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ENTRE LA POESÍA,

LA VIDA

Y LA MUERTE DE OCTAVIO PAZ., por Mónica Gómez (México, UAM)

 

Fue un 19 de abril de 1998 a las 10:35 de la noche cuando el poeta Octavio Paz había muerto, la noticia no la supe sino hasta el día siguiente, los encabezados de los periódicos sólo hablaban del Nobel de Literatura, sus planas se tapizaban de innumerables esquelas mortuorias. La noticia también era la de ocho para la radio. Un acontecimiento desafiante de los límites nacionales, el suceso corría por todo el mundo y a cada paso anunciaba la pérdida mundial.

Lo primero que hice en cuanto salí de casa fue comprar el periódico, enterarme al menos a qué hora había sido el deceso, no fue por morbo, no, era la necesidad que uno siente cuando tiene sed de información acerca de alguien a quien se admira y respeta profundamente. Los diarios decían que México estaba de luto, sólo palabras que no se acercaban ni a la más mínima distancia del dolor que sufría su viuda, Marie José, o del sentimiento desolador que a sus lectores nos embargaba, ya no habría más escritos de él, sólo los que plasmó en vida, ya no habría más Paz y tendríamos que conformarnos con las afortunadas Obras Completas editadas por el Fondo de Cultura Económica consagradas antes de su muerte. Recuerdo ese día que siguió a la muerte de Paz, yo estaba de luto pero no vestí de negro, el luto que llevaba no era el de mi corazón – nunca tuve la fortuna de conocerlo en persona – sino el de mi mente y mi espíritu que leían su poesía y su obra. Vienen a mi memoria palabras que citó durante el encuentro internacional sobre Breton en 1996: "las teorías políticas y estéticas pasan, quedan las obras, y en el caso de André Bretón, queda, además, la persona, porque él fue autor de varios libros, que no sería exagerado llamar de eléctricos, porque han tatuado nuestro siglo". Octavio Paz ha tatuado nuestro siglo. Su tatuaje es profundo, sobre todo tratándose de los mexicanos, de quienes habló en importantes obras de remarcada trascendencia como el caso de El Laberinto de la Soledad, obras de tal vitalidad que hablan solas, critican solas y responden por sí mismas recordando las palabras de su padre cuando encaran la tensión propia de la polémica.

"Hay que arriesgarse a ser impopular…No quise hacer una carrera literaria: quise ser fiel a mí mismo."

 

Su poesía, fue más que su musa, fue la hija de su Diosa: La Libertad. La Libertad y La Vida, dan a su poesía posibilidad de sembrar en ella y cosechar después un conocimiento que a caso su creador dejara en semilla para finalmente nosotros recibir el fruto de su sensibilidad.

Libertad bajo palabra.

"…Inútiles los memoriales, los ayes y los alegatos. Inútil cerrar los ojos o volver entre los hombres: esta lucidez ya no me abandona. Romperé los espejos, haré trizas mi imagen –que cada rehace piadosamente mi cómplice, mi delator. La soledad de la conciencia y la conciencia de la soledad, el día pan y agua, la noche si agua. Sequía, campo arrasado por un sol sin párpados, ojo atroz, oh conciencia, presente puro donde pasado y porvenir arden sin fulgor ni esperanza. Todo desemboca en esta eternidad que no desemboca.

Allá, donde los caminos se borran, donde acaba el silencio, invento la desesperación, la mente que me concibe, la mano que me dibuja, el ojo que me descubre. Invento al amigo que me inventa, mi semejante; y a la mujer, mi contrario: torre que corono de banderas, muralla que escalan mis espumas, ciudad devastada que renace lentamente bajo la dominación de mis ojos.

Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día".

