Por: Jorge Ordóñez-burgos[1]
“…. si los médicos no tuviesen sotanas y mulas,
y los doctores, bonetes cuadrados y togas
demasiado amplias de cuatro partes, nunca
hubieran engañado al mundo, que no puede
resistirse a esa muestra tan auténtica de sapiencia.
Si ellos poseyeran la verdadera justicia, y los
médicos el verdadero arte de curar, no tendrían
que usar bonetes cuadrados; la majestad de esas
ciencias sería bastante venerable por sí misma.
Pero no teniendo más que ciencias imaginarias,
es preciso que utilicen esos vanos instrumentos
que impresionan la imaginación, de la cual se
ocupan; y por ello, en efecto, se atraen respeto”.
Blaise Pascal
Pensamientos, II, 2.
El filosofar es una actitud ante la vida, cuando comienza a desviarse por otros rumbos, en ese preciso momento, es cuando pierde toda esencia. El filosofar no tiene fines mercadotécnicos; con las siguientes frases, no quiero autoconstituirme como una autoridad o como un sabio, simplemente expreso mi sentir como filósofo que vive en una época de decadencia integral, a la cual, no ha escapado mi oficio. Igualmente, plasmo mucho de lo que mis grandes Maestros han tenido a bien enseñarme con su forma de vivir.
II. Erudición y sabiduría no son sinónimos, no obstante, la primera puede maquillarse para que parezca la segunda. Este tipo de simulación sería afortunado si se cumpliera en ciertos sitios donde se dice se enseña filosofía. El colmo de la caricaturización es cuando pobres diablos intentan hacerse pasar por eruditos ¿copia de la copia?
III. En toda tertulia siempre hace falta el sabihondo que cite pasajes de autores que nadie conoce, que mencione anécdotas de personajes célebres o que haga bromas comprensibles sólo para unos “cuantos”. Muchas veces los “filósofos” se sienten llamados a ocupar este papel (Menschenbeifal?), llamados por los dioses para sorprender a los invitados a las tertulias. Sagrada función. Quizá el trabajo de un bufón resulte más digno.
IV. Característica inconfundible del bufón: cada una de sus palabras, cada actitud y cada gesto, son considerados por él como susceptibles de pasar a la posteridad. El bufón busca el aplauso, el filósofo y el sabio la Verdad.
V. No te preocupes si Demósthenes, Vasconcelos, Platón, von Herder, Fichte, Aristóteles o tantos otros fueron educadores de sus pueblos. Duerme tranquilo, los mortales no somos ninguno de ellos. Tal vez si los “filósofos” dejan de sentirse revolucionarios y transformadores de pueblos serían felices.
VI. Un “filósofo” con trabajos puede ser profesor. Los Maestros no necesitan aprender dinámicas ni memorizar preceptos constructivistas para dejar huella; ellos son indispensables.
VII. La pose estirada del intelectualoide le cae más al citado bufón que al sabio.
VIII. Dejemos en paz a los griegos y dediquémonos a comprenderlos, no nos pongamos a buscar la “actualidad” de su pensamiento. Ellos fueron, son y serán griegos: grandes maestros que se inmortalizaron en su propio santuario histórico.
IX. El filósofo busca ser sabio, busca la Verdad; vive la vida y le toma sabor a los golpes más dolorosos que recibe. La erudición es una herramienta, no una meta.
X. En las lenguas muertas no está ni la Verdad ni la sabiduría, de lo contrario, diccionarios y gramáticas ocuparían el lugar de nuestros sabios.
XI. Buscar la utilidad práctica de la filosofía es otra actitud bufonesca.
XII. “La vigencia actual de la filosofía” es un buen tema, digno de una reunión de juglares y bufones; en el contexto existencial de la vida, sirve para dar lástima.
XIII. Se deben señalar a los charlatanes, a esos pobres diablos que en sí mismos son despojos humanos. “Filosofar” y disimular los complejos son actividades que se han equiparado. El gremio debe protegerse, de lo contrario, más que tradiciones heredaremos pantomimas; más que sabiduría recibiremos poses. El gremio de los filósofos se conforma por hombres con errores, no de personajes con títulos que en ocasiones son ficticios.
