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LOS ESTAMENTOS INTERNACIONALES. (Por Rubén García
Dols, alumno de 2º de bachillerato. IES Carlos Bousoño, Majadahonda. Febrero
de 2002)
Desde los fatídicos acontecimientos acaecidos el
once de septiembre del 2001 en Nueva York, -sobre los que tanto y tanto se ha
debatido últimamente hasta saciar nuestra paciencia, y que yo, una vez más,
vuelvo a tocar-, se ha hablado mucho de la barbarie del régimen talibán y de
sus ideólogos atrasados. La opinión generalizada en este mundo en el que vivo,
el mundo occidental europeo, es la de que existe una necesidad urgente de
democratizar la sociedad árabe y de llegar a un acuerdo con el mundo entero
para establecer un marco ético internacional en el que todas las culturas
puedan convivir en armonía. Pero la mentalidad occidental es mucho más cerrado
de lo que normalmente se cree, o de lo que se quiere creer. Occidente pretende
someter a todos aquellos ajenos a su cultura y organización política a su
propio criterio de lo que es un marco ético ideal, una democratización global,
sin preocuparse en lo más mínimo de los deseos reales de las gentes que viven
en esas otras culturas. A veces suponemos cuáles podrían ser los deseos de
dichas gentes, pero no dejan de ser eso mismo, supuestos. Y suponiendo nos
creemos que ya no tenemos nada más que hacer, que ya está todo listo para
someter al mundo entero bajo nuestras reglas. Nos creemos en posesión de la
verdad absoluta, y por tanto en situación de decirles a todos cómo han de
actuar y pensar.
Es cierto que los países del sur no han mostrado
nunca ningún interés por acordar nada con los países del norte, pero ellos
nunca nos pidieron nuestra opinión acerca de sus valores, nunca pretendieron
unirse a nosotros.
Además, ¿desde cuándo nos preocupamos tanto por el
bienestar del mundo en general? Más bien nos hemos preocupado siempre de
nuestros propios intereses casi exclusivamente, dejándoles a ellos apartados de
todas nuestras decisiones. Pero desde que un grupo de bárbaros talibanes
atacaron el corazón económico y financiero de este mundo que nos hemos
construido a nuestra medida, el miedo ha penetrado en nosotros, como penetró en
los monarcas absolutos europeos cuando el pueblo se sintió injustamente tratado
y se rebeló. Estos, en apariencia, cantos solidarios de intentar llevar a los
ignorantes por el camino de la verdad, no son más que intentos enmascarados de
mantener este mundo a nuestra medida, de seguir velando por nuestros intereses,
de la misma forma que la nobleza y el clero se negaban a aceptar las medidas
exigidas por los menos privilegiados en las sociedades feudales.
Pero lo que más me indigna de todo esto es que a la
cabeza de nuestro proceso evangelizador para mantenernos como hasta ahora, se
encuentre un país como Estados Unidos, tan patriota, siempre reivindicando su
bandera y
el modo de vida americano. ¿Es entonces la sociedad
estadounidense la que debemos tomar como modelo?
Yo no lo creo, yo me niego a tomar como modelo una
sociedad en la que la verdadera cultura se va sustituyendo poco a poco por otra
cultura muy diferente constituida a base de la venta por televisión de aparatos
de gimnasia, películas de cine de bajísima calidad (pero eso sí, con
presupuestos astronómicos), sin hablar de las películas hechas para la
televisión, y de costumbres insanas en todos los sentidos, especialmente el
fanatismo alcohólico por las máquinas tragaperras y una pobrísima alimentación
fundamentada en hamburguesas.
Leía el otro día un artículo en el que el autor
destacaba el hecho de que aparezca la palabra "Dios" en los dólares
americanos, símbolo para él de una sociedad que considera abocados al infierno
a aquellos que no tengan dinero, y a mi entender, además, una falta de respeto
hacia todas las religiones no cristianas ni judaicas (pues se refiere sin duda
al "Dios" de los judeo-cristianos) que conviven en ese país, e
incluso un ataque al derecho de todo ciudadano a ser ateo si le da la santa gana
(valga la expresión).
En otro artículo, en concreto una pequeña
entrevista a un pintor español que vive en Nueva York, este denunciaba el
rechazo a la raza árabe en la ciudad, mencionando el ejemplo de un frutero
musulmán que hacía cada día sus abluciones, y que ahora, "muerto de
miedo", viste a la manera occidental y ha puesto la bandera estadounidense
en su puerta.
Bajo mi punto de vista el mundo está dividido en
estamentos
internacionales. El más privilegiado sería Estados
Unidos, el más rico y poderoso. Le
seguiría Europa, alabadora de las decisiones estadounidenses mientras se siga
manteniendo en la cómoda posición en la que ha estado hasta ahora, y por último,
lo que podriamos comparar con lo que los franceses denominaban Tercer Estado,
serían precisamente los países denominados del Tercer Mundo.
Quisiera, para terminar, mencionar un ejemplo de la
alabanza europea a las decisiones de Estados Unidos, y es la que recibió cuando
decidió bombardear Afganistán tras el atentado terrorista a las Torres
Gemelas. No es que yo critique la decisión de Estados Unidos de atacar Afganistán,
no voy a entrar en ese terreno, es solo que me pregunto, ¿qué es lo que
ocurriría si el gobierno español decidiera atacar en el País Vasco centros
del terrorismo etarra? Sin embargo, España apoya a Estados Unidos, y nuestro
presidente del gobierno lo califica como "un acto de legítimo
defensa".
Sólo me queda afirmar, con toda seguridad, que
mientras el mundo se siga rigiendo por el egoísmo y la ambición elitista e
intolerante de algunos gobiernos, (por no decir de todos), la mejora perseguida
será del todo imposible.