 

Sensibilidad escuchada y acogida en su poesía erótica y en ensayos como La Llama Doble en los que su voz atiende al discreto murmullo de nuestra lectura crítica. Para descubrir la voz de Paz primero se le habla y si se le habla se le observa, se le estudia, se le examina, se le separa, se le descompone, se le distingue…

"Las Palabras

 

Dales la vuelta, cógelas del rabo (chillen, putas)

azótalas,

dales azúcar en la boca a las rejegas,

ínflalas, globos, pínchalas,

sórbeles la sangre y tuétanos,

sécalas,

cápalas,

písalas, gallo galante

tuérceles el gaznate, cocinero,

desplúmalas,

destrípalas, toro,

buey, arrástralas,

házlas, poeta

haz que se traguen todas las palabras."

 

 

Después su palabra habla y la semilla germina.

 

 

"Decir: hacer

La poesía se dice pero ¿qué es decir?

Decir: hacer

I

Entre lo que veo y digo,

entre lo que digo y callo,

entre lo que callo y sueño,

entre lo que sueño y olvido,

la poesía.

Se desliza

entre el sí y el no:

dice

lo que callo,

calla

lo que digo,

sueña

lo que olvido.

 

No es un decir:

es un hacer.

Es un hacer

que es un decir.

La poesía

se dice y se oye:

es real.

Y apenas digo

es real,

se disipa.

¿Así es más real?

 

2

Idea palpable,

palabra

impalpable:

la poesía

va y viene

entre lo que es

y lo que no es.

Teje reflejos

y los desteje.

La poesía

siembra ojos en la página,

siembra palabras en los ojos.

Los ojos hablan,

las palabras miran,

las miradas piensan.

Oír

los pensamientos,

ver

lo que decimos,

tocar

el cuerpo de la idea.

los ojos

se cierran,

las palabras se abren."

 

La poesía, lenguaje de la palabra que ha sido eximida de su rumbo diario y persuadida para transmutar a metáfora, "el erotismo es sexualidad transfigurada: metáfora".

Hace no muchos años leí El Arco y la Lira, un libro en el que se vuelve inevitable reconocer la experiencia poética "irreductible a la palabra y, no obstante, expresada sólo por ella". Aquel niño nacido un 31 de marzo de 1914, en la calle de Venecia, re inventó la palabra, la hizo suya y la deconstruyó; la aprendió y la desaprendió.

"Aprendizajes y desaprendizajes

circunavegaciones y circunvalaciones,

circunvuelos en Asia, Europa y América,

la exploración del túnel de las correspondencias

la excavación de la noche del lenguaje

la perforación de la roca

la búsqueda del comienzo

la búsqueda del agua."

 

Hace ya un año que el poeta Gonzalo Rojas recordaba palabras de quien consideraba su hermano mayor: "Octavio mismo dijo que él era un aprendiz". Rojas continúa: "Todos somos aprendices, no hay originalidad, somos un coro, y el coro es estricto y es muy minoritario el número de los exponentes…La palabra va a persistir ". Hoy, a doce meses de su muerte, en el Palacio de Bellas Artes se reúnen escritores de la talla del español Jorge Semprún y de la sudafricana Nadine Gordimer, Premio Nobel de Literatura 1991, ella recuerda a Paz como el autor impecable que "cada tema que tocaba brillaba con luz nueva" .

El pequeño que nació entre libros y cuyo mayor placer era el de hojear, con su primo, los gruesos volúmenes de historia de su abuelo sin apresurar la contemplación de sus estampas, era el hombre considerado a sí mismo sólo como poeta.

 

"La Poesía (Fragmento)

Llegas, silenciosa, secreta,

Y despiertas los furores, los goces,

Y esta angustia

Que enciende lo que toca

Y engendra en cada cosa

Una avidez sombría".

 

Hombre y poeta del amor, la vida y la muerte.

 

"Por ser tiempo y estar hecho de tiempo, el amor es, simultáneamente, conciencia de la muerte y tentativa por hacer del instante una eternidad. Todos los amores son desdichados porque todos están hechos de tiempo, todos son el nudo frágil de dos criaturas temporales y que saben que van a morir; en todos los amores, aun en los más trágicos, hay un instante de dicha que no es exagerado llamar sobrehumana: es una victoria contra el tiempo, un vislumbrar el otro lado, ese allá que es un aquí, en donde nada cambia y todo lo que es, realmente es".

