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Entrevista en Radio Nacional de España a Simón Royo Hernández por Carlos Javier González Serrano a raíz de la publicación del libro: Anarkia / anarcolepsis (Editorial Manuscritos. Madrid 20241), para el Programa de RNE “A la luz del pensar”. Octubre de 2024. (Transcripción y podcast).


 

https://www.rtve.es/play/audios/a-la-luz-del-pensar/anarquia-recuperacion-nuestro-tiempo/16292187/


 

“Efectivamente, cuando se trata de llegar a un mañana, cuando se considera un movimiento como inscrito en la Historia, como progresando hacia algo, se condena a no hacer más que lo que hacen los que mandan, es decir, lo que ya está hecho. Contribuye a crear la ilusión, y a fortalecerla, de que hay un camino, de que hay un mañana hacia el que se va. Y esto, cuando se realiza bien, simplemente quiere decir eso: hacer una y otra vez lo que ya está hecho, puesto que está planeado de antemano” (Agustín García Calvo El último patriarca. Conferencia en Donosti, 19-03-1989).

1.Simón, una pregunta personal para comenzar: ¿eres anarquista?

Parecería ésta una pregunta a la que se puede responder con un sí o un no, pero para ello antes habrá que precisar: ¿Qué significa anarquía? Y ¿Qué significa ser anarquista? Si ser anarquista significa pertenecer a la CNT, estar afiliado al sindicato anarquista español más conocido fundado en 1910 y activo hasta nuestros días, la respuesta es no, pues no estoy afiliado a ninguna institución, aunque comparto mucho de su ideología. Pero si ser anarquista es guiarse por el principio an-arché, por una contradicción a partir de la cual repensar y recrear el mundo, la respuesta es sí, soy anarquista.

Esto requiere una breve explicación. En filosofía sabemos todos muy bien lo que significa el término griego arché, tal término con el que iniciaron el pensar occidental los llamados presocráticos, significa: principio, gobierno, mando, jerarquía. Lo contrario de ese celebre vocablo sería la palabra an-arche, de donde proviene etimológicamente la voz anarquía. Anarquía (an-arché) significa entonces sin principio, gobierno, mando o jerarquía. De modo que cualquiera que se esfuerce por vivir y pensar bajo esa premisa, como es mi caso, se puede considerar anarquista.

De hecho, todos somos an-arquistas, porque como dijera Rousseau en la primera línea del primer capítulo de su Contrato Social: “El hombre ha nacido libre y, sin embargo, por todas partes se encuentra encadenado”. Atendiendo a la primera frase, podemos decir, que, puesto que el hombre nace libre, el hombre nace anarquista, ya que la anarquía es el estado de libertad, presente, pasado o futuro. Otra cosa es que el ser humano se encuentre luego con una sociedad que le encadena. De ese modo en muchos pensadores se pueden encontrar pensamientos anarquizantes, por ejemplo, en todo lo que dice Hannah Arendt sobre la natalidad, la acción y lo nuevo. Puesto que el ser humano nace libre, puede considerarse como anarquista a priori y aunque la pensadora mencionada en función del conjunto de su pensamiento no sea anarquista, en sus reflexiones sobre la natalidad, la acción o lo nuevo, sí que lo es.

Yo, sin embargo, habiendo tenido tendencias anarquistas anteriormente, ahora sí que trabajo en un pensamiento íntegramente anarquista en el sentido expuesto, en un pensamiento an-arché, que perseguimos hoy en día varios filósofos y que bien pudiera servir de actualización del anarquismo clásico decimonónico propuesto por Bakunin, Kropotkin o Proudhon. 

2.En tu último libro, Anarquía/Anarcolepsis, has elegido una manera muy peculiar de expresarte: una suerte de escritura aforística en verso que pretende, justamente, dislocar los lugares comunes del lenguaje para que quien lee no adopte un papel pasivo, sino que pueda crear a la vez que lee. ¿Cuánta dosis de dominio, control o poder se esconde en la manera en que empleamos el lenguaje, Simón?

Fue Nietzsche quien dijo en El Crepúsculo de los ídolos: “Temo que no vamos a desembarazarnos de Dios porque continuamos creyendo en la gramática”.

Yo he querido realizar un libro diferente, distinto, no quería que fuese una repetición, un hacer lo mismo que suele hacerse, todo igual, por eso he tratado de subvertir la identidad de escrituras impuestas por un poder oculto, el académico-institucional, que obliga a una presunta cientificidad e impone la forma y el contenido en los cuales expresarse. Inspirado por la idea nuclear de Reiner Schürmann según la cual an-arché significa sin principio, mando, gobierno o jerarquía, me propuse poner en práctica ese leitmotiv y volcar en nuevo formato lo que bajo tal anti-principio pudiera tener que decir sobre distintos asuntos contrarios al poder y la dominación establecidos.

