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Es
conveniente escuchar a los niños(
Por Ricardo
T. Ricci. Tucumán, Argentina. Mayo de 2000)
Es
conveniente adoptar hacia los niños y adolescentes de las diferentes edades, aún
los más jovencitos una actitud de escucha. Vivimos en un mundo que en general
desoye de manera determinada y sistemática la voz de los niños y sus
actitudes. Es reconocida científicamente la riqueza que el niño posee en sus
expresiones tanto verbales cuanto no verbales, es decir el lenguaje de los
gestos y el lenguaje corporal. Es común que nuestros niños se quejen ante
nosotros que fueron desoídos cuando con su voz algo aflautada solicitaron a
nuestro pedido la concurrencia de un remis, inclusive cuando hicieron un pedido
a la pizzerìa con reparto a domicilio. Alguien me dirá, los niños son de
hacer bromas pesadas a lo que yo preguntaría a mi vez, ¿acaso los adultos
nunca hacen bromas que resulten dañinas ?
Los
niños son desoídos permanentemente incluso en los ámbitos que ellos
consideran sus lugares, los lugares en donde se sienten a gusto, en los que se
desempeñan a diario. Me refiero específicamente al hogar y al colegio o
escuela. En el hogar los niños tienen casi todos los derechos y deberes que los
adultos pero se les niega la participación, es decir no cuentan ni con voz ni
con voto. Es igual a considerarlos ciudadanos de segunda categoría, remontàndonos
más al pasado como no-ciudadanos, es decir hombres que carecen de libertad y
capacidad para emitir una opinión. Reconocemos que el niño recién se está
capitalizando en experiencia, a cambio paga con la moneda de la espontaneidad,
del altruismo y de la precisa no ambigüedad. Estas monedas, por cierto, están
o deberían estar muy bien cotizadas en nuestro medio.
En
el colegio el niño debe cumplir con el aprendizaje de los contenidos
curriculares que el o la docente deben proveerle durante el periodo lectivo. La
tendencia es sin embargo a adocenar a los niños quienes deben asimilar lo que
el maestro les enseña y responder a la preguntas si es posible con las mismas
palabras que el docente enseñó tal tema. Si el jovencito, en un arranque
lamentablemente cada vez menos frecuente, se tomo el trabajo de investigar en
una enciclopedia, por ejemplo, y aporta que aparte del Río de la Plata hay
otros ríos famosos en el mundo que desembocan mediante un delta y cita el
nombre del Nilo y de la importancia para la población de ese tipo de distribución
hídrica, es sistemáticamente desoído cuando no reprendido por haberse ido del
tema. En otras oportunidades las opiniones de los niños no solo parten de
investigaciones sino de su propia capacidad creativa, de su propia elaboración
estética, y de la misma manera no son escuchados. Un niño puede aportar que
Los “Zapatos” de Van Gogh son el resultado evidente de un caminante de mil
caminos, de un aventurero, su criterio es sin embargo desechado por el maestro
que tenía la información de que los mismos pertenecían a un labriego.
Resultado de la clase : los labriegos trabajan, gastan hasta el fin sus
zapatos y van Gogh es un genio, los caminantes o aventureros no existen por
ahora y el aporte de Carlitos es como mínimo considerado como algo desatinado y
fuera de oportunidad. Carlitos también puede ser evaluado como un niño
indisciplinado y sus padres pueden recibir una nota del maestro para que se
presenten ante él para que ayuden
a corregirlo ; cosa que los padres agradecerán al docente y Carlitos será
reprendido, eventualmente privado de los helados durante una semana. El niño
asiste al catecismo para su Primera Comunión y cuando se plantea la solución a
la pregunta acerca de quién a creado todas las cosas, el niño responde
correctamente y agrega que con su hermanito ha ocurrido algo extraño, su mamá
le contó que su hermanito ha nacido del vientre y ha salido por un orificio que
mamá tiene con ese propósito. La catequista soslaya el comentario y le
recomienda a Carlitos que se limite a responder la pregunta tal y como está
impresa en el catecismo de las 100 preguntas. Carlitos insiste en dos o más
ocaciones preguntando acerca de la invisible acción del Espíritu Santo y dice
entender que su ángel de la guarda seguramente tiene mucho trabajo. Ambas
participaciones son desechadas y recibe en cambio la misma recomendación. Por
fin, el niño decide limitarse a responder si y no según está escrito en el
librito y de esa manera examen de por medio se hace merecedor a recibir la
Primera Comunión. Lástima enorme la de haber desperdiciado los aportes del
chico, lástima enorme que el catequista en lugar de hacer de su enseñanza una
manifestación testimonial y amorosa se haya limitado al recitado
despersonalizado de un librito diseñado para fines del siglo XIX. Ejemplos como
estos sobran en todos los ambientes y circunstancias en las que el niño se
desenvuelve. Evidentemente produce
un agotamiento de la capacidad creativa del mismo y una alineación disciplinada
del niño que recibe los mayores honores cuanto más se adapta a la información,
no a la formación, a la cual se ve sometido. Los adultos vemos, por el
contrario, gustosos los progresos de nuestro niño cuando en realidad estamos
haciendo de él un modelo standard del niño promedio, corriendo el grave riesgo
de cercenar sus talentos y que sus manifestaciones efectúen mecanismos de
escape por caminos no deseados.
