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SARTRE

  (Por Luis Fernández-Castañeda,  profesor del  IES Mar de Alborán, Estepona, Málaga. Septiembre de 2003)

 

1. CONTEXTO DEL EXISTENCIALISMO

 

Como corriente filosófica, el existencialismo se basa en la fenomenología de Husserl y en la analítica de la existencia de Heidegger. Sobre todo en el caso de Sartre, que es su representante más característico. Como corriente histórica, se trata de un movimiento que surge con dinamismo cultural propio después de la Segunda Guerra Mundial. En medio de una Europa desolada por los bombardeos y, en general, en un mundo que ya conoce el holocausto nazi y la bomba atómica como métodos masivos de exterminio, nace el existencialismo. Desde el principio se alza como defensa de la singularidad humana, de aquello que propiamente constituye al hombre y que podríamos englobar en el concepto de libertad. Pero también ha de cargar con el resultado de la agitadísima y sangrienta historia de la primera mitad del siglo XX: esa carga podría resumirse en la sensación ("nausea" la llamará Sratre) de que la vida es absurda.

 

 

El existencialismo será un moda, sobre todo cuando Sartre decida intervenir activamente en el mayo del 68 francés. Habrá un teatro, una poesía, una pintura y un cine existencialista. En general, todas las manifestaciones de la vida artística quedarán teñidas por esta nueva sensibilidad. El existencialismo pasará entonces de ser una corriente filosófica a ser un movimiento cultural con el que la juventud se siente identificada. Mayo del 68 quedará en el recuerdo de muchos como la última revolución, fracasada, de los europeos. Cuando Sartre muere, en abril de 1980, hace ya tiempo que el existencialismo ha pasado de ser algo vivido a ser, para algunos, un recuerdo, y para otros, que cada vez son más, el capítulo de un libro.

 

 

2. LA FENOMENOLOGÍA DE HUSSERL

 

La fenomenología es un modo de conocimiento que inventa Husserl (1859‑1938) y que se distingue de todos los que hasta entonces se han practicado en la historia del pensamiento. Hasta ahora, el filósofo intentaba conocer la realidad, la llamara como la llamara: idea    (Platón), sustancia (Aristóteles), Dios (Tomás de Aquino), cogito (Descartes), asociación de impresiones (Hume), fenómenos (Kant), economía (Marx), vida (Nietzsche), etc. Vemos entonces que está, por una parte, el deseo o intención de conocer (1) y, por otra, aquello que se conoce o el objeto de conocimiento (2). Lo que va a hacer Husserl es pararse antes de llegar a (2).

 

            Previamente a todo conocimiento efectivo, lo que hay es la intención de conocer. Los filósofos, con demasiada prisa para, llegar a la realidad, nunca se han parado en este simple hecho. Husserl lo llama la intencionalidad de la conciencia. Esto no quiere decir que la conciencia sea un "algo" al que hay que sumarle la intencionalidad, sino que la conciencia es intencionalidad. En otras palabras, que son dos términos que nombran el mismo proceso.

 

Ejemplo de que la conciencia  es intencionalidad.

"La caza" y "cazar" están en el mismo caso que "conciencia" e "intencionalidad": ambas palabras se refieren a la misma actividad, sólo que en un caso como sustantivo y en otro como verbo, pues está claro que la caza consiste en cazar, y la actividad de cazar se llama caza. De igual forma, la conciencia consiste en intencionalidad (tener intención de conocer, de querer, de hacer, etc.) y a la intencionalidad se le llama conciencia.

 

Este hecho no es insignificante, todo lo contrario, porque según sea nuestra intención, así será nuestro conocimiento. Antes de conocer nada, por tanto, lo que se impone según Husserl es analizar cómo es la intención.

