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LA
CODICIA DE UNOS, LA INSALUD DE OTROS: PERO TODOS Y EL TODO SALIMOS
PERDIENDO.(por José Manuel Escribano. Madrid. Diciembre de 2000)

Está
claro que desde el asunto del aceite de colza hasta el de las vacas locas, es el
afán de obtener el máximo beneficio y el sistema económico individualista en
el que nos movemos el que está creando los desequilibrios que se pueden
apreciar a todos los niveles del organismo social. La relación con el planeta
está cambiando hacia peor, se altera el clima, se talan bosques, desaparecen
especies, se desintegra la capa de ozono y se provoca lluvia ácida. Pero
respecto a lo más necesario e inmediato, a la dieta, la alimentación, también
es palpable lo desastroso del capitalismo, del que la prisa y el querer
resultados rápidos son uña y carne: "Por querer atender a un acelerado
incremento de la dieta cárnica condenamos a los bóvidos, gallináceas y suidos
que comemos a la cárcel. A vivir hacinados, muchas veces encadenados a
pesebres, cuando no de por vida entre barrotes sin siquiera la posibilidad de
girarse sobre si mismos. Para que el beneficio acudiera raudo se pervirtió
también la dosis y los componentes de la alimentación de lo que nos debía
alimentar. Y llegó la traición de obligar a ser, no ya carnívoros, sino en
realidad caníbales a unos animales que llevaban casi 30 millones de años
siendo vegetarianos" (Joaquín Araujo, Priones. El País 6-12-2000).
Comemos
demasiado, lo que significa que consumimos demasiado, compramos demasiadas cosas
inútiles, perjudiciales, en exceso o/y de mala calidad, la comida rápida o las
chucherías, pero también el exceso de carne, o los coches y los teléfonos móviles,
no sólo están destruyendo el planeta, sino que nos están destruyendo a
nosotros mismos, aunque haya muchos que no se dan ni cuenta de su propia
degradación y desintegración: "En resumen, un régimen básicamente carnívoro
se salda con un balance energético final 2.500% mayor que el destinado a un régimen
vegetariano. Más verdura es, por tanto, menos gasto, más equidad y, por
supuesto, mejor salud. Es más, casi todos recordamos aquello de que, si la
humanidad entera viviera como un norteamericano medio, necesitaríamos por lo
menos tres planetas como la Tierra. Pero es que, si todos comiéramos la misma
cantidad de carne que en los países industrializados, nuestro único mundo
debería aumentar unas 50 veces. La locura de las vacas es ridícula si la
comparamos con la de nuestros despropósitos en lo más básico, que sigue
siendo comer para vivir y no devorados por la prisión de la prisa y sus
priones" (ibid.).
Está
claro que lo que unos tienen de más otros lo tienen de menos en un mundo de
recursos limitados. Luego se impone, por la fuerza de la razón, la distribución
igualitaria de los recursos: "El número de obesos ha alcanzado al de
desnutridos por primera vez en la historia: 1.200 millones de personas de los
6.000 que habitan el planeta comen más de lo que necesitan, mientras que una
cantidad idéntica padecen hambre" (Los obesos igualan a los desnutridos.
El País 12-3-2000. Salud). El exceso es tan perjudicial como el defecto y todo
el mundo desarrollado ha olvidado cuál es el término medio: "Mientras el
hambre se cobra vidas en la infancia e impide el desarrollo físico y mental de
millones de niños, el sobrepeso afecta a personas de mediana edad, a las que
les quita muchos años de vida saludable" (Ibid.).
Mientras
el ejemplo a seguir sea el de las mayores necedades de los Estados Unidos de
norteamérica, Europa y el mundo entero continuarán en una dinámica suicida. A
quien le gustan de los Estados Unidos la música comercial, las hamburguesas, la
forma de vestirse y de vivir, la complacencia en la ignorancia engordante y la
obsesión por el individualismo, el capitalismo y las armas de fuego, lo que le
gusta es deteriorarse como ser humano progresivamente; de modo que creyendo
acumular riqueza, sabiduría y salud, lo que acumula es miseria, ignorancia y
enfermedad: "Estados Unidos continúa siendo el país con más obesos.
Entre los estadounidenses es más fácil encontrar a un adulto con sobrepeso que
a uno de talla media: el 55% tienen kilos de más, el 23% están clasificados
oficialmente como obesos y uno de cada cinco niños tiene un peso mayor al
adecuado. Europa no se queda atrás. El porcentaje de obesos se ha duplicado en
la última década" (Ibid.).
Hay
que recuperar la senda de Grecia, que prosiguió en el Renacimiento y la
Ilustración, haciendo una Europa social y con medida o comedida, cuyos ideales
y proyectos sustituyan a los de la globalización generadora de obesos y
desnutridos. En lugar de un mundo dividido entre obesos y desnutridos, ricos y
pobres, urge la creación de un mundo de seres humanos completos e instalados en
el justo medio que, como ya decía Aristóteles, es la virtud o lugar de la
excelencia y del perfeccionamiento humano.