuanto a la boda de mi harmana Antígona y de tu hijo Hemón, si acaso yo caigo abandonado de la fortuna, a tí te toca cusatodiar de ella….. A la ciudad y a tí os encomiendo, Creonte, si se impone nuestra causa, que el cadáver de Polinices jamás sea sepultado en este suelo tebano, y que quien trate de enterrarlo perezca, aunque sea alguno de nuestros allegados.”[55]
Eteocles pide sus armas y se retira al combate. A continuación (785-831) el coro de fenicias se dedica a lamentarse de la suerte que correrá Tebas; una vez más ponen de manifiesto la impureza de la estirpe de Edipo: “…. Lo que no nació bueno nunca será bueno, ni tampoco los hijos concebidos en contra de la ley, manchados por la sangre parricida, de una madre que fecundó el lecho de su propio hijo.”[56]
Posteriormente el adivino Tiresias entra en escena y comienza a dialogar con Creonte sobre aquello que le espera a Tebas y a algunos de sus habitantes (834-959). Creonte pregunta por la manera en que puede sortearse la diferencia numérica tan grande entre cadmeos y tebanos, el adivino responde:
“Escucha entonces, pues, la senda de mis predicciones, [eso que, si lo hacéis, salvaréis a la ciudad de los cadmeos]. Debes sacrificar a este Meneceo en favor de la patria, a tu propio hijo, ya que tu eres el que invoca al destino.”[57] Creonte niega una y otra vez la lejitimidad de las palabras de Tiresias, lo corre del lugar en donde está, y el adivino, antes de irse señala: “!Sólo Febo debiera dar oráculos a los humanos, él que no tiene temor a ninguno.”[58]
Creonte habla con su hijo Meneceo (960-991) y lo exhorta a que parta a las tierras de Dodona, no importándole la suerte que pueda correr Tebas. No obstannte, después de que Creonte sale de escena, Meneceo recapacita y se dirige al coro (932-1019): “… me voy, y sacrificándome sobre la cuesta de la muralla, derramaré mi sangre sobre el recinto cavernoso consagrado al augur, liberaré al país. Queda dicho mi pensamiento.”[59]
Luego, de 1020 a 1066 el coro agradece el sacrificio que llevará a cabo Meneceo y se alegra porque la mancha que pesa sobre Tebas pronto será borrada. Posteriormente, de 1067 a 1284 se desarrolla un diálogo entre un mensajero, que acude a informar a Yocasta sobre las novedades del combate. El comunicado del heraldo trata los siguientes puntos:
1.- El sacrificio de Meneceo en una de las murallas de la ciudad (1091-1094).
2.- Las disposición de los guerreros a lo largo de las siete puertas.[60]
3.- De la muerte de Adrasto por el mismísimo rayo de Zeus. [61]
En 1270 sale a escena Atígona, proveniente de palacio, Yocasta le habla de la situación y del peligro inminente que hay de que sus hermanos se maten entre sí. Yocasta, el mensajero y Antígona salen hacia el campo de batalla para impedir el fratricidio.
De 1285 a 1334 participa el coro junto a Creonte, quien lleva el cuerpo de Meneceo en sus brazos. En estas líneas se habla sobre el sacrificio-suicidio del joven hijo de Creonte que salvó a Tebas de la furia de los argivos: “… mi hijo ha caído muriendo por esta tierra, alcanzando un renombre glorioso, pero amargo para mí”.[62]
En 1335 entra un mensajero para darle noticias a Creonte, se inicia una conversación que dura hasta el verso 1479. Una vez más las noticias no dejan de ser trágicas: “Ha muerto tu hermana junto a sus dos hijos”.[63]
Posteriormente, Antígona interactúa con el coro en una serie de lamentaciones acerca de los hechos que se han ido dando(1480-1549). “¡Ay de mí, de mí, padre! ¿Quién, griego o bárbaro, que otro de nuestros nobles antepasados, de efímero ser, sufrió de tan grandes desgracias tales visibles penas?[64] Posteriormente Edipo entra a escena y tiene una plática con Antígona (1540-1581), esta le informa sobre la muerte de Eteocles y Polinices; Edipo acepta su destino: “La muerte de mis hijos era una evidente fatalidad….”[65] Creonte se une a ellos (1585) y comienza a hacerle una serie de imputaciones a Edipo:
“El mando de este país me lo confirió tu hijo Eteocles, dándolo como dote matrimonial a Hemón, esposo prometido de tu hija Antígona.
