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Filosofía para una nieta (por Manuel Rojo. Febrero de 2002)
( Pulsar aquí para ver la réplica de Simón Royo-de La Caverna de Platón)
"Para que la Filosofía
influya en la vida, es preciso vivirla y amarla".
Goethe.
Según los griegos, Filosofía era Amor a la Sabiduría.
Los que vamos por la vida amando el pensamiento y el cavilar del hombre
en todo lo que le intriga y le desconcierta, no sabemos cuándo filosofamos o
cuando pensamos; solo sabemos que a veces nos pone triste esta actuación
nuestra y otras nos llena de satisfacción el hecho de "compartir"
nuestras ideas con algunos de los acreditados como filósofos.
Nos da cierto reparo confesarnos filósofos; nos parece una pretensión
excesiva. Sobre todo a los que no hemos estudiado Filosofía. En una ocasión en
que me dirigí a una nieta mía (1) dándomelas de entendido, le dije que filósofo
era todo aquél que se planteara una pregunta y que filosofar es preguntar,
querer saber.
En mi artículo dirigido a esa nieta, y que yo titulé pomposamente
Filosofía para una Nieta, le dije varias cosas que difícilmente podría
mantener ante un filósofo.
Hoy me planteo esta cuestión para mi y me pregunto cuándo se puede
considerar alguien como filósofo.
- ¿Cuando ha estudiado la historia de la filosofía?
- ¿Cuando conoce los nombres y los principios de la distintas escuelas?
- ¿Cuando es capaz de mantener ante los entendidos cuáles eran las
ideas de los distintos pensadores que están clasificados como filósofos?
Los que somos asiduos lectores de las ideas que se expresan bajo la
denominación de Filosofía y no podemos responder a ninguna de las preguntas
mencionadas y a muchas otras nos sentimos un poco desconcertados. Creo que nos
podríamos encuadrar bajo el título de "aficionados". Existen muchas
aficiones que incluyen en su marco a verdaderos "vocacionales" pero
que no cumplen con las normas que deben de respaldar a los que son
"profesionales". En una ocasión escribí un artículo en el que hacia
la defensa del Aficionado a la Astronomía; así lo titulé y me lo publicaron
en la agrupación a la que yo pertenecía. Como no existen agrupaciones de
aficionados a la Filosofía, no puedo dirigirme a ella para luchar por un
modesto título de este tipo. Solo podemos decir que estamos
"interesados" en el tema.
Pero a los que somos simples aficionados nos conmueven algunos pensadores
y hasta nos sentimos identificados con sus ideas; a veces las hemos
experimentado antes de leerlas y recibimos una confirmación a este sentir. Nos
sentimos satisfechos de compartir camino con los pensadores. A algunos de ellos
los hemos sentido profundamente, a otros le hemos dado de lado porque sus ideas
no nos han transmitido nada más que sueño o pesadez, ¿pero no les ha ocurrido
lo mismo a los pensadores "oficiales" con ciertos autores? Conocemos
las discrepancias e incluso la repugnancia de unos filósofos con otros. ¿Por
qué no iba a ocurrir los mismo con nosotros?
No obstante no nos atrevemos a confesarnos filósofos, e incluso sentimos
el temor a ser rechazados por el "gremio". Podemos estar satisfechos
de haber leído muchas obras, también de tener nuestros pensadores favoritos y
estar atraidos por todo lo que sea el pensar. Tal vez no seamos capaces de hacer
un resumen final de la línea de una escuela determinada, ¿pero quita esto algo
a la interpretación de una idea?
¿Cuál es la diferencia entre "ser" filósofo y
"sentir" la filosofía?
Pienso que el hecho de dar citas y nombres no es superior al de razonar y
entender unas ideas. Creo que dentro de los filósofos algunos escogieron unos
caminos equivocados; a estos se les deberia de eliminar de la "lista"
de los profesionales. ¿O se les mantiene porque en su época fue aceptado su
"error"? El pensamiento filosófico no debería de admitir dogmas de
ningún tipo; eso solo entra en el terreno religioso, que es lo único que lo
mantiene. Las ideas filosóficas deben ser sinceras y razonadas, aunque la razón
se pierda entre las dudas, pero no entre los dogmas.
