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ARISTÓTELES

 (Por Luis Fernández-Castañeda,  profesor del  IES Mar de Alborán, Estepona, Málaga. Septiembre de 2003)

 

 1. EL CONCEPTO DE NATURALEZA EN ARISTÓTELES

 

             La palabra griega para naturaleza es "physis". Las ideas de Aristóteles sobre la naturaleza se encuentran en su libro titulado Física, es decir, naturaleza.

 

La noción popular griega de naturaleza incluye ideas como perpetua generación, fuerza que surge y se expande, etc. Para un griego, la physis es el seno de donde todos los seres surgen. Es energía, fuerza, movimiento, vitalidad. Todos estos rasgos los incluye Aristóteles en su concepción.

 

La noción aristotélica de physis posee las siguientes características:

origen (arjé). La physis es el origen de donde brotan los seres, es el origen de todo.

sustrato. La physis es aquello que permanece constante a pesar de los cam­bios. Por ejemplo, en el refrán "la cabra siempre tira al monte", se quiere decir que la naturaleza de la cabra es vivir en la montaña. Por eso, por más cambios que haya, siempre permanecerá la necesidad de ir al monte; la cabra acabará yendo allí o sufriendo por serle imposible. Cuando de un oso decimos que "su naturaleza es salvaje" queremos decir que, por más esfuerzos que hagamos en su domesticación, siempre permanecerá un fondo de salvajismo en su ser, y no nos extrañará que alguna vez, por ejemplo, ataque a su domador. Todo esto que permanece, es la naturaleza.

movimiento. Para Aristóteles nada hay tan evidente como que las cosas se mueven. Tan cierto es, que precisamente él necesita explicar el movimiento. Si la realidad de la naturaleza fuera el reposo, la quietud, lo que habría que explicar es la inmovilidad de los seres. Pero como los seres natura­les se mueven con frecuencia, es eso lo que nos interesa explicar. Aris­tóteles parte de la realidad del movimiento. No tiene que admitirlo forzado por las cosas, como le ocurrió a Platón, que no tiene más remedio que reco­nocer que existe el movimiento porque de lo contrario no podría explicarse el proceso por el que el alma asciende al mundo inteligible. Si el alma progresa y sale de la caverna, el alma ha experimentado un cambio, un mo­vimiento.

Es importante notar que la palabra "movimiento" abarca más cosas para Aristóteles que para nosotros. Por movimiento entiende Aristóteles todo cambio. El agua que se hiela experimenta un movimiento. La cara que se pone roja de vergüenza también es un movimiento, aunque no se mueva de lugar. También incluye, naturalmente, el cambio de lugar.

carácter divino. Como bien observó Heráclito, los cambios en la naturaleza se producen de modo armónico, con regularidad y ritmo. Al día le sucede la noche, al verano el otoño, el pájaro sale del huevo, la planta de la semi­lla. No sólo eso, sino que cada elemento material del mundo tiene su lugar: la tierra en el centro, encima el agua, encima el aire, arriba de todo el fuego. Los animales se organizan, como en los hormigueros, en las colme­nas y, en el caso del animal racional, en ciudades. Todo está ordenado en la naturaleza, y bien ordenado. Esto hace que Aristóteles piense que la naturaleza tiene un carácter divino. Sin postular que la naturaleza tiene algo de divino no se podría explicar el orden del mundo, que hace que éste sea un cosmos en lugar de un caos. Hay que tener mucho cuidado en distinguir lo siguiente: Aristóteles no dice que la naturaleza sea Dios (eso sería panteísmo, como le ocurrirá a Spinoza), sino que tiene un carácter divino (no porque sea creación de Dios, como dirá más tarde el cristianismo).

 

NOTA SOBRE LA TELEOLOGÍA.‑"Teleología" viene de"lógos" (razón) y "télos" (fin). La traducción literal sería "razón del fin"; nosotros utilizaremos la palabra "finalidad". La noción de teleología es importante porque subyace a la idea que tiene Aristóteles de naturaleza. Para él, la naturaleza es teleológica, es decir, en la naturaleza todo tiene una finalidad. Con la finalidad o teleología se explica por qué existen los movimientos de los seres naturales. Los animales se mueven para conseguir comida, las piedras caen para volver a su lugar natural, el hombre actúa para ser feliz. Los seres naturales se mueven para cumplir una finalidad. Los movimientos se orientan a un fin. La naturaleza no obra inútilmente. Precisamente porque la naturaleza no hace nada en vano, sino con vistas a un fin, existe ese orden divino en ella.