Así, pues, no te voy a permitir vivir en esta tierra en adelante. Pues claramente dijo Tiresias que nunca sería feliz la ciudad mientras tu habitaras en este país”[66]
Más adelante dice:
“… el cadáver de Polinices, arrojadlo sin enterrar fuera de los límites de esta tierra. Para todos los cadmios se dará esta proclama: “Quien quiera que sea apresado en un intento de coronar este cadáver o de cubrirlo de tierra, lo pagará con la muerte, y dejadlo sin llanto ni tumba, para pasto de las aves de rapiña.”[67]
Luego se da un debate entre Antígona y Creonte por las determinaciones que acaba de anunciar:
Creonte: “Estas son decisiones de Eteocles, no mías.
Antígona: Pero insensatas, y tú alocado eres que las aplicas.
Creonte: ¿Cómo? ¿No es justo cumplir encargos recibidos?
Antígona: No, si son malévolos y expresados con ruindad”.[68]
El debate se prolonga hasta 1681, lo más relevante de él es que Antígona niega que se casará con Hemón (1673) y manifiesta su convicción por seguir a Edipo en su destierro (1679). De 1683 hasta 1764 Antígona externa su completo apoyo a su padre; se desarrolla un diálogo con Edipo, entre lamentos y muestras de cariño , ambos personajes parten. Hay un pasaje que resulta muy interesante:
Edipo: “Ve a despedirte de tus compañeras.
Antígona: Hartas están de mis lamentos.
Edipo: Tú con súplicas a los altares…..
Antígona: Están hartos de mis desdichas.”[69]
La tragedia concluye con las siguientes palabras de Edipo: “…¿por qué me lamento y grito en vano? El destino que los dioses le imponen ha de soportar quien es mortal.”[70]
EXÉGESIS COMPARATIVA DE LAS DOS OBRAS.
En Primer lugar debemos comentar que Los siete contra Tebas y Las Fenicias son dos tragedias que nos muestran dos concepciones estéticas de un par de períodos históricos muy cercanos, pero, no sólo eso, sino también la serie de ideas políticas que se tenía en ambos lapsos. Por un lado, vemos que en la tragedia de Esquilo no existe un debate directo y prolongado entre el soberano y su enemigo y hermano. No está tan marcada la argumentación-contraargumentación de las posturas de ambos combatientes. Esquilo da por hecho que las condiciones están dadas de tal suerte que el combate debe llevarse a cabo. En Eurípides vemos que Yocasta intenta persuadir a Eteocles, pero además, también Polinices entra en escena argumentando y exigiendo aquello que le corresponde. Eurípides presenta un panorama psicológico (como en historia lo hará Tucídides) más completo de los personajes, y lo más importante, a cada uno de le da la oportunidad de exponer su perspectiva de la problemática que vive[71]; es el desarrollo de diálogos dentro de Eurípides en donde notamos un mayor número de recursos retóricos para llevar a cabo el intercambio verbal de cada personaje. Quizá este punto se deba a la mayor sofisticación que tuvo la retórica en los días de Eurípides.