Los que no nos consideramos filósofos, tenemos ese sentimiento a causa
de no poder mantener ninguna teoría ni ser capaces de defender una escuela
determinada, pero pensamos, ¿quién está seguro de ninguna de ellas? Creo que
"todos" nos mantenemos firmes en las dudas más acreditadas; luego
llegados a un nivel, podemos decir que "profesionales o no", solo
somos lo que decían los griegos: Amantes de la Sabiduría y que para ser
amantes no se precisa título.
Puede que sea necesario título para ser "profesor" de Filosofía,
porque él sí precisa de saber fechas, nombres y escuelas para formar a los que
van a iniciar el camino para después "aprender" a filosofar
oficialmente. Una cosa es dirgirse a unos alumnos o a un público y otra es
"sentarse" a pensar en lo que es la vida; para "devanarse los
sesos" solo es necesario no comprender qué es lo que nos pasa desde que
nacemos hasta que nos marchamos. Cuando un ser humano se encierra en su
pensamiento y se cuestiona todo lo que le hace dudar se puede considerar filósofo.
Si además de todo esto conoce la historia de la Filosofía podrá ahorrarse de
pasar por el camino de los equivocados. ¿Pero quienes son los no equivocados en
este terreno?
En esto como en muchas otras cuestiones, son las dudas las que nos
distinguen y a esas son los sentimientos las que le dan salida. Partiendo de
ellas creo que el mejor título para el que ha escogido este camino es
declararse "inquietos del pensamiento"; así no llegaremos al amor a
la sabiduría, sino al desconcierto.
"El estóico, el platónico, el epicúreo, todos tienen que dar
cuenta del mundo a su modo; no es otra, en efecto, la misión de la vida, de la
que nadie, cualquiera que sea su escuela, se ve dispensado".
Goethe.
(1) El que haya tenido paciencia
para llegar hasta aquí, necesitará mucha más para leer la carta que le dirigí
a mi nieta. Es la que sigue:
FILOSOFÍA PARA UNA NIETA.
Hoy me enteré que habías tropezado con un tema de filosofía.
No me extraña, lo esperaba, y te garantizo que yo también habría
tropezado con lo mismo. Es lógico y tiene que ser así; no es tuya la culpa ni
de tu profesor, es de la Filosofía.
Pero no creas por eso que la Filosofía es inútil, ni tan siquiera
desagradable. Yo diría que es bonita, y si no fuera un sacrilegio hablar de
divinidad sobre un asunto que es nuestro, diría que es divina. Voltaire dijo en
una ocasión:
Sí Platón, tú dices la verdad; nuestra alma es inmortal. Un Dios le
habla, un Dios vive en ella.
O sea que si la Filosofía busca la verdad y nuestra alma es una verdad
inmortal, debe ser divina; luego la Filosofía, que es la herramienta que usamos
para su búsqueda, también tiene que ser divina.
¿Te extraña?, pues no debe extrañarte, es lo más elevado que le puede
ocurrir al ser humano: filosofar.
¿Sabes lo que es filosofar? pues preguntarse por todo. No parar nunca de
buscar.
¡Qué absurdo! preguntarse por todo, cuando no sabemos qué significa
todo.
Pero he tomado un camino que no es el que me proponía; yo quería darte
una explicación de por qué has tropezado, para que no te enfades con tu
profesor, y más aún para que no te enfades contigo misma, que es lo peor que
te puede ocurrir. Tú tienes que estar siempre satisfecha de ti. Si no es así
es que no actúas de acuerdo con tus deseos, y eso no debes hacerlo jamás.
Vamos a dividir el tema en dos:
a.- Una cosa es filosofar, o sea pensar y dudar.
b.- Otra muy distinta es aprender Filosofía.
En principio podrá parecerte que es lo mismo, pero no es así en mi
opinión. Todas las cosas las vemos en nuestra opinión, creo que no podemos
hacerlo de otro modo.