 

Conviene decir que Aristóteles hereda de Platón la teleología. Para Platón, las cosas del mundo tienden, en la medida en que participan de la idea, al bien. Todo tiende al bien, todo se encamina a la idea de bien. Por eso quien llega a la idea de bien comprende la meta de todas las cosas. La idea de bien no es un objeto como una casa, sino que en cuanto idea, pertenece al mundo inteligible. Las cosas tienden, por lo tanto, a algo que está más allá de sí mismas, que es la idea de bien.

Para Aristóteles, Platón tiene razón sobre la teleología de la natura­leza, solo que como no acepta la teoría de las ideas, esto le obliga a repensar cómo es la finalidad. Para él, ya que no existe la idea de bien y sin embargo es verdad que las cosas tienden al bien, hay que decir que las cosas tienden a realizar su propio bien. Cada cosa tiene su propio bien, que es distinto del bien de otra cosa. E1 hombre tiene su bien, que es ser feliz. Los demás animales tienen su bien, que es conservarse y reproducirse, etc. Si la teleología de Platón es trascendente, la de Aristóteles es inmanente. Esto quiere decir que el télos (fin) no se sitúa más allá de las cosas, en un mundo distinto y superior, trascendente, sino que se sitúa en las cosas mismas, es inmanente. Y puesto que está en la cosa misma, es diferente según cada cosa. Sigue conservando de Platón que el fin es el bien, sólo que para él es el bien de cada cosa.

 

2. LA EXPLICACION DEL MOVIMIENTO

 

La physis es ante todo movimiento. Por tanto, se necesita explicar el movimiento. Si se consigue dar una explicación satisfactoria del movimiento se podrá explicar entonces cómo se pasa de lo UNO a lo MÚLTIPLE y de lo PERMANENTE a lo MÓVIL. Recordemos que el paso de lo uno a lo múltiple y de la permanencia al movimiento son los dos problemas fundamentales que se plantean los griegos sobre la naturaleza. ¿Cómo es posible que las cosas cambien y sin embargo sigan siendo, en el fondo, las mismas? ¿Qué cambia, qué permanece? ¿Cómo de una cosa pueden salir muchas? ¿No son todos los árboles en el fondo un árbol? ¿Si en el fondo son un árbol, entonces, por qué hay múltiples árboles? Los presocráticos y Platón intentaron responder estas preguntas;  Aristóteles, también.

 

2. 1 PRINCIPIOS DEL MOVIMIENTO

 

"Principio"es todo aquello que es necesario suponer para la existencia de una cosa. Este es su significado en Aristóteles. En la vida diaria conservamos este significado cuando decimos que "tal elemento es el principio activo de la medicina". Queremos decir que esa medicina produce la salud del enfermo gracias a ese elemento, y lo llamamos "principio activo" frente a otros componentes de la medicina que, por sí solos, no conseguirían sanar al enfermo. De la misma manera, para que exista el movimiento, es necesario suponer los siguientes principios:

 

MATERIA.

            La materia es, como en Platón (del cual se hereda el concepto), incognoscible (no se puede conocer). ¿Por qué? Porque la materia es aquello que nos queda de las cosas cuando las despojamos de todas sus cualidades. Por ejemplo, tomemos una mesa. Vamos a quitarle cualidades. La mesa es marrón, pues vamos a imaginarnos esa mesa sin color. Tiene forma rectangular, pues vamos a imaginárnosla sin forma, además de sin color, etc.  ¿Qué nos queda? La materia con la que está hecha, que en este caso pongamos que sea la madera. Diremos entonces que la madera es la materia de la mesa. La madera no es la mesa, sino sólo la materia de la mesa.