XIV. Se debe respetar al Maestro filósofo en la medida en que se desprecia a los bufones. El título de Maestro es otorgado por la vida.
XV. Abstenerse de opinar de la multitud de temas que se ignoran, es, en nuestros días, una actitud que casi cae en el ascetismo heroico. Hablamos de todo, hasta de las cosas que menos ignoramos.
XVI. El calificativo “dogmático” ha sido empleado con tal irresponsabilidad que en muchas ocasiones, quienes lo pegostean en todas partes no se detienen a pensar que la filosofía tiene mucho de dogmática.
XVII. La primera actitud del filósofo es la aceptación (no pasiva) de la propia naturaleza humana. Todos los que “filosofan” sienten ser Kant o Platón. Escribir dos o más frases no significa nada. Lo que hace grandes a los Maestros de todos los tiempos es la manera en que asimilan su propio genio……. Una vez más hablo de personas que nos superan por mucho.
XVIII. En una calle de la periferia de cualquier ciudad, es posible encontrar más filosofía que en congresos mundiales.
XIX. El filósofo nace, si se hiciera…… los grandes problemas de la filosofía universal de todos los tiempos se resolverían en academias.
XX. La filosofía y el arte tienen una estrecha relación. El Bosco se valía de unas cua.ntas figuras para “exponer” su opinión acerca del hombre y lo sagrado. Goethe en cinco versos lo ha dicho todo. Borges, sin Premio Nobel, ha fantaseado con tal profundidad que dos letras suyas son suficientes para avergonzar a ciertos bufones ingleses sedientos de reconocimiento y poder político.
Quienes somos filósofos debemos aceptar que existen grados, los artistas son la nobleza, nosotros sólo villanos.
XXI. Las grandes estructuras lógicas que han “normado” la “filosofía” de los últimos cien años, en la mayoría de los casos, son el itinerario de un acto grotesco de bufones que buscan el aplauso de los asistentes a la tertulia.
XXII. Las Musas son doncellas que se han dado a la tarea de repartir indiscriminadamente varios talentos simultáneos en los hombres: este poetiza, escribe teatro y filosofa; aquél escribe cuentos, cine y redacta interesantes y profundas frases en latín; un tercero, entre muchos, muchos más, construye esculturas urbanas, dirige una compañía de danza, discurre sobre política, pedagogía, theología, además de desarrollar un importante proyecto indigenista.
¡Cuánta sapiencia! ¡Cuánta sensibilidad y talento! Las Musas no se han medido, cientos de Goethes esparcidos por aquí y allá. Algo debe pasarle a nuestras sociedades de hoy en día para que en realidad se crean esta patraña.
XXIII. ¿Qué se necesita para ser un genio? Receta, cúmplanse al menos dos de las siguientes: ser disperso, malhablado, tener alguna desviación sexual, cargar libros en público que no se leen (excepto en lugares donde hay mucha gente), ser de izquierda, tener tendencias hippies o ser un chico “alternativo”, vivir como parásito, comprender el “humor” propio de los congresos….. El talento y creatividad sobran. ¡Hay que tener vocación para ser bufón!.
XXIV. La palabra del sabio tiene tanto peso que no necesita de bufonerías para lograr que sonidos agrupados adopten sentido. “Holzwege” no sólo es un vocablo compuesto, es ánimo, poesía, frustración, victoria, sinsentido, sentido, humanidad. “Holzwege” es un ambiente, una forma de vida.
XXV. No te angusties si encuentras que el arte es más filosófico que lo que algunos llaman “filosofía”, esa es una verdad innegable.
XXVI. Nos rehusamos a creer que Dios no es filósofo. El bello gato de ojos verdes y de piel repleta de manchas negras y blancas tampoco filosofa, seguramente no se plantea problemas ontológicos. Él está más allá de sistemas y sutilezas. Filosofar significa imperfección, búsqueda, incompletitud , hambre insaciable de Verdad.