Como dice el refrán que “el mal camino pasarlo pronto”, voy a
comenzar con lo más feo; o sea aprender Filosofía.
Hay que aprender Filosofía, lo mismo que aprendemos a montar en
bicicleta; a base de caídas, tropiezos y golpes.
¿Que no es agradable? ya lo sé, pero cuando has aprendido a manejar la
“bici” todo marcha “sobre ruedas”, y cuando caminas no te das cuenta de
que lo haces, y no te caes.
Lo feo de aprender Filosofía es que tienes que conocer las tonterías
que pensaron algunos, pero si no las conoces corres el riesgo de pensarlas tú y
caer en los mismos errores. Hasta la época de Galileo, los astrónomos que seguían
a Aristóteles creían que todo lo que había en el cielo, de la Luna para
arriba, era incorruptible e inmutable. A partir de Laplace, ningún astrónomo
respetable sostuvo esa opinión. Esto solo es un ejemplo.
Muchos filósofos que fueron “sabios” en su época, cometieron
errores que pasaron a los que les siguieron. Si tú te enteras de eso, cuando
leas algo de los conocidos, lo harás con prudencia.
De la misma forma tendrás que aprender nombres, fechas y escuelas de los
que dejaron huella, para saber los caminos que ellos recorrieron. Eso te evitará
muchos pasos inútiles y también te inclinará a seguir a aquellos que fueron más
sabios o más sensatos. Cuando te encuentres con los que están más en
“sintonía” contigo y con tu época, te llevarás una gran alegría. El
sentirnos identificados es algo así como estar enamorados de algo o de
“alguien”; quizás esto último lo entiendas mejor y es que los viejos
sabemos poner ejemplos.
Quiero resumir: la parte fea será la que te enseñe a conocer y por lo
tanto a eliminar muchas cosas para ganar tiempo. No niego que es antipática, lo
acepto. Yo no la pude aprender y hoy me pesa, porque tengo que ir pasando por lo
que vale y por lo que ya no tiene valor alguno. O sea, leyendo a algunos inútiles.
Por ahora le han colocado unas ruedas pequeñas a tu “bici” que te
entorpecen y no puedes correr. Pero cuando se las puedas quitar “sentirás”
que vas segura y libre, sin las trabas de alguien que te frena en tu iniciativa.
No quiero extenderme más en la parte fea y antipática. Entre otras
cosas porque sé que no me vas a escuchar. Si uno “se pasa” puede ocurrir
eso que dice la copla:
“Tú me estás oyendo hablar,
como oyen las paredes:
oyendo sin escuchar”.
Vamos a tocar algo de la parte bonita; la que yo disfruto ahora por
propia iniciativa. Te quiero hablar de una amigo mío; se llama Séneca
Una madrugada, después de haber “escuchado” sus palabras, le escribí
una carta y me arrogué la fantasía de haber hablado con él.
Fue lo siguiente:
CHARLAS CON SÉNECA.
Comienzo con una frase que me gustó mucho cuando la leí por primera
vez. Es una forma de simplificar todo lo que he pretendido decir antes, aunque
tal vez no lo haya conseguido.
Todo lo bueno ha sido ya pensado. Conviene intentar volver a pensarlo.
Goethe.
Esta madrugada he hablado con Séneca.
Es maravilloso poder hablar con una persona que vivió hace dos mil años.
Esta posibilidad está alcance del que disfruta de la lectura. Leer es
"oír" el pensamiento de otros.
Decía algunas cosas que llegaron a conmoverme.
Él se dirigía a Lucilio, pero eso no tiene importancia. Lucilio eres tú,
soy yo, y lo es cualquiera que sepa comprender sus palabras. Todo el que quiera
escuchar la voz de Séneca se puede considerar Lucilio.
No se oía la voz de Séneca; solo se "oía" su pensamiento. ¡Y
cómo resonaba!