Ahora bien, la madera tiene cualidades: es extensa, sólida, etc. Desde el punto de vista de una mesa, la madera es su materia. Pero si hemos dicho más arriba que materia es lo que nos queda de las cosas cuando las despojamos de todas sus cualidades, hay que decir que todavía no hemos acabado, pues la madera sigue teniendo cualidades. Quitémosle, en nuestra imaginación, las cualidades a la madera: ya no es extensa, ni sólida. Hemos acabado el proceso. Todo el rato hemos estado quitando cualidades a un algo. Lo que ahora nos queda es ese algo sin ninguna cualidad. Pues bien, eso es la materia. Hay que notar que no puede decirse positivamente qué es la materia, y sin embargo hace falta presuponerla, puesto que la cualidad “color” es color de algo, la

forma es forma de algo, la solidez es solidez de algo. Ese "algo" que siempre

estamos presuponiendo al hablar, es la materia.

Materia segunda se dice del concepto de materia en sentido relativo: respecto de la mesa, su materia es la madera, respecto de la estatua, su materia es el mármol. Materia primera se dice del concepto de materia en sentido absoluto: no es "respecto de la mesa" ni "respecto de la estatua", sino "respecto de todo". La madera sería materia respecto de la mesa, pero no respecto de la estatua, por ejemplo. La materia primera no puede tener un nombre como "madera", "mármol", etc. porque los nombres suponen cosas con cualidades, y la materia primera no tiene ninguna cualidad, pues así se la define. Por eso se la llama, simplemente, materia primera.

 

FORMA

       La forma es la estructura de la materia. La materia se organiza, se dispone o se estructura de maneras determinadas. E1 mármol, por ejemplo, puede tener contornos muy diferentes, puede estar dispuesto de modos muy distintos, y a cada uno de estos modos se le llama forma. Sin embargo, con­viene acercarnos más a la noción de "forma". Cuando Aristóteles habla de forma no está pensando en la forma tomada en el sentido de "forma de la estatua" o "forma de la casa". "Forma" no es la disposición espacial de la materia, sino el conjunto de las cualidades que hacen que la materia sea un objeto determinado. Aristóteles está pensando más bien el concepto de "forma" en el sentido en que nosotros hablamos de "forma de ser". Cuando nosotros preguntamos "¿cómo es tu forma de ser?" no esperamos que se nos responda "soy moreno, de ojos verdes, etc." sino "soy frío y calculador, amable y me gusta el vino, etc.", es decir, esperamos que se nos digan las cualidades esenciales que hacen que esa persona sea esa persona, pues no se nos oculta que aunque esa persona fuera rubia y de ojos negros seguiría siendo la misma mientras tuviera la misma forma de ser. Seguiría siendo la misma en esencia, aunque tuviera algunas cualidades cambiadas. Pues bien, en este sentido piensa Aristóteles el concepto de forma. Forma sería, por tanto, la estructuración esencial de la materia, sería el conjunto de cualidades que hacen que una cosa sea lo que es. En sentido propio, la forma es la esencia de la cosa.

 

Existe una relación estrecha entre la forma de Aristóteles y la idea de Platón. En los dos casos se trata de la esencia de las cosas, en los dos casos estructuran la materia. Su diferencia es que las ideas platónicas son trascendentes, autónomas e independientes. Trascendentes, porque pertenecen a un mundo distinto y superior al nuestro. Autónomas, porque existen por sí mismas y no necesitan de nada que las haga existir. Independientes, porque a pesar de estar incorporadas al mundo, no se mezclan con él, sino que per­manecen siempre como separadas, separadas de la materia. Frente a esto, las formas son inmanentes, porque se sitúan en nuestro mundo exclusivamente. Son dependientes, porque son siempre formas de la materia, no existen sin ella (excepto el caso muy particular de Dios) y por eso mismo no son autóno­mas: las formas no existen "añadidas" a las cosas al modo de las ideas a la materia, sino que existen en nuestra mente con base en la realidad. Las formas, podríamos decir, están tan poco "añadidas" a la materia y tan mez­cladas con ella, que sólo la mente puede extraerlas. Propiamente, para Aristó­teles no es que los seres sensibles consten de una forma añadida a una materia (que sería un caso más próximo a Platón), sino que el ser sensible es una unidad y el lenguaje humano es el que distingue diversos aspectos de esa unidad. Materia y forma no son elementos de los seres, sino maneras de hablar sobre ellos. Esto es un avance que no estaba en Platón. Para Platón, las cosas estaban compuestas de materia e ideas, y precisamente por eso se hacía muy difícil explicar cómo estaban juntos esos mundos tan distintos. (Platón lo explicaba ‑o más bien lo ocultaba‑ con el término "participación". Para Aristóteles, los seres sensibles son unidades paradójicas, pues siendo uno, tienen muchos aspectos. Materia y forma son maneras de ver las cosas naturales, no elementos o átomos que entran en la composición del ser.