XXVII. Ha de resultarle gracioso a Dios todo lo que digamos de él, en la mayoría de los casos, la especulación metafísico-theológica es un escudo que busca disfrazar el ateísmo.
XXVIII. La razón y la racionalidad son pantomimas occidentales; tienen su origen en el positivismo y, son recicladas una y otra vez. Un libreto grotesco, muestra de una bufonería de mal gusto, son los famosos cuadernos multicolores.
XXIX. Denle a los bufones nombres rimbombantes de teorías, para que la sola mención de ellas los hagan parecer inteligentes y sabios. Denles los medios para que monten sus actos circenses en los que se destruya el trabajo de sabios del pasado que ni siquiera conocen de nombre. Proporciónenles todo esto y obtendrán como resultado la repetición de algunas corrientes “filosóficas” de los últimos 150 años.
XXX. Quizá lo más valioso de la sabiduría humana jamás ha sido escrito; está tan presente en las almas de ciertos hombres que huye de la garra de los escribas. Lo más profundo de la sabiduría lo encontrarás en frases simples, en actitudes de los niños y los viejos, en la sabiduría oracular de los árboles que son mecidos por el viento, en la mirada de los viejos y en las angustias de los poetas.
XXXI. ¿Creemos saber algo de la muerte? Bufones y sólo eso son quienes ociosamente dedican horas enteras a disertar sobre la muerte sin conocer el tema. Vive la muerte de tu hijo y luego cuéntale al mundo entero en donde quedaron tus tesis de theología y anthropología filosófica que llenaban auditorios enteros. La actitud de un mujer que ha visto morir a su hijo te enseñará más que la pose de cualquier bufón de gabinete.
XXXII. ¿Cuándo la filosofía se convierte en bufonería? Cuando la filosofía que involucra al hombre deja de buscar la Verdad y se convierte en mercancía del aplauso; cuando una “filosofía” es bienvenida como paradigma de la masa, cuando se torna complaciente y cómplice de las miserias del hombre, en ese justo momento es bufonería. La vida es dura, la Verdad no está dada sin más, puesto que exige esfuerzo. La filosofía real puede dar esperanza y consuelo, respuesta y vías, mas no justificaciones. La bufonería se vende bajo nombres como “temas de superación personal”, “filosofía para todos” o “ética para negados”. Los grandes maestros de todos los tiempos han enseñado, con el ejemplo, que vivir la filosofía no es sencillo, dista mucho de ser autocomplacencia.
XXXIII. Inventemos tantas áreas de la filosofía como se nos antoje, ramifiquemos hasta más no poder la reflexión. Hagamos el proyecto de una que se encargue de cuestionarse acerca de excremento de las moscas; otra, sobre el instrumental que sirve para recoger tal material. Una tercera que estudie los recipientes que albergarán las muestras de excremento. Creativo y original ¿no es así? Comedia del absurdo, de diálogos encontrados, preguntas que son respondidas con más preguntas, respuestas a interrogantes jamás formulados. ¿Podríamos organizar un congreso sobre el tema? Sugiero el nombre “La materia fecal de las moscas, ética del discurso y Postmodernidad: problemas filosóficos de cara al siglo XXI.”
XXXIV. Curiosamente el mundo está lleno de incomprendidos malditos que se rasgan las vestiduras porque la época presente no llega a comprender sus ideas revolucionarias y renovadoras de la humanidad. Por desgracia, el mundillo que algunos denominan “intelectual” está repleto de especímenes de esta clase... desgraciadamente este tipo de seres poseen influencia sobre los medios masivos de comunicación, los maestros de la tolerancia y la diversidad aman al prójimo desde su torre que ellos mismos han construido con el rechazo de los demás; este tipo de bufones no viven del aplauso, sino del desprecio infundado de “retrógrados”. Conozco sus nombres, mas no contribuiré con material para que sus torres malditas sean más altas.