 

Ejemplo de cómo la intención determina lo que se conoce. Si, por ejemplo, tenemos que buscar una farmacia de guardia para comprar una medicina a un familiar enfermo, nuestra intención será encontrar lo antes posible una farmacia abierta. Esto hará que no nos fijemos en casi nada más. Cuanta mayor sea la urgencia, más desapercibido nos pasará todo lo que no tenga que ver con esta intención: quizá ni siquiera veamos si el bar de al lado tenía gente o no, ni sabremos decir si había mucho tráfico o si nos hemos encontrado con mucha o poca gente, etc.

 

            La obra de Husserl consiste en analizar cada vez más profundamente qué intenciones tiene el hombre, cuáles son y cómo son, pues sólo así podrá.saberse qué y cómo conoce. Antes, por tanto, de juzgar qué se conoce, o en qué consiste la realidad, Husserl propugna suspender el juicio (epojé) y estudiar la intencionalidad. Cree que haciendo esto podrá juzgarse luego qué se conoce y en qué consiste la realidad. Los filósofos anteriores, al pasar directamente a hablar de la realidad, se enredaron en problemas insolubles.

 

Ejemplo de cómo, según Husserl, para conocer la realidad, antes es necesario analizar la intención. Siguiendo con el ejemplo anterior de la farmacia, si

alguien nos preguntara: ¿qué verá esa persona al salir a la calle?, le responderíamos que toda clase de cosas: casas, calles, coches, gente, tiendas, etc. Sin embargo, hemos dicho que apenas vería nada que no tuviera relación con una farmacia de guardia, que es lo que está buscando. Por tanto, lo mejor para saber qué ve, es saber qué intención tiene, como dice Husserl. Si conocemos su intención y nos damos cuenta de su urgencia, a lo mejor no sabemos qué ve exactamente, pero sí que, vea lo que vea, excepto una farmacia, lo demás lo percibirá de modo confuso o le pasará inadvertido.

 

Para Sartre la conciencia también es intencionalidad. Mientras que los objetos del mundo, como una piedra, una nube o una llave inglesa, son seres‑en‑sí, es decir, están cerrados en sí mismos y no tienen ninguna intencionalidad, la conciencia es ser‑para‑sí: consiste en tener intención de algo. La nieve que cae en un alud no lo hace porque tenga intención de ello: simplemente, está sujeta a leyes físicas. Nuestro cuerpo también está sujeto a leyes físicas, y muchas cosas que hace es sólo debido a estas leyes, o bien a las biológicas. El lobo que caza no lo hace porque tenga intención de cazar (como si tuviera conciencia), sino porque su cuerpo sigue órdenes genéticas y fisiológicas. De entre todos los seres sólo el hombre (que sepamos), debido a su conciencia, actúa libre de toda imposición. Un lobo no puede decidir ser vegetariano, el hombre sí. Una piedra no puede decidir bañarse en un río, el hombre sí. Los objetos inertes y los animales, en comparación, "ya tienen la vida hecha": no tienen que plantearse qué hacer, porque hay unas leyes físicas, químicas y biológicas que les marcan de antemano lo que han de hacer (estructura atómica, código genético). El hombre, en cuanto cuerpo, está regido por leyes físicoquímicas y biológicas. No puede decidir que la gravedad no le afecte. No puede decidir vivir sin comer ni beber. Pero frente a todos los demás seres, las leyes a las que está sometido no solucionan su vida, sino que son como las reglas del juego: lo que tiene como tarea es, respetando estas reglas (pues son inevitables), vivir su vida. ¿Cómo? Como a él le parezca: todo depende de lo que él quiera, de la intención que tenga. En esto es libre y nadie ni nada le obliga si él no quiere que le obligue.

 

 

 

3. LA INFLUENCIA DE HEIDEGGER

 

Fue Heidegger (1889‑1976), discípulo de Husserl, quien más influyó en la idea sartriana de la condición humana. Del mismo modo que en la analítica trascendental Kant redujo toda experiencia posible a doce categorías, Heidegger, en la analítica existencial quiere explicar en qué consiste la situación del hombre y para ello elabora unas categorías especiales. De ellas mencionamos la categoría de proyecto.