En Fenicias existen dos diálogos especialmente relevantes en donde podemos notar con más claridad esto que se señala: en 594-626 Eteocles y Polinices disertan sobre la legitimidad del gobierno que tiene Tebas en ese momento. Eurípides nos muestra que, en realidad Eteocles no tiene otro “argumento” para asumir el gobierno que el poder del que goza. Podemos leer las argumentaciones racionales de su hermano que, en primera instancia, intenta persuadirlo por medio de las palabras. La visión que se tiene sobre Eteocles por ambos trágicos es más o menos la misma, los dos lo consideran como un tirano[72] que gobernará pasando por encima de quien sea. Eurípides y Esquilo no aprueban la acción de Polinices contra Tebas; la diferencia entre ambos dramaturgos, es que el primero se encarga de plantearnos con detenimiento los móviles que llevan a este héroe a atacar a su poliV natal. Vemos que ha sufrido discriminación, no ha disfrutado de la libre expresión de un ciudadano, y, ha experiemntado la indescriptible humillación que un griego sentía al ser desterrado de su ciudad. El otro diálogo que merece señalarse es el que se desarrolla entre 690-873 en donde, Eteocles y Creonte llevan a cabo una conversación que se concatena por medio de conceptos que sirven para cuestionar o desaprobar lo que el interlocutor dice, por tal motivo las flechas en el texto señalan tales vínculos. Aquí, de nuevo, tenemos la presencia de las herramientas propias de la retórica de la época.
En lo que se refiere al desarrollo narrativo de la obra, notemos que Esquilo emplea con más frecuencia al coro, y el contenido religioso de los versos que este canta es mayor que en Eurípides. Esquilo cuenta la historia como producto de un destino ciego que lleva y trae a los personajes. Los participantes de las obras esquileas tienen esbozados caracteres psicológicos con menor precisión. Por su parte, Eurípides se esfuerza por mostrar personajes que siguen un destino ineludible, pero que, se rebelan ante él según su porpia naturaleza. Luego viene la asimilación. Esquilo conserva el dejo religioso tan porpio de las piezas corales arcaicas, en Los siete contra Tebas hay un pasaje muy interesante (42-49) en donde se describe un rito dedicado al dios Ares. Notamos en él mucho de la moral guerrera y arcaica griega que con los siglos cambiará hacia una moral y liturgias más espirituales y esotérico-soteriológicas. Tal vez por eso Tebas limpia su mancha, en Fenicias después de que Meneceo ofrece su vida como sacrificio para lograr la victoria, vemos un rito catártico propio de ciertas religiones griegas de corte mistérico[73].
Es de resaltar también la insistencia por parte de Esquilo para invocar al dios de la guerra. Las poesía contenida en la Edda islandesa contiene mucho de esta concepción castrence de la vida.
Otro punto importante que hay que mencionar es que en ambos poetas encontramos una diferencia sustancial: en Los siete contra Tebas Polinices es el personaje del que se habla, se sabe de sus propósitos por fuentes de segunda mano; por el contrario, en Fenicias, se sabe de Polinices por boca del propio personaje. Esto tiene una relación directa con el esquema político que les tocó vivir a los dos trágicos en sus respectivas épocas.
En Esquilo notamos mayormente la unidad coral, y el papel de las mujeres troyanas como directoras de la acción narrativa. En Fenicias es Yocasta quien se encarga de darnos el prólogo de la obra. A diferencia de Los siete contra Tebas en donde Eteocles se encarga de esbozar las condiciones políticas por las que atraviesa Tebas, no obstante, después de su participación es el coro quien se encarga de dar detalles[74]. En Esquilo el coro es un grupo de tebanas que son inspiradas por los dioses, pero que, no dejan de tener cierta parcialidad en lo que dicen. En Eurípides son un grupo de extranjeras quienes integran el coro, notamos una actitud más humana en ellas, nos exhortan a la reflexión y el cuestionamiento de lo sucedido en Tebas.