Retumbaba dentro de mi cabeza y el eco llegaba al corazón y lo hacía
estremecerse. Qué potencia de voz. Después de dos mil años suena con más
fuerza que la mayoría de los que pasaron desde entonces hasta hoy. Posiblemente
pasarán muchos milenios sin que algunos sean capaces de superar la potencia de
su sentir y su pensar.
No me atrevía a contestar. Casi no podía pensar; solo escuchaba. Para
escuchar mejor, a veces contenía la respiración.
Sus palabras sonaban con la grandiosidad del que se dirige a la humanidad
entera. Él llamaba a Lucilio, pero sabía que durante siglos lo escucharíamos
muchos con el recogimiento que se oyen las palabras que tienen un significado,
las palabras que tienen valor.
No es lo mismo hablar que definir a la vida y al hombre. Y él decía más,
mucho más. Decía lo que el hombre "debe" ser, no lo que es.
Durante la madrugada, "viví" varios siglos de la mano de Séneca.
No es posible resumir sus palabras, no es posible expresar sus ideas como
el que muestra una obra genial.
Fidias resumió la belleza o la grandeza de su inspiración en cualquiera
de sus obras. Miguel Angel lo mismo. Pero no se pueden mostrar en un museo unos
libros. En este terreno cada cual tiene que "hablar" con el autor y
levantar un monumento dentro de su alma. Y ese monumento será tan grande como
su imaginación se lo permita. Es un monumento vivo y tiene que resucitar en la
mente de cada uno cuando comprenda el alcance de lo que allí se describe. No se
puede abrir el libro y esperar que brote de él la vida que allí está
encerrada. Hay que meterlo en la mente a través de "las ventanas del
alma", como le llamó un poeta a los ojos. Desde dentro veremos aquella
obra cuando nuestra capacidad nos lo permita.
A veces sentimos que no hay espacio suficiente, que tenemos que tomarlo
en pequeñas dosis.
Esta madrugada sentía que tenía que descansar de vez en cuando. El
libro se "moría" a ratos. Yo volvía de nuevo cada vez que recuperaba
las fuerzas y lo encontraba esperándome. Un libro nunca te obliga, espera
pacientemente un día, dos, tres; y
cuando volvemos siempre está dispuesto a continuar la charla. No hay que
disculparse.
Séneca no tenía prisa; él sabía que yo volvería. Pero no era solo
ayer, hace dos mil años él sabía que yo, lo mismo que todos los lucilios del
mundo, volveríamos a escuchar sus palabras. Él habló para todos y para todas
las épocas. Y estuvo hablando hasta el último momento de su vida. Cuando Nerón
le mandó quitarse la vida, se cortó las venas. Y mientras se desangraba
continuó dictando sus cartas. Lo hizo sabiendo que sus palabras eran
necesarias. Los demás las necesitábamos; él las tenía dentro y no quiso llevárselas.
Fueron saliendo lo mismo que su sangre; ambas eran vida. Una del cuerpo y otra
del alma. La vida se la habían pedido; sus palabras, las regaló. ¿Para qué
las necesitaba ya?
Ese regalo suyo está disponible para todo el que quiera tomarlo. Además
no se agota, es inmenso.
¿Habla él o es una voz que expresa el pensamiento de todos?
¿Por qué la capacidad de expresar la belleza y la verdad son solo el
privilegio de algunos?
Sus palabras suenan mejor en la madrugada. Espero que llegue la noche
para continuar la conversación. Parece que es necesario escuchar su voz en el
silencio y la soledad. Durante el día parece que se va a manchar con la rutina
y la mediocridad. Lo mismo que el que reza a su dios, se recoge y busca un lugar
adecuado para hacerlo, se siente un respeto y un sentimiento místico para oír
sus palabras.
Esta noche y muchas otras volveré a abrir el libro, oiré su voz, y
cerraré los ojos para meditar sus palabras. Cada vez que cierre los ojos, se
hará el silencio. Cuando se me agoten sus ideas dejaré de nuevo que entre otro
chorro de sentimientos, y volveré a cerrar los ojos; porque no se puede andar
por el mundo del pensamiento al paso de los genios.