"El amor no vence a la muerte: es una apuesta contra el tiempo y sus accidentes. Por el amor vislumbramos, en esta vida, a la otra vida. No a la vida eterna sino a la vivacidad pura." Travesías: Tres Lecturas. Mi casa, mi gente, mi tierra. Decir: hacer. Eros.

Vivacidad sentida cada mañana por el poeta para vivir el día que emanaba. Vida compartida con la muerte; muerte, consumación de la vida "mitades de la misma esfera".

 

"Elegía Interrumpida.

 

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.

Al primer muerto nunca lo olvidamos,

aunque muera de rayo, tan aprisa

que no alcance la cama ni los óleos.

Oigo el bastón que duda en un peldaño,

el cuerpo que se afianza en un suspiro,

la puerta que se abre, el muerto que entra.

De una puerta a morir hay poco espacio

y apenas queda tiempo de sentarse,

alzar la cara, ver la hora

y enterarse: las ocho y cuarto.

 

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.

La que murió noche tras noche

y era una larga despedida,

un tren que nunca parte, su agonía.

Codicia de la boca

al hilo de un suspiro suspendida,

ojos que no se cierran y hacen señas

y vagan de la lámpara a mis ojos,

fija mirada que se abraza a otra,

ajena, que se asfixia en el abrazo

y al fin se escapa y ve desde la orilla

cómo se hunde y pierde cuerpo el alma

y no encuentra unos ojos a que asirse…

¿Y me invitó a morir esa mirada?

Quizá morimos sólo porque nadie

Quiere morirse con nosotros, nadie

Quiere mirarnos a los ojos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.

Al que se fue por unas horas

y nadie sabe en qué silencio entró.

De sobremesa, cada noche,

la pausa sin color que da a vacío

o la frase sin fin que cuelga a medias

del hilo de la araña del silencio

abren un corredor para el que vuelve:

suenan sus pasos, sube, se detiene…

Y alguien entre nosotros se levanta

Y cierra bien la puerta.

Pero él, allá del otro lado, insiste.

Acecha en cada hueco, en los repliegues,

vaga entre los bostezos, las afueras.

Aunque cerremos puertas, él insiste.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.

Rostros perdidos en mi frente, rostros

sin ojos, ojos fijos, vaciados,

¿busco en ellos acaso mi secreto,

el dios de sangre que mi sangre mueve,

el dios de yelo, el dios que me devora?

Su silencio es espejo de mi vida,

en mi vida su muerte se prolonga:

soy el error final de sus errores.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.

El pensamiento disipado, el acto

disipado, los nombres esparcidos

(lagunas, zonas nulas, hoyos

que escarba terca la memoria),

la dispersión de los encuentros,

el yo, su guiño abstracto, compartido

siempre por otro (el mismo) yo, las iras,

el deseo y sus máscaras, la víbora

enterrada, las lentas erosiones,

la espera, el miedo, el acto

y su reverso: en mí se obstinan,

piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,

beber el agua que les fue negada.

Pero no hay agua ya, todo está seco,

no sabe el pan, la fruta amarga,

amor domesticado, masticado,

en jaulas de barrotes invisibles

mono onanista y perra amaestrada,

lo que devoras te devora,

tu víctima también es tu verdugo.

Montón de días muertos, arrugados

periódicos, y noches descorchadas

y en el amanecer de párpados hinchados

el gesto con que deshacemos

el nudo corredizo, la corbata,

y ya apagan las luces en la calle

- saluda al sol, araña, no seas rencorosa –

y más muertos que vivos entramos en la cama.

Es un desierto circular el mundo,

el cielo está cerrado y el infierno vacío."