Otro detalle en el que debemos detenernos es el destino que corre el cadáver de Polinices. Con Esquilo se le arroja de la ciudad de forma despectiva, por acuerdo del Consejo de Tebas; al final de la tragedia (1073-1077) el coro de tebanas se separa en dos partes, una integra un cortejo fúnebre para Eteocles, el otro sale de Tebas y lleva a Polinices. Esquilo nos cuenta que el cadáver de Polinices fue arrojado a los perros[75] ; con Eurípides la cuestión no cambia, pero se introduce una variante: el castigo que se impondrá a aquellos que intenten sepultar los restos de Polinices. La variante aludida, son las aves de rapiña que se encargarán del cuerpo de quien desafíe las órdenes de Creonte ¿No estaremos ante un castigo menos humillante que con Esquilo? Algo que también debemos señalar, en Esquilo por lo menos, se habla de un cortejo fúnebre para Polinices; por el contrario, en Eurípides la situación es diferente y se intenta humillársele políticamente por todos los medios que se dispone.
Por último, debemos hacer un recuento de los guerreros y puertas que mencionan ambos poetas.
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Puerta / Poeta |
Esquilo |
Eurípides |
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Preto |
Tideo y Anfiarao |
Afiarao[76] |
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Elektra |
Capaneo |
Capaneo |
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Puerta Nueva |
Eteoclo |
Pertenopeo[77] |
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Onca Athenea |
Hipomedonte |
No la menciona con ese nombre |
|
Ogigia |
No la menciona con ese nombre |
Hipomedonte |
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Bóreas |
Partenopeo |
No la menciona con ese nombre |
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Homoloi[78] |
Tideo |
Tideo |
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“Séptima Puerta” |
Eteocles/ Polinices |
Adrasto |
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Crenea |
No la menciona con ese nombre |
Eteocles/ Polinices |
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¿En donde se habrá dado la lucha entre Eteocles y Polinices en Los siete contra Tebas? Podría ser en la stoa Ogigia o en la Crenea. En Eurípides, no aparece la stoa Boreal.
“ Nunca temería yo galas con que guerrero
pueda adornarse. Ni los emblemas producen
heridas. Penachos y badajos no muerden sin
la lanza.”
Esquilo, Los siete contra Tebas, 398-400.
BIBLIOGRAFÍA
1. Esquilo: Tragedias. Gredos. Madrid, 2000. [Traducción de Bernardo Perea Morales].
2. Eurípides: Tragedias, TomoIII. Gredos. Madrid, 2000. [Traducción de Carlos García Gual].
3. Green Richard, Handley Eric: Images of the greek theatre. British Museum Press. London, 1995.
4. Howatson, M.C.: Diccionario de literatura clásica. Alianza. Madrid, 1991.
5. Murray Gilbert: Eurípides y su tiempo. FCE. México, 1966. [Traducción de Alfonso Reyes].
6. Séneca, Tragedias, Volumen I. UNAM. México, 1998. [Edición bilingüe latín-español, traducción de Germán Viveros].
[1] Escrito en la última quincena de mayo de 2002.
[2] Existe una tercera versión de la historia : Troyanas, escrita por Séneca, siglos después de Eurípides. El texto latino no tiene ni el toque trágico ni la participación coral de las piezas griegas. Los personajes que participan en la obra de Séneca son: Edipo, Antígona, Yocasta, un guardián, Polinices y Eteocles. Se puede encontrar una buena versión de la obra en edición bilingüe latín-español hecha por Germán Viveros. (Séneca, Tragedias, Volumen I. UNAM. México, 1998).
[3] 33 -37.
[4] 42-49.
[5] 72-75.
[6] 104-105.
[7] 135-137.
[8] 169-170. -En realidad esta última frase se refiere a la cuestión dialectal de la Hélade, en Tebas, ciudad que pertenecía a la región conocida como Boecia se hablaba el dialecto Eólico con una cierta mezcla del dialecto ático. Por su parte, Argos, ciudad perteneciente a la región de Arcadia, hablaba el dialecto conocido como dórico. A pesar de poseer variantes mínimas en la prosodia, desinencia y conjugación verbal, ambos tipos de griego son denominados por el coro como distintos. Para localizar los lugares señalados consúltese el mapa que se incluye al final del texto.