Si hace dos mil años él supo expresar ideas que fueron válidas
entonces, que lo han sido después y que lo seguirán siendo, ¿es solo debido a
su capacidad, o es que "ese pensamiento" que es universal, lo utilizó a él como medio?
Los demás no somos capaces de captar tanta grandiosidad como no sea a
través de sus palabras.
Su voz, pese a ser potente, es amable. No da órdenes, da consejos.
Habla de todo: de la amistad, de la esperanza, de la vida y de la muerte,
de la pena, del consuelo, del conocimiento.
¿Lo tenía él todo, de dónde sacó tanto sentimiento, de dónde tanta
verdad?
Hoy nos hablan otros de muchas "verdades", de ideales, de
religiones. Pero apreciamos que tanto él como Platón ya habían hablado de lo
mismo.
Cuando vemos expresadas muchas formas de belleza y observamos que raras
veces se superan algunas de la ideas de aquella época nos preguntamos: ¿ lo
agotaron todo?
Parece como si la voz de la humanidad se hubiera personificado en ellos
para que todos pudiéramos escucharla.
Indudablemente el conocimiento y la sabiduría no llega a todos por
igual.
La carta XLI de las dirigidas a Lucilio se titula "El Dios
interior".
Su época era una de "muchos dioses", pero el se eleva por
encima de todos ellos y dice una frase que le hace acreedor del respeto de
"ese dios" del que nadie tiene pruebas, pero en el que todos creen; o
por lo menos lo desean.
El capítulo está cargado de frases geniales y tomar solo partes de él
es mutilarlo. Habla de cómo, ante la naturaleza, el hombre se sobrecoge, y cree
en algo que no sabe lo que es, pero que lo presiente. Este sentimiento lo
traduce con muy pocas palabras, pero son estas las formas breves que solo
personas geniales saben decir.
En una de las muchas frases dice: En
cada alma virtuosa habita Dios; aunque quién sea Él, es incierto.
Esto lo decía hace dos mil años un individuo que pertenecía a una
sociedad que tenía "muchos dioses". Él supo pasar por encima de
todos, despreció todas las figuras que habían levantado en aquella época y
buscó solo uno.
Hoy, al igual que en otros tiempos, el hombre ha adorado a cientos de
dioses; pero cuando surge un Séneca, éste solo busca a uno, que no tiene
nombre, y que por desgracia no sabe quién es; y que además no tiene la certeza
de que exista. Solo lo busca porque, además de desearlo, ve por todas partes
huellas de él. Todo esto es capaz de decirlo alguien, como él, en muy pocas
palabras
El hombre, mientras mas conoce, mas duda. Mientras mas experiencia tiene,
más inmensa es su soledad.
El que llama ateo al que experimenta esta clase de dudas, es el verdadero
ateo. Porque él adora a un falso dios, se llame como se llame, en su época y
en la parte de la Tierra que le tocara nacer, porque el que se considera
creyente, "aceptó" en su día aquello que le dieron sin tratar de
comprenderlo.
La inquietud natural del hombre es la de buscar. La de buscar y la de
dudar de todo lo que le ofrezcan "como verdadero". Porque certezas no
nos ha dado nunca el que podría hacerlo.
Séneca habla con humildad, pero con grandeza al mismo tiempo. Considera
que el hombre es poca cosa, pero que cuando recibe el pensamiento que le
inspira, se hace grande, tan grande como el que le envía esas ideas.
Dice en otro párrafo, pequeño de tamaño, pero enorme de contenido:
Así como los rayos del Sol tocan la Tierra, pero pertenecen al lugar de
donde proceden, así el alma grande y sagrada, enviada aquí para que conociéramos
más de cerca algunas cosas divinas, ciertamente conversa con nosotros, pero no
se desentiende de su origen; está pendiente de él, a él dirige sus continuas
miradas, hacia allí tiende, e interviene de continuo en nuestras vidas como un
ser superior. ¿Quién es, por lo tanto, ese alma?