XXXV. Difundir la filosofía y hacerla accesible a todos es una de las múltiples actitudes del bufón... aquél que desea ser comprendido por los demás ofrece su “tesoro” espiritual para recibir aplausos de la multitud. Una vez más, bufonería y comedia del absurdo se ponen de manifiesto.
XXXVI. La vida es la mejor maestra para enseñarle al hombre a filosofar, ciertamente, existen individuos que pueden compartirnos su sabiduría, mas nunca podrán hacer que sea parte de nuestro espíritu, eso depende del discípulo y de nadie más. El maestro filósofo es un personaje muy importante, de gran valía y de una sabiduría muy grande. El bufón se especializa en desvirtuarlo todo, no filosofa, profana; no es maestro, es un maestrito que busca ser admirado, pide a gritos que se le otorgue respeto, a sabiendas que no lo merece.
XXXVII. La filosofía requiere de vocación , al igual que la medicina, quien la cultiva debe consagrar su vida a ello. Los errores de los médicos acaban en los cementerios, mientras que los de algunos “filósofos” terminan siendo best sellers.
XXXVIII. Bufón no es el que se equivoca, bufón es quien no se da cuenta de las pantomimas que monta con sus errores y alardea ante todo el mundo su miserable condición de pseudo hombre.
XXXIX. El problema no es que existan bufones, lo alarmante es que andan sueltos por el mundo gozando de una libertad que ni ellos mismos entienden a plenitud.
XL. Conjuro emanado del libro hermético de los bufones: “”Como dijo (nombre del autor de su predilección) “, repítase una y otra vez, con insistencia y con fe. Fórmula que ha sido efectiva un millón de veces.” Tal ensalmo lleva por título PALABRAS MÁGICAS QUE SIRVEN PARA DISIMULAR LA POCA CREATIVIDAD E IGNORANCIA DE UN POBRE DIABLO, CONOCIDA DESDE LA ANTIGÜEDAD BAJO EL NOMBRE DE “LA LLAVE DEL CONGRESO DE FILOSOFÍA Y HUMANIDADES”.
XLI. Si la filosofía no tuviera colores ni grados, el mundo estaría lleno de Epidauros, Menphises, Weimares y Bagdades.
XLII. ¿No resultaría de mayor provecho para la humanidad el hecho que algunas mentes privilegiadas que caminan por el mundo de los mortales se dedicasen a desparramar su sabiduría en lugar de demostrar lo absolutamente obvio, como por ejemplo la adhesión de Heidegger al nacionalsocialismo?
XLIII. Los bufones viven al día... su trabajo “intelectual” ha de definirse como desfile de modas.
XLIV. “La filosofía debe ser depurada, por tal motivo las ideologías, los nacionalismos, los dogmas y las creencias falsas deben ser extirpados.... “ ¿No resultaría más sano mantener a los idiotas al margen de la filosofía?
XLV. La filosofía bufonesca que busca complacer y endulzar el oído de la masa es una de esas tantas manifestaciones de lo que llamaríamos “contraste intelectual”, “libertad de expresión” o “apertura conceptual”. El dilema se encuentra en el hecho de que existan personalidades que una y otra vez contaminan la mente de las personas con basura intelectual decadente; el problema es que se ha institucionalizado esta manera de “hacer pensar a la gente”.
[1] Chihuahua, 1973. Candidato a doctor en filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Sociedad de Historia y Filosofía de la Medicina y de la Sociedad Mexicana de Estudios Clásicos. Publicación de diversos artículos sobre filosofía antigua y estética en revistas locales y nacionales. La Poesía órfica y la sabiduría antigua ( 2002, ICHICULT-FONCA), Poesía, Filosofía y Sabiduría (ICHICULT-FONCA, 2005). Participación en diversos congresos (no bufonescos) nacionales e internacionales de filosofía y filosofía de la medicina. Líneas de investigación: medicina hipocrática y filosofía egipcia, vikingos y estética. Catedrático del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey Campus Chihuahua y titular de la cátedra de Historia de la Medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Chihuahua.