[9] 184-186.
[10] 189-191.
[11] 218-219.
[12] 223-225.
[13] 230-233.
[14] 261-263.
[15] Murray señala lo siguiente respecto al mensajero de las tragedias griegas: “…. El Mensajero y su discurso. Tal vez fuera un elemento ritual. En todo caso, era algo ya esperado. Y era- y todavía lo es- algo muy dramático y eficaz.” p. 176 “El discurso del Mensajero no sólo ha de ser un buen relato, sino que hay que prepararlo y solicitarlo hasta el instante preciso, de suerte que estemos ya deseándolo.” p. 169.
[16] Este es un pasaje interesante para nuestro estudio, dado que aquí se mencionan los nombres de los guerreros y las puertas en las que se encuentran apostados: Tideo, asesorado por el adivino Anfiarao, cubre la puerta de Preto (377), el contrincante de este guerrero fue Ástaco (409). Capaneo, quien atacaba la puerta Electra (424) y era combatido por Polifantes (449). Eteoclo tenía a su cargo la Puerta Nueva (459-460) y Mefareo fue designado para contrarestarlo (474-475). Hipomedonte se encargó del ataque de la stoa Onca-Athenea (487) e Hiperbio fue destinado para combatirlo (504). Al Norte, en la puerta Bóreas ha sido colocado Partenopeo (526-544) y Áctor tuvo la misión de combatirlo (555). La stoa Homoloi (consagrada a Zeus) fue encargada a Tideo para atacarla (570-572) y Lástenes se dispuso a detenerlo (621). Por último, la Séptima Puerta, cuyo nombre no es mencionado por Esquilo, fue testigo mudo de la lucha entre Eteocles y Polinices (631-635).
[17] 681-684.
[18] 698-701.
[19] 716-718.
[20] 759-766.
[21] 809-812.
[22] 791-819.
[23] 941-946.
[24] 1001
[25] 1018-1020.
[26] 1027-1031.
[27] Texto que no ha llegado hasta nuestros días.
[28] 84-87.
[29] 112-115.
[30] Se mencionan los nombres de Hipomedonte (126), Tideo (133), Partenopeo (150) y Anfiarao (174)
[31] 88-201.
[32] El siguiente pasaje justifica el nombre de la pieza: “Fenicia es la tierra que me crió, y los hijos de Agenor me enviaron aquí como ofrenda escogida del botín de guerra de Febo. Estaba a punto de reunirme el ilustre bástago de Edipo hacia el venerable oráculo y altar de Laxias, y en este momento asediaron los argivos la ciudad.” (286-288)
[33] 203-260.
[34] 269-275.
[35] 261-301.
[36] ¿Una forma cortés de llamarles “bárbaras”?
[37] 316-325.
[38] 339-349.
[39] 350-354.
[40] 387-388.
[41] 392.
[42] 397-398.
[43] 402-405.
[44] Se refiere a la boda con la hija de Adrasto, Argía. Adrasto era hijo de Tálao y Lisímaca; nació en Argos. Conforme fueron pasando los años fue adquiriendo enemistades con una rama de la familia real, debido a tales conflictos , sale de su ciudad natal y se exilia en Sición, de donde consigue ser rey; con el tiempo logra hacer las pases con Argos, de donde también logra ser soberano. Casa a su otra hija, Deífila con Tideo. Parte de los recursos de Adrasto son dedicados a restituir en el poder a sus dos yernos, esto lo hace por seguir el oráculo que le habló sobre la conveniencia de casar a sus hijas con un jabalí y con un león. Cf. 411.
[45] 412-423.
[46] 442
[47] ¿Alguna alusión a los sofistas athenienses de la época?
[48] 470-481.
[49] 518-521.
[50] 584-586.
[51] 601-602.
[52] 624.
[53] 658-665. Este hecho desata la furia del dios de la guerra contra toda la descendencia de Cadmo: Polidoro, Lábdaco, Layo, Edipo, Eteocles y Polinices. Ver apéndice de la estirpe de Edipo.