Le dice a continuación a Lucilio:
Débete a aquello que no puede darse ni robarse. ¿Me preguntas qué es?
El alma y en ella la razón perfecta. ¿Y qué es esa razón perfecta? Vivir según
la ley de su naturaleza.
La respuesta a esa ley de su naturaleza está definida en toda la obra de
Séneca.
En "De la brevedad de la vida", continua demostrando que el
hombre ha dicho casi todo lo que se puede decir acerca de estos temas que a
todos nos afectan; parece que estamos dando vueltas siempre alrededor de un límite.
Son repeticiones sobre lo mismo, algunas de ellas excelentes; pero repeticiones.
Lo único diferente es que cada uno tiene que descubrirlo de nuevo. Y
cuando lo hace, le parece que ha hecho el descubrimiento más grande de todos
los tiempos: No sabemos lo que somos, ni por qué estamos aquí, ni si hay algo
más que estas ideas que nos acosan. A lo largo de toda la historia del ser
humano no se ha dado ninguna respuesta a nada.
Dice Séneca en su obra que la mayoría de los hombres pasan por la vida
sin plantearse estas dudas y que actúan como si fueran eternos. Y que pierden
el tiempo, nuestro único tesoro, en nimiedades.
Para nosotros, la época de Séneca era la de una sociedad en formación.
Es posible que lo fuera, sobre todo aquella ciencia que iniciaba su camino. Pero
la mente, según la forma de expresarse Séneca, estaba tan formada como hoy. Él
mostró un nivel tan elevado como el que más.
Es digno de leer el capítulo titulado: "Las opiniones de los filósofos
sobre la causa primera". Hace una introducción que no son más que
detalles para llevar al lector hasta la frontera donde comienza "lo no
material". Es difícil captar sus ideas como no sea leyendo el capítulo
entero.
Hay que "meterse" en su descripción; o sea estar libre de
influencias que nos afecten, olvidarnos de nuestros problemas, comprender lo que
quiso decir, más que lo que dijo, porque el lenguaje se queda pobre incluso en
boca de él.
En estas condiciones podremos captar su sentido, pero esto no quiere
decir que seamos capaces de transmitirlo a los demás. Las cosas tiene un valor
"interior", que es difícil de exteriorizar.
Leer y entender a Séneca parece ser una de las cumbres del pensamiento.
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Si lo comprendes y un día te piden que opines sobre Séneca, espero que
si pones algo de sentimiento (suponiendo que él te lo haya inspirado), no te
resultará tan “rollo” como vosotros los jóvenes acostumbráis a decir.
Algunos filósofos son también algo poetas: ser poeta no es “grave”.
Creo que un día te di un artículo mío en el que traté de definirlos; si lo
tienes aún léelo de nuevo para que no te suene mal, porque a continuación te
quiero hablar de dos amigos más, uno de los cuales, además de ser filósofo,
era algo poeta. En sus tiempos le dieron más bien la categoría de literato y
poeta, pero no la de filósofo. Yo considero al poeta de verdad, como a un filósofo.
La única diferencia es que dice las cosas de una forma más bonita. Hay una
frase que define esto de una forma especial:
La Historia cuenta lo que pasó; la poesía, lo que debió pasar.
Ya verás cómo, según quien cuenta la Filosofía, no resulta tan fea.
Pero claro, eso de las fechas, los nombres, las escuelas y los resúmenes, es un
rollo.
Los que más ideas me pasaron sobre lo que es el pensar son los dos que
te voy a “presentar” a continuación; con ellos pasé muchos ratos
agradables de charla. Espero que algún día tú lo hagas también.
DOS NOMBRES.
Bertrand Russell y Hermann Hesse.
¿No has leído sus obras?; no sigas. No entenderás lo que yo digo.
Los que hemos tenido la fortuna de leer mucho de ambos, nos podemos
entender con pocas palabras. Para los demás resultarían casi inútiles todas
las explicaciones.
Ellos fueron dos personas que vivieron.
Cualquiera podría decir: todos vivimos.