 

  E1 hombre no es algo estático, sino que se hace según va viviendo. ¿Y cómo va viviendo? Según el proyecto que él mismo hace de su vida. Las piedras existen, y punto. Los animales viven según sus pautas genéticas, no necesitan plantearse qué hacer. Sólo para el hombre la vida es una cuestión abierta. Precisamente porque sólo él es libre, tiene que decidir qué hacer. Al hombre no se le han dado las cosas ya hechas, como a los animales. Nadie le ha dicho cómo vivir. Para responder a esta pregunta, unos recurren a la ciencia, otros a las religiones, otros recurren a sí mismos, otros deciden vivir pasivamente, sin plantearse nada. Todas estas elecciones son posibles. Heidegger no entra a valorarlas éticamente. Lo que importa es que, antes de toda elección concreta, antes de elegir ser cristiano o ateo, por ejemplo, la situación del hombre es la definida por la categoría del proyecto: no le queda más remedio que plantearse cómo va a vivir.

 

Ser hombre consiste en proyectar qué vida decidimos vivir, y consiste, no menos; en decidir lo proyectado. Y la decisión se toma en una radical soledad, lo que inevitablemente provoca angustia. Pero si el hombre no estuviera solo al decidir, si la decisión no fuera responsabilidad suya, entonces no sería libre. Ser hombre es aquél ser libre que para vivir tiene que plantearse cómo hacerlo (proyectar, decidir). Y también, y no menos, aquel ser que es responsable por completo de su elección, pues es libre y en el fondo nadie le puede obligar a nada.

 

 

4. LA CONDICIÓN HUMANA SEGÚN SARTRE

 

Sartre se verá muy influido por el planteamiento de Heidegger. El hombre es siempre un proyecto: su libertad significa libertad para vivir como quiera, según el proyecto que elija. E1 hombre es esta intencionalidad, (como conciencia que es), esta flecha lanzada hacia el futuro. Un hombre no es una "cosa", un ser‑en‑sí, que pueda ser definido con más o menos exactitud por la ciencia. El hombre nunca puede ser definido, porque no es nada ya hecho (ningún en‑sí). Sartre dirá que su esencia consiste en su existencia, es decir, que la esencia del hombre no es como una sustancia dada de una vez por todas (Platón y el pensamiento aristotélico y medieval), sino que su esencia consiste en que puede ser la "sustancia" que quiera ser: puede ser santo o criminal, de izquierdas o de derechas, padre/madre o no tener hijos, etc.

 

Lo característico del existencialismo sartriano es que el hombre no tiene ninguna guía para su elección: no hay una elección buena y otra mala; no hay un premio para los que hayan hecho elecciones moralmente buenas, ni un castigo para los que hayan elegido el mal; no existe Dios para orientar al hombre. No existe un sentido de la vida que podamos buscar: el único sentido es el que nosotros mismos queramos darle a nuestra vida. Tomada en sí misma, la vida es absurda. Sartre dirá que el hombre es una pasión inútil. Esta es la angustia inevitable que provoca la situación humana: saber y sentir que la vida no tiene sentido y que nosotros, si no queremos caer en la desesperación, debemos dárselo.

 

E1 ser humano está condenado a la libertad, dirá Sartre. No nos queda más remedio que elegir un proyecto, y nosotros somos los únicos responsables de la elección que hagamos. Decir que hemos elegido "presionados por las circunstancias" es siempre mentira: somos radicalmente libres, y no podemos echarle a nadie la culpa de las decisiones que tomamos. Quien hace eso da muestras de mala fe: atribuye a las circunstancias o a los demás una decisión que es sólo suya.

 

 

Luis Fernández-Castañeda, IES Mar de Alborán, Estepona, Málaga

 

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