[54] 722-726.
[55] 757-779.
[56] 814-817.
[57] 912-914. –El sacrificio de Meneceo logrará limpiar la muerte del dragón de Ares. Cf. 930-938.
[58] 958-959.
[59] 1010-1013.
[60] Atacando la puerta Neista estaba Partenopeo (1104-1106), la stoa Prétida atacada por el adivino Anfiarao (1110-1111), la Ogigia estaba sitiada por Hipomedonte (1113-1115), la Homoloida por Tideo (1119). La stoa Crenea era atacada por el propio Polinices (1123-1124). La puerta Elektra era atacada por Capaneo (1129-1130); por último, Adrasto se encargaba de atacar la séptima puerta (1134-1135).
[61] 1173-1187.
[62] 1314-1316.
[63] 1349.
[64] 1509-1514.
[65] 1565-1566.
[66] 1587-1591.
[67] 1628-1635. El subrrayado es mío.
[68] 1647-1655.
[69] 1749-1752.
[70] 1764-1765.
[71] Gilbert comenta al respecto: “….su psicología [ la de los personajes de Eurípides] es de una intachable verdad. No es la psicología del melodrama, cuyo único fin es crear “situaciones”, sino que brota de la observación de la naturaleza humana, y la naturaleza humana no sólo observada, sino penetrada con una simpatía seria y casi reverente, y un deseo infinito de entenderla.” p. 160
[72] En el sentido castellano y no heleno del término.
[73] ¿Tendrá algo que ver la relación que algunos estudiosos hacen entre Eurípides y la religión de los misterios de Eleusis?
[74] Murray hace algunas observaciones sobre el coro trágico, y el euripideo en particular: “La palabra “coro” significa “danza” o “piso de baile”. Ya había tales pisos en Grecia desde antes que llegaran los griegos. Se los ha encontrado entre las ruinas prehistóricas de Creta y las islas egeas. En Homero se habla de las “casas y pisos de baile” que frecuenta El Lucero de la Mañana. ……. La danza antigua no era, como nuestros bailes, algo prendido a la emoción sexual. Era cosa religiosa, era una suerte de plegaria. Consistía en el uso total del cuerpo, de cada movimiento y cada músculo, para expresar algo que brota de aquella emoción para la cual no existen palabras… La danza no implicaba siquiera movimiento. Podía consistir simplemente en mantenerse en una actitud rígida, como cuando Moisés mantiene los brazos en alto durante la batalla contra los amalecitas.” pp. 177-178. “Y las mujeres del Coro, que le están escuchando, tampoco son un auditorio determinado, sino el auditorio propio para recibir los pensamientos más que las palabras.” p. 167
[75] Teresa Martínez Manzano, en su traducción de la Fisiognomia de Pseudo Aristóteles hace un comentario interesante del parágrafo 811b 37: “Al perro no se le atribuyen cualidades como la fidelidad o la sensibilidad sino, al contrario, los de irascibilidad (cf. 811a 32), adulación (811b 37), coraje (cf. 812b 24) e insolencia (cf. 812a 12). No debe olvidarse que en la mitología clásica el perro viene a menudo asociado al reino de los muertos.” P. 66, N. 67. –En época helenística notamos un cambio en la manera en que se ve a los canes, en Vida de Esopo 50, vemos que el autor de la pieza pone en boca de Esopo una comparación entre la esposa y la perra de Janto, amo del fabulista. “…esta, que tu crees que te quiere por menos de nada te está reclamando la dote y quiere abandonarte. Mientras que a la perra, desuéllala, mátala, pégala, échala y no se marchará de tu lado, al contrario, olvidándose del arrebato, volverá a tí meneando el rabo buscará otra vez al amo.”
[76] Nótese que Eurípides coloca solo al adivino Anfiarao.
[77] Eurípides menciona esta puerta como “neista”.
[78] Eurípides la menciona como “Homoloide”.