 

El poeta fue también un ser humano, otra faceta. Un ser que confiesa a su amigo epistolar sus miedos, su sentir, su ser. Durante tres décadas Octavio Paz y el poeta catalán Pere Gimferrer dialogaron - desde 1966 hasta 1997 - haciendo de su relato una relación intelectual vertida en amistad. Enlace de dos amigos que, por correspondencia, desnudaron sus almas.

Postdata de la carta de Octavio Paz a Pere Gimferrer escrita el 12 de julio de 1988.

"P.D. Ya terminada esta carta y antes de echarla al correo, vuelvo al primer párrafo. Perdóname el pequeño desahogo que vas a leer. Como si no fuese bastante con el desajuste íntimo que experimento apenas regreso a México, debo ahora enfrentarme al pequeño escándalo provocado por el ensayo de Enrique Krauze sobre (contra) Carlos Fuentes. Yo hubiera preferido no publicar ese texto en Vuelta. No pude. Lo siento de verdad. Tú me conoces y sabes que lo que digo es cierto. Y no hubiera querido publicar ese escrito apasionado, por dos motivos. El primero: la vieja y sincera amistad que me une (o unía, no sé) a Fuentes. Una amistad desde hace años resignada a sus intermitencias y a sus desapariciones súbitas seguidas por sus apariciones no menos súbitas. El segundo, porque soy enemigo de las querellas personalistas.

Mis polémicas y batallas han sido siempre (o casi siempre) intelectuales o ideológicas. Pero, ¿cómo hubiera podido yo, que tantas veces he defendido la libertad de opinión, negar las páginas de la revista a un escritor mexicano –aparte de que ese escritor es, nada menos, el subdirector de Vuelta? La reacción, previsible, no se hizo esperar: varios artículos de desagravio a Fuentes y otros de crítica acerba en contra de Krauze. Naturalmente, no han faltado los renacuajos que dicen –uno ya lo escribió- que se trata de una maniobra inspirada por mí para desacreditar a un rival aspirante al premio Nobel. ¡Qué infames! Jamás he ambicionado ese malhadado premio- es otra mi idea de la gloria- y nunca he movido ni moveré un dedo para tenerlo. Pero este incidente ha hecho más amargo mi regreso. No solamente he perdido a un amigo (inconstante y escurridizo, es cierto, pero también inteligente, generoso y cálido) sino que debo soportar callado las calumnias…Para colmo, regresé en el momento de las elecciones. La incompetencia de los del Gobierno –deberían haber aceptado la derrota del PRI hace dos años, en Chihuahua y en Sinaloa: eso les habría dado autoridad moral y credibilidad- y la antidemocrática intolerancia de los dos partidos de oposición me hacen temer lo peor. Ojalá y no perdamos en estos meses próximos los pocos espacios democráticos que habíamos ganado en los últimos años. Y aquí, ahora sí, termino con otro abrazo, Octavio."

 

 

Muerte del hombre, vida de la palabra.

Completud de su vida,

voz asentada.

Su alma perdió su cuerpo, y mientras el tiempo conserva su paso, la voz que le escucho decir en cada línea de cada libro "es un comienzo y un fin. Es un eterno comienzo y recomienzo".

 

Mónica Gómez Salazar.

 

 

 

FUENTES.

 

Periódico Reforma (México) Abril y Mayo 1998.

Abril 1999.

Periódico El Universal (México) Abril 1998.

Radio Red (Radiodifusora mexicana) Programa Monitor de la Mañana

19 y 20 abril 1998.

Paz, Octavio

Obra Poética I

Círculo de Lectores, Fondo de Cultura Económica.

Paz, Octavio

Travesías: tres lecturas

Mi casa, mi gente, mi tierra

Decir:hacer

Eros.

Biblioteca Sonora de la Literatura.

Escritores en su voz. Documentos.

Paz, Octavio

El Arco y la Lira

Fondo de Cultura Económica.

 

Paz, Octavio.

La Llama Doble

Seix Barral, Biblioteca Breve.

 

Notimex (Abril 1998)

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