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Humanidad en vilo. La ética de la responsabilidad en el momento geopolítico actual

 

M. Begoña Collantes-Sampedro


 

«¿Tras las dos Guerras Mundiales del pasado siglo XX la humanidad ha aprendido algo? Un gran especialista sobre ética, valores sociales, filosofía y responsabilidad social, el filósofo y médico español Diego Gracia en una de sus conferenciasii nos ofrece algunas pistas para reflexionar juntos.

En sus comienzos, responsable tenía relación con la palabra compromiso público y solemne que a uno le obliga. No seríamos just@s, si no mencionamos a F. Nietzscheiii, un antecedente del siglo XIX que ya nos avisaba casi proféticamente que la moral ha de contar con todos los elementos de la vida, teniendo en cuenta, que el hombre responsable será un hombre autónomo. La razón humana tiene que contener nuestras pasiones, emociones o deseos, pero habrá que aprender a gestionarlas, dirá Nietzsche. Criticando duramente la ética de la culpabilidad, no está de acuerdo en identificar responsabilidad con culpabilidad, esta es la responsabilidad desde el sentido consecuente que comentaremos más adelante. Así acaba el siglo XIX. Comencemos con el XX.

Para hacernos una idea, el término responsabilidad en su acepción no solo jurídica sino ampliada con la obligación moral, se incorpora en el diccionario español muy tardíamente en los comienzos del s. XX, en torno a 1925. Anteriormente, se trataba tan solo de una responsabilidad consecuente, la responsabilidad era pagar por lo que se había hecho mal, pues versaba sobre una responsabilidad únicamente jurídica y una reflexión posterior al acto. Pero la responsabilidad moral es una responsabilidad antecedente, puesto que la responsabilidad está en la misma decisión que tomamos. Al cambiar el contenido semántico del término responsabilidad, «yo» seré el que decide lo más adecuado posible y seré responsable de las decisiones que tomo: «yo me lo exijo».

A partir de aquí la «ética de la responsabilidad» jugará un importante papel en el pensamiento del s. XX, el drama de este siglo provoca el cambio en algunos de los modos de considerar la responsabilidad. La desilusión y el sufrimiento de este siglo serán el telón de fondo para el pensamiento del sociólogo alemán Max Weber quién marcará un antes y un después en esta cuestión. Pero es su contemporáneo, el filósofo alemán Edmund Husserl, interesado en cuestiones similares, quién desde el ámbito filosófico desarrollará esta idea a lo largo de toda su vida. Es importante tener en cuenta, que este será un siglo que marcará el concepto de responsabilidad en la humanidad. La crisis de un siglo que viene a demostrar que el modo positivista de ver el mundo ha fallado, que no es posible reducir todo a ciencia y se necesita algo más. Husserl dando respuesta a esta necesidad, propone la «fenomenología trascendental», ese mundo de la verdad y el mundo de los valores que exige su realización plena.

El profesor Gracia señala cómo para Husserl la comprensión del sentido en la forma del ver el mundo es fundamental, y para estudiarlo pone a punto el método llamado la fenomenología o ciencia del fenómeno. Un método filosófico que busca el acto primario, un lugar firme para sustentar la verdad que encontrará en el acto de darse cuenta. De ahí partirá en busca de un saber verdadero de la realidad. En esa descripción, Husserl encuentra varias cuestiones. Por un lado, pone entre paréntesis –epojé–, las teorías, los juicios previos, las explicaciones, para describir el fenómeno con la máxima pureza desde ese acto primario ­–la intuición, el ver–. Pero para entender la cuestión de los valores y la responsabilidad hemos de atender a los polos de la conciencia que Gracia nos señala. Ese acto de darse cuenta es un acto intencional. Pero habría que añadir, que mi conciencia tiene dos polos, la conciencia que se da cuenta, que toma la iniciativa, yo, el que conozco que se dirige –noesis– al objeto que actualiza y entiende intencionalmente, y el objeto –noema–, aquello que aparece en el acto de la noesis. Tenemos que considerar que hay dimensiones de la realidad con unos noemas específicos. Hay noemas actualizadas por mi relación emocional con las cosas, y es aquí donde se encuentran los valores. Unos valores que para Husserl son objetivos. Por otro lado, hay tres tipos de intencionalidad, y como consecuencia de ello, hay tres tipos de noemas: axiológicos, lógicos y prácticos. Husserl estudiará los noemas lógicos o de la verdad y también la ciencia de los valores o axiología, para finalmente volcarse en los noemas prácticos, en el hacer ética, es decir, qué se debe de hacer o cómo debe ser la vida. La función de un filósofo no sólo es para Husserl conocer la verdad o los valores, sino reflexionar cómo debe ser el mundo. Los valores serían pues esencias ideales, tienen una finalidad –o telos– que lleva a la conciencia a realizarlos. La belleza, la justicia o la verdad pueden y deben realizarse lo más posible. Eso es lo que puede salvar a Europa pensaba Husserl.