 

POTENCIA

            Potencia se dice del ser en cuanto que puede llegar a ser algo distinto de lo que ahora es. Es la capacidad del ser natural para llegar a ser algo. Cuando decimos de alguien que "es un asesino en potencia" no queremos decir que sea un asesino, sino que puede llegar a serlo. Esa perso­na tiene esa potencia, esa capacidad‑para‑ser. La potencia no es un ser, sino un poder‑ser. Esto es lo que la distingue del puro no‑ser. Para Parménides todo se dividía en ser y no‑ser. Para Aristóteles, la naturaleza nos obliga a hablar de ella de manera distinta a como decía Parménides. Hablando de los seres naturales es imposible quedarse en la dicotomía ser‑no ser, puesto que los seres naturales son cosas que serán (por ejemplo, una semilla no es un árbol pero lo será). Para Parménides el cambio viene del ser o del no‑ser. Si viene del no‑ser, esto es imposible, puesto que el no‑ser no es, y de lo que no es, nada puede proceder. Y si viene del ser, decía que todo lo que viene del ser es y, por tanto, no cambia. Con esto se hacía imposible explicar el movimiento. Aristóteles rompe esta dicotomía. Existe un cierto no‑ser que es un poder‑ser, esta es la potencia. Y la realidad de la potencia se muestra en que unos seres la poseen y otros no, luego hay una distancia entre el poder‑ser y el no‑ser que impide identificarlos: una persona puede ser un asesino, puede llegar a serlo (tiene esa potencia), mientras que una piedra jamás podrá llegar a ser un asesino (no tiene esa potencia).

          Los seres naturales están llenos de potencias, de capacidades‑para‑ser. Para Aristóteles, resumiendo a modo de ejemplo, entre ser asesino y no serlo hay un intermedio, el poder llegar a serlo. El concepto de poten­cia es el principio fundamental en la explicación del movimiento.

 

ACTO

            Acto se dice del ser en cuanto que es; es la realización efectiva de una potencia. En nuestro anterior ejemplo, supongamos que esa persona, asesina en potencia, mata. Al matar se convierte en asesino. Antes era asesino en potencia, ahora lo es en acto. Acto es, por tanto, lo que ha llegado a ser una cosa en un momento determinado.

 

El movimiento se concibe según Aristóteles, como una materia que pasa de tener una forma a tener otra debido a la capacidad de la materia de poder ser otra cosa distinta de lo que es en acto. El movimiento es, sobre todo, el paso de potencia a acto. La materia tiene la potencia de adoptar otra forma. Pasar de una forma en potencia a una forma en acto, eso es el movimiento. El paso del poder‑ser al ser es el movimiento. Observad las diferencias con Parménides: para él, si el movimiento es paso del ser al ser entonces no hay movimiento. Y si es paso del no‑ser al ser, entonces es inexplicable e ilógico. Pero Aristóteles admite y explica el movimiento como el paso del poder‑ser al ser.

 

2.2 CAUSAS DEL MOVIMIENTO

 

Cuando no nos explicamos algo, preguntamos su porqué. Por ejemplo, supongamos que ha habido un accidente de coche. No nos explicamos que haya habido ese accidente, y preguntamos por qué. Si nos responden: "es que el coche se había quedado sin líquido de frenos" ya nos explicamos el accidente. La ausencia de líquido de frenos es la causa del accidente. Del mismo modo, cuando no nos explicamos el movimiento, preguntamos por qué, y las respues­tas que encontremos serán la causa del movimiento.