No es cierto; no es igual vivir que pasar por la vida. Vivir es conocer
nuestro mundo y las personas que lo forman de la manera que lo hicieron ellos.
Todo lo demás son simulacros o mas bien intentos de vida, vidas incompletas.
A Bertrand Russell, para darlo a conocer habría que hacer un resumen de
sus obras. Es prácticamente imposible. Vivió casi cien años y llevó una vida
muy intensa. Tenía además muchas probabilidades por su posición social y por
la magnífica preparación que recibió para conocer bastante más que otras
personas. Además pasó algunas situaciones duras que le permitieron conocer
también la vida de los que no fueron tan privilegiados como él.
Hermann Hesse, al igual que B. Russell conoció la guerra, en la que pudo
apreciar la crueldad del ser humano. En sus escritos reflejan ambos la amargura
de conocer la violencia y no poder anularla.
También supieron y pudieron apreciar el lado bello de la vida.
H. Hesse pintó la naturaleza, describiendo situaciones y paisajes de tal
manera que se sienten y se viven a través de sus palabras. En sus escritos hay
filosofía y también poesía.
Ambos conocieron al ser humano en toda su profundidad. La claridad de sus
descripciones no dejan ningún rincón del alma sin analizar.
Es difícil reunir en una persona sentimientos y capacidad al mismo
tiempo.
Es casi inútil tratar de describir lo que se puede vivir a través
ellos.
Suena un poco extraño eso de vivir a través de otros. Es revivir a través
de sus obras los acontecimientos que ellos vivieron o sintieron.
Leyendo los cuentos de H. Hesse o Pequeñas alegrías, se tiene la
sensación de estar viendo los paisajes que el vivió o que imaginó. Releyendo
una y mil veces sus Lecturas para Minutos se tiene un resumen de su sabiduría o
de su gran sentido de la vida.
No se qué se puede decir sobre B. Russell sin pecar de omisión. Tiene
ensayos de todo tipo y enumerarlos sería interminable. En una de sus obras
(Misticismo y lógica) que son varios ensayos cortos, hay uno que se titula El
Culto de un Hombre Libre, que hace falta tener sangre de horchata para leerlo
sin sentir emoción. El que sienta la ciencia puede pasear por un campo muy
extenso leyendo La Perspectiva Científica.
El número de obras que dejó supongo que pasó del centenar, pero
desgraciadamente no todas están traducidas al castellano. Yo tengo la fortuna
de tener unas cuarenta.
Para expresar los muchos ratos agradables (y tristes) que he pasado
leyendo sus obras tendría que ir
tomando libro por libro y comentarlos todos. Es admirable encontrar aquella
frase que todos hemos rumiado y que nunca hemos sabido expresar. O la idea que
teníamos sobre cualquier tema y verla ampliada y desarrollada de una manera
inimaginable.
Lo que sí puedo decir es que siempre que he estado solo, tanto en una
noche de insomnio, como en un rincón solitario, he compartido mi vida con la de
ellos a través de sus libros. Es algo difícil de describir.
Vivo mi vida, pero revivo la de ellos.
Su pensamiento se fue con ellos, pero en su obra se perpetuaron, y
mientras existan sus libros y alguien que los interprete, ellos vivirán. El
pensamiento es de todos.
Las obras de arte, de cualquier género, persistirán mientras exista una
mente que sea capaz de recogerlas y
revivirlas. Mientras exista la posibilidad de que alguien pueda poner sus ojos y
su corazón sobre la enorme grandeza que algunas personas supieron plasmar en
sus obras, ellos no desaparecerán del todo. Son pensamientos vivos. Unos
tuvieron la grandeza de crearlos. Otros tenemos la dicha de disfrutarlos.
El que no se estremece ante una obra de este tipo puede decir que no
tiene alma; ya se le ha muerto. O quizás no llegó a nacer.
Vivir es sentir la vida en todas sus formas. Es algo mas que repetir la
rutina de muchos días, y los días que ellos nos brindaron fueron maravillosos;
personas así nos amplían no solo los conocimientos, sino los sentimientos.