Frente a la idea de responsabilidad del sociólogo Weber, que excluye cualquier valoración –neutralidad de las ciencias del espíritu–, Husserl da un giro a tal expresión, pues ve a la filosofía como una ciencia rigurosa, un saber profundamente comprometido con la verdad, y por ello, la Ética de la responsabilidad será un intento de hacer posible la realización de los valores en la realidad del mundo, por más que nunca se puedan realizar del todo –pues conllevan siempre una idealidad–. La ética trata justamente de lo que debe ser, de hacer real lo que no es real pero es una obligación realizar. Husserl habla de la responsabilidad del filósofo como funcionario de la humanidad, pero también de una responsabilidad que se hace universal, realizar los valores que no se han realizado es responsabilidad de toda la humanidad, es una tarea y una obligación continua. Esta dimensión es la práxica, es la dimensión práctica, la ética de la responsabilidad. La ética, la moral consiste en el intento de hacer posible la realización de los valores

Lo paradójico, es que su realización, la realización de los noemas, supone suprimir la epojé –ese poner entre paréntesis aquellas explicaciones o teorías de las que hablábamos al comienzo–, porque éstas han de ponerse en práctica –una discusión abierta aún en nuestros días–. El fenomenólogo Max Scheller, discípulo de Husserl, elabora una ética axiológica. Analiza el mundo de las emociones por la vía fenomenológica, excluyendo la epojé de la realidad. Scheler hablará de sentimientos intencionales donde la conciencia toma la iniciativa. Actos intencionales que nos permiten descubrir valores objetivos, un modo de descubrir dimensiones objetivas de la realidad. La conciencia se actualiza por los sentidos, pero también por la vía emocional. La ética para Scheler es la realización de los valores extramorales. Los valores son noemas ideales absolutos, pero su realización histórica no es absoluta, su percepción no es igual en todas las épocas. Vamos descubriendo y realizándolos en la historia, incluso hay épocas que son ciegas y no ven ciertos valores –o éstos se ven de otra manera–, esta es la llamada «ceguera axiológica». En el Ethos histórico de Scheler –el carácter, los ideales y creencias rectoras–, los valores son relativos y condicionan nuestras decisiones. Un contexto desde donde los individuos perciben, realizan valores y se toman decisiones morales. «Yo soy responsable de mis actos intencionales pero la responsabilidad es también colectiva». Es importante señalar, que parece haber un principio de jerarquía o elevación en los valores, si lesionamos los valores más fuertes, como la vida, se cae el resto. Así, otro filósofo, Nicolai Hartmann añade otra característica, el principio de la fuerza de los valores, y la idea de antinomia axiológica, por la que los valores entran en conflicto. Un conflicto de valores de difícil resolución porque depende de cada decisión.

Así pues, hemos visto que desde el mismo epicentro del desastre del s. XX, se nos ofrecen valiosas reflexiones sobre la ética de la responsabilidad y la co-responsabilidad en los valores. Parece hacerse patente que la ética de la responsabilidad surge con mayor fuerza en momentos históricos extremadamente delicados. Como si la ética misma fuera un valor que ha de conquistarse en las distintas etapas históricas, que se hace presente para ponerse en práctica en los momentos de urgente necesidadiv, porque es buscada como el náufrago busca un tronco a la deriva en el mar. Y como en un tiempo cíclico, llegados al siglo XXI, su relevancia se hace imperiosa en esta humanidad en vilo como «aviso a navegantes» en el momento geopolítico actual. Pero recordemos que no puede haber dos situaciones idénticas, cabe dar cuenta no solo de la multiplicidad de lo real, también de la comprensión de sus rasgos específicos. Desde mi punto de vista, que el pasado se convierta en destino –como esa piedra que nos hace caer varias veces­–, quizá dependa de esa reactualización de los valores que nos señalaba desde la fenomenología el profesor Gracia, pero también de la responsabilidad personal como latido de nuestros actos, palabras o pensamientos.
 



NOTAS

i Con esta imagen quiero rendir homenaje a un libro icono de la ética en nuestro país: “La aventura de la moralidad”, que no puedo más que recomendar. Sobran las palabras al hablar de sus autores: Javier Muguerza y Carlos Gómez.

ii D. Gracia Guillén: www.canal.march.es

iii En el ídolo de los dioses y Genealogía de la moral, F. Nietzsche, nos ofrece sus ideas de voluntad y responsabilidad

iv No será difícil encontrar los innumerables trabajos e investigaciones sobre bioética y vulnerabilidad, del profesor español T. Domingo Moratalla.


 

 

 

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