Aristóteles distingue cuatro causas: intrínsecas:    1. materia

               2. forma

extrínsecas:      3. causa eficiente

                        4. causa final

 

Causas intrínsecas. Son intrínsecas porque se sitúan en el mismo ser que se mueve, no son exteriores a él. Materia y forma también eran principios, aquí los vamos a considerar como causas. Si el movimiento fuera el cambio de una forma a otra, sin un soporte de ese cambio, no se podría explicar. Si el rojo pasa a ser verde, este cambio permanece inexplicable. Hay que suponer una materia que es el sustrato del cambio, ese "algo" que es el soporte de los cambios (por ejemplo, es el semáforo el que pasa del rojo al verde). Más absurdo aún sería explicar el cambio si no hubiera formas. Entonces la materia no estaría organizada, y no podría decirse qué cambia a qué, puesto que nada sería algo, todo sería un gran conjunto amorfo. Causas extrínsecas. Se sitúan fuera del ser que se mueve. Si un trozo de mármol pasa a ser una estatua, nosotros no nos quedamos satisfechos si nos responden: "la materia, que es el mármol, ha adquirido otra forma, en este caso, la forma de Napoleón, esto es lo que explica el paso del bloque de mármol a la estatua". ¿Quién o qué ha efectuado ese paso? ¿Cómo se ha pasado de la potencia del mármol para ser estatua al acto de serlo? Hace falta un escultor: él es quien ha efectuado el cambio. El escultor es en este ejemplo la causa eficiente: aquello que efectúa el paso de la potencia al acto.

Sin embargo, habíamos dicho que Aristóteles tenía una concepción teleo­lógica de la naturaleza: todo va encaminado a su fin. El movimiento queda­ría inexplicado si no tuviera ninguna meta. Puesto que todo lo que se mueve en la naturaleza se mueve hacia una meta, un fin, es necesario suponer una causa final: a causa de ese fin se mueven los seres naturales. De este modo puede decirse que el fin es la causa del movimiento. De no existir una causa final, una meta, sería absurdo el movimiento, no valdría para nada.

 

NOTA SOBRE LOS SERES NATURALES. Habíamos dicho que lo que distinguía el concepto de finalidad de Aristóteles del de Platón es que el del primero es inmanente, frente al trascendente del segundo. Decíamos que los seres natu­rales tienen el fin en sí mismos. ¿Entonces, por qué en la clasificación de arriba hemos puesto la causa final en el apartado de causas extrínsecas, (situadas fuera del ser móvil)? La clasificación de arriba se aplica a los seres artificiales (hechos por la mano del hombre, como en el ejemplo de la estatua. La causa final en la estatua es exterior a ella misma: se hace con el fin ‑por ejemplo‑ de adornar un palacio. No es la misma estatua la que quiere adornar el palacio, sino alguien que no es la estatua: la causa final es exterior a ella). Los seres naturales tienen la causa final en sí mimos, y también la causa eficiente. En los seres naturales no hay que suponer a alguien que los mueva o que les proponga un fin. E1 caballo se mueve por sí solo y nadie tiene que decirle que ha de conservar su vida. En los seres naturales, por tanto, las cuatro causas son intrínsecas. En los artificiales sólo las dos primeras.

 

2.3 CLASES DE MOVIMIENTO

 

           Decíamos que movimiento había que entenderlo en un sentido más amplio, en cuanto cambio. Hay cuatro clases de movimiento:

‑sustancial

‑accidental: cualitativo

                    cuantitativo

                    1ocal

 

El movimiento sustancial produce un cambio esencial en los seres. La madera quemada ya no es madera, sino ceniza. Es el cambio de una materia segunda por otra distinta, con otras cualidades.

El movimiento accidental es aquel en que no se altera la esencia del ser, sino sólo aspectos del mismo que no impiden que sea el mimo ser. Cualitativo, cuando se produce un cambio de cualidad (como la maduración sexual del cuerpo humano). Cuantitativo, cuando se produce un aumento o diminución del ser. Una persona que engorda o adelgaza experimenta un cambio cuantitativo, pero sigue siendo la misma persona. Local, cuando se produce cambio de lugar; es lo que nosotros entendemos por movimiento: todo permanece igual, excepto que el ser cambia de lugar.

 

3. LA ÉTICA

 

La concepción que Aristóteles tiene de la naturaleza va a ser determinante para sus doctrinas éticas. Todo en la naturaleza tiende a su propio fin. La virtud de las cosas está en cumplir su fin. La palabra "virtud" la esta­mos utilizando según el sentido griego. La virtud (areté, en griego) de un cuchillo es cortar bien. La areté de una abeja obrera es fabricar miel. Cortar bien y fabricar miel son los fines respectivos del cuchillo y de la abeja obrera. ¿Cuál es el fin del hombre? La felicidad.