La comodidad, la cobardía, o la pereza, son los frenos que impiden que
se viva como se debe. Hay que vivir intensamente, aunque ello nos cueste algo de
riesgo o algún sacrificio.
Hay que estrujar la vida con las manos y con la mente hasta sacarle la última
gota. Da pena ver que pasa todo y
no nos es posible detener el tiempo. Ellos comprimieron muchos años en cada uno
de sus libros y nos permitieron a nosotros ampliar nuestras vidas.
Todo son ataduras, todo son limitaciones. Hay que renunciar a mucho para
conseguir alcanzar unos niveles que nos permitan sentirnos satisfechos.
Queda el consuelo que nos brindan estas personas y, a través de ellos,
traspasar el tiempo y volver a unirnos con aquellos que supieron comprender
tanto.
Poco a poco voy recogiendo pedazos de alma que quedaron
"enganchados" en sus páginas, y los uno a la mía para tener un mundo
mas grande; es una forma de acercarnos a su grandeza.
De cuando en cuando dejo los libros y busco en la naturaleza. Ellos, los
autores de esos libros, me enseñaron que ella fue su escuela en muchas
ocasiones.
Hace pocos días leí un artículo en un periódico que me agradó mucho
y me hizo pensar en esto de encontrar a alguien que te sirva de guía, que te
oriente en algunos momentos. Al final del artículo, en un pequeño párrafo,
decía así:
"Es una suerte haber encontrado alguna vez un maestro, alguien que,
más que a vivir, te enseña cómo tomarte la vida, cómo mirar y habitar el
mundo. Un maestro no te enseña a mirar la vida con sus ojos, los ojos del
maestro: te enseña a mirar el mundo con tus ojos".
Justo Navarro.
Yo le agradecí a J. Navarro esas palabras porque me resumieron esa idea
de agradecimiento que yo tenía por estos dos hombres que tanto me enseñaron y
que yo no había sabido expresar como lo hizo él.
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Hay muchas clases de filósofos (te vuelvo a decir que son opiniones mías;
tómalo con las reservas adecuadas). Yo los clasificaría en antiguos y
modernos, algunos elevados, otros no tanto. También los hay “entendibles” o
insoportables, etc. Pero todos tenían un factor común: querían comprender y
querían aclarar sus dudas. Eso nos pasa a todos, y por lo tanto todos somos filósofos.
Lo que ocurre es que algunos saben expresar lo que sienten y otros nos
desesperamos tratando de decir que nos duele “eso” que hay dentro y que unos
llaman alma y otros mente. Se puede decir que lo que nos duele es el corazón de
tanto preguntar.
(Otra tontería mía, pero como es “mi” opinión, yo la respeto).
Hay muchas formas de tomarse la vida, pero todo es filosofía. Hay muchos
filósofos; me refiero a los que escriben, pero todos somos filósofos; algunos
tan malos como tu abuelo. Uno bastante moderno se llama F. Savater, tengo varios
libros suyos, pero te recomiendo uno que se llama “Ética para Amador”;
Amador es un hijo suyo y él le escribió esa “carta” para que se enterara
lo que es la ética.
No vayas a creer que los antiguos pensaban menos, ¡qué va! Lo hacían
tan bien que sus ideas prevalecen aún hoy, y eso que han transcurrido más de
dos o tres mil años. Tienen que pasar muchos miles de años para que superemos
sus ideas. Solo nos diferencia la ropa y algunos inventos, pero por dentro nada.
Sus conocimientos nos sirven para darnos cuenta de que solo debemos de
estar orgullosos de lo que somos, no de lo que tenemos. Lo que tenemos solo
depende de unas circunstancias. Los chinos que siempre demuestran bastante
sabiduría dicen sobre esto:
De tí solo vale aquello que puedes salvar en un naufragio.
Un consejo: no te preocupes de la parte fea de la Filosofía, verás cómo
después te alegras.
Un beso de tu abuelo y otro de Séneca.
( Pulsar aquí para ver la réplica de Simón Royo-de La Caverna de Platón)