Es
conveniente, por cierto escuchar a los niños y a los adolescentes. Todos
tenemos experiencias que nos muestran como los niños participan del lenguaje
verbal de manera lapidaria, desvergonzada, espontanea cuando nos efectúan
alguna observación o nos hacen una pregunta. Incluso comentamos entre los
adultos afirmando que ha sido una intervención inteligente, esclarecedora o que
nos hizo pensar, incluso replantear alguna línea de acción en nuestra vida.
Bueno, pues, es la participación esperable de un ser humano que si bien tiene
menos años de vida que nosotros se está comportando como el ser humano en
plenitud que es. Si, digo en plenitud pues lo hace desde su estar siendo un niño
o un joven con total control de sus funciones psíquicas, las que nosotros desde
nuestra posición de adultos “maduros” consideramos que aún les falta
crecer, experimentar, en definitiva madurar. Es decir, estamos pensando que debe
parecerse a nosotros, quienes poniéndonos la mano en el corazón somos bastante
poco imitables en uno o varios, sino todos los aspectos de la vida.
El
jovencito tiene todas sus funciones perceptivas desarrolladas y entiende,
“lee” el entorno con toda claridad y espontaneidad. Tiene un sentido
especial de ser un integrante de un sistema humano y del rol que le cabe en ese
sistema. Esta realidad es expresada en general de manera explícita, en forma
verbal y de otras formas cuando los
mecanismos de represión y desatención lo han rebasado. Es frecuente que
recurra a mecanismos que los adultos nos atrevemos a llamar patológicos.
Ejemplo : El niño dijo explícitamente que no le gusta que mamá y papá
discutan, fue desoído, lo dijo en otra oportunidad y fue enviado a su
dormitorio porque no es una conversación para niños de “su edad”, de hecho
desde allí se sorprendió como las conversaciones que “no son para niños”
se expresan mediante agresiones y gritos ; tapó su cabecita con la
almohada. Una tercera vez intenta conversarlo con sus padres por separado o en
el entorno del almuerzo familiar y esta vez delante de sus hermanos fue
desautorizado a hacer ese tipo de comentarios por su corta edad, es decir recibió
una palmaria desconfirmaciòn. La semana siguiente mamá ve las sábanas del niño
mojadas y detecta olor a orín, lo
deja pasar, pero al día siguiente se repite el episodio y corre a comentárselo
a su marido. Oh, el niño está haciéndose pis en la cama, tiene enuresis como
dicen en la tele. Debemos llevarlo al medico o al psicólogo o ocultarlo hasta
que tenga más edad. Deciden dejar de lado provisoriamente sus problemas
matrimoniales y llevan al niño al medico. Este ultimo solicita estudios, no
pregunta al niño que sucede y al constatar que no existe patología orgánica
recomienda la asistencia psicológica del niño. Como este es un caso de final
feliz a la semana siguiente el niño no moja más las sábanas ; resulta
que papá y mamá lo llevaron al médico juntos, después tomaron un helado y
con alegría de su parte ha constatado que sus padres no discuten de noche, por
el contrario hablan de él, rescatan sus virtudes a pesar de la enuresis y
cuando hace dos días el le dijo a su papá que trabajaba demasiado se dio con
la sorpresa que regreso un poco antes de la oficina, justo a tiempo para ver el
partido de fútbol con él. La enuresis pasó, el sistema se acomodó de otra
manera momentáneamente.
El
sistema de percepción del niño esta desarrollado a pleno, no está aun
“viciado” por los “cuentos” de los adultos, por sus prevenciones, por
sus perversiones, por sus mecanismos defensivos. El sistema judicativo es
extremadamente sensible y de una lógica implacable, lo que le permite emitir
sentencias precisas, no siempre acertadas por supuesto, como todo ser humano.
El
presente no pretende ser una apología de la infancia, solo rescatar al niño de
un lugar secundario en el marco de lo familiar y social para integrarlo como una
persona íntegra a una sociedad que no puede darse el lujo de excluirlo. En el
niño pueden están las soluciones de un futuro que a los adultos nos resulta
sin salida, después de todo su mundo es ese además del presente que con
nosotros comparte. Quien tenga una mínima actitud de observación hacia los niños
ha de darse cuenta de como resuelven algunos problemas con mayor rapidez y
facilidad que nosotros. De cómo se enfrentan a una PC sin miedos y saben
utilizarla sin preguntar tanto los “por qué” pregunta típica de nosotros,
netamente apuntada al pasado, sino “para qué” pregunta practica orientada
directamente y resueltamente al futuro.
Soy
consciente de no haber agotado el tema ni mucho menos, solo quise hacer una
reflexión y algunas consideraciones que pueden resultar importantes.
Ricardo T. Ricci, 01-02-2000