¿Cómo determinar la felicidad? Podemos dejar que cada uno decida cómo ser feliz, dice Aristóteles, pero la ética es una ciencia teórica, y debemos averiguar qué es, en general, lo que llamamos ser feliz.

Vemos que en la naturaleza cada ser busca realizar la actividad que le es propia. ¿Cuál es la actividad propia del hombre? Nótese que Aristóteles se pregunta por la actividad propia del hombre frente a todos los demás animales. Es evidente que el hombre es un animal, y por tanto busca conservarse y reproducirse. Pero lo que se busca aquí es la actividad propia que le distingue de todos los demás animales, aquella que, si no pudiera ejercerla, no le haría feliz. Esta no es otra que ejercer la razón. La actividad propia del hombre es razonar. La felicidad del hombre está en ejercer la razón.

Sin embargo, en nuestro mundo no es posible ejercer siempre la razón: también hay que conservarse como animal, y reproducirse, etc. Por eso la felicidad que el hombre puede llegar a disfrutar en este mundo es siempre limitada.

La virtud del hombre, habría que decir, está en vivir conforme a la razón. Esa es la virtud o excelencia del hombre. Vivir conforme a la razón es todo un arte.

Para Aristóteles la virtud no es innata, ni tampoco reside en un puro conocimiento al modo del intelectualismo socrático. No basta con saber lo que debe hacerse, hay que hacerlo por propia voluntad. Podríamos distinguir así las siguientes notas sobre el concepto de virtud en Aristó­teles:

 ‑es un hábito voluntario. No es un hábito innato. No es un saber socrático.

 ‑es una recta razón.

 ‑es un ejercicio que requiere prudencia y que se realiza en la vida práctica.  La virtud no es una teoría ni un saber, sino un hacer, un vivir.

 ‑es un punto medio entre dos extremos. Por ejemplo, un extremo es la temeridad (por ejemplo, enfrentarse desarmado a unos ladrones armados) y otro la cobardía (no atreverse a denunciarlos a la policía). Entre los dos se sitúa el término medio, la valentía (conservar la calma y efectuar la denuncia). La valen­tía está alejada de la temeridad y de la cobardía, es el medio entre ambas. Ser demasiado valiente es ser temerario. Ser muy poco valiente es ser cobarde. Quien alcanza el punto medio, la justa medida, es valiente. ¿Dónde se sitúa el punto medio? Depende de cada persona.

¿Cuántas virtudes hay? Aristóteles ofrece una clasificación dual: hay virtudes éticas y virtudes dianoéticas (intelectuales). La virtud ética más importante es la justicia. Las virtudes intelectuales más importantes son la sabiduría (para objetos necesarios, como son los objetos de las matemáticas) y la prudencia (para objetos contingentes, como son la familia y el hogar).

¿La virtud hace feliz? No. Además del ejercicio de las virtudes a lo largo de la vida, para vivir conforme a la razón hace falta poseer bienes_corporales (como la salud) y bienes exteriores (como el dinero). Según Aristóteles, un enfer­mo o un pobre, por más virtuosos que sean, no pueden ser felices. Por otra parte, sólo quien ejerce la virtud a lo largo de su vida, y no sólo un momento, puede llegar a ser feliz.

La ética de Aristóteles deriva el deber de la naturaleza del hombre. Asímismo, se sitúa frente a Sócrates: conocer el bien no significa que uno vaya a ser virtuoso; hay que practicarlo en la vida. Por último, y esta vez es un rasgo común con Sócrates y Platón, es una ética intelectualista: la felicidad del hombre está más bien en el aspecto racional, consiste en ejercer la razón. Como en nuestro mundo no puede dedicarse uno a razonar siempre, el ideal se rebaja a vivir conforme a la razón, ya que no, simple­mente, razonar.

 

 NOTA POLITICA. E1 hombre es un "zóon politikón", es decir, un animal ciudadano. La ciudad es anterior al individuo. Precisamente porque el hombre es un animal ciudadano sólo puede ser feliz con los demás. La naturaleza humana es social. Buscar el bien de la ciudad es buscar el bien de todos, buscar su felicidad.

 

 

 

Luis Fernández-Castañeda, IES Mar de Alborán, Estepona, Málaga. Septiembre de 2003

 

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