Primero dilucidé el asunto de modo académico, con un ensayo convencional, según las exigencias de la sociedad, en mi anterior libro titulado: “El sujeto anárquico”, libro deudor de Schürmann y Foucault. Pero luego he querido ya realizar sin limitaciones ni exigencias sociales un libro libre que siguiese y pusiese en obra lo allí indicado. Y así lo hice, a través del ensayo filosófico experimental: “Anarkia / Anarcolepsis”, mi nuevo libro. Después de tanto hablar sobre pensar de otro modo, sobre hacer algo diferente, sobre indagar libremente en la pluralidad, no solamente se trataba de no seguir haciendo lo mismo, sino de hacer otra cosa, una labor distinta de las que venía haciendo y se vienen haciendo, un pensar y hacer de otra manera, sin fundamentos, jerarquías e imposiciones. El resultado ha sido el presente libro del que hablamos hoy aquí, un ser que ha cobrado viva propia y cuyo destino ya se me escapa.

3.En una de las entradas de Anarquía/Anarcolepsis escribes lo siguiente: “En pantallas te dan la vida que no tienes para que creas que la tienes por el mero hecho de mirarla sin verla”. ¿Miramos mucho y comprendemos poco, Simón? 

La entrada sugiere que el ver es mucho más profundo que el mirar y que el pensar es mucho más profundo que el conocer. Como bien dijiste antes pretendo que el lector ralentice su lectura y sea participe de un pensar las cosas en-común, porque como dijese Heráclito la inteligencia es común, aunque cada cual cree tener una propia, luego inteligir, comprender, es tarea colectiva.

4.Te confieso, Simón, que tengo una amiga que se declara anarquista por convicción y que sufre mucho porque asegura no poder serlo: haga lo que haga, vaya donde vaya, están las garras del poder. ¿Se puede ser anarquista en un escenario donde el poder ya no es ni siquiera líquido, sino gaseoso, y se inmiscuye en todas las facetas de nuestra vida?

Ya te contesté a eso cuando hemos hablado de Rousseau, si se nace libre, se permanece más o menos libre, aunque nos vayan y nos vayamos cargando de cadenas. A esa atmósfera de opresión que nos envuelve, incluso gaseosa como bien dices, la denomino el gerontoplasma, adherido a nuestro cuerpo, en su interior y exterior, como un virus o una capa de barniz, lo primero entonces es activar nuestro sistema inmunológico, nuestra libertad, resistir, actuar y pensar de forma anti-principial, en contra de los principios, gobiernos, mandos y jerarquías, de ese modo nos vamos limpiando, pero lo segundo es actuar y pensar de forma a-principial, esto es, novedosa, fomentando la invención y la creatividad, colaborando en la creación colectiva de nuevas formas de pensar y de actuar, es decir, de vivir. De modo que se puede ser anarquista incluso en un mundo opresivo como el nuestro que busca la administración total de la existencia humana por medio de diferentes dispositivos biopolíticos. Se puede, aunque resulte difícil y arriesgado. 

5.En Anarquía/Anarcolepsis mencionas varias veces la divinidad o a Dios. ¿A un anarquista sólo le queda el ateísmo? ¿No puede un anarquista creer en Dios? 

Al igual que entre los pensadores, en los escritores, los artistas o los científicos también pueden encontrarse tendencias an-arquicas. Por ello, aunque el anarquismo es eminentemente ateo y tiene por lema: “Ni Dios ni Amo”, pues Dios significa en las ortodoxias religiosas jerárquicas la cúspide de la pirámide, no es imposible encontrar en los movimientos religiosos más cercanos a la mística y más próximos a la herejía, entre los más alejados de la ortodoxia y el dogmatismo, componentes anarquizantes.

Dentro de los movimientos cristianos en la mística de Meister Eckhardt, San Francisco de Asis, Joaquin de Fiore o Jacob Bohme, encontramos no poco anarquismo, como podemos rastrear también en el sufismo islámico o en el budismo zen japonés.

6.Escribes en tu libro: “El inmundo deprisa no para no se detiene parpadea destella habla”. Numerosos pensadores y sociólogos hablan de la necesidad de la pausa, del tiempo de la contemplación, al decir de María Zambrano. Pero ¿basta con ralentizar nuestros tiempos para poder eludir los grilletes de la rapidez, la eficacia y la aceleración?

Recogiendo algo de la pregunta anterior para contestar, el místico conocido como el Maestro Eckhart, dijo en uno de sus sermones: «Muchas gentes no comprenden esto. No estoy sorprendido puesto que el hombre que debe comprender debe estar muy desapegado y elevado por encima de todas las cosas». Para desapegarse, un distanciamiento es necesario, el desasimiento del gerontoplasma requiere desprenderse de las sujeciones que tenemos adheridas a nuestro cuerpo y a nuestro espíritu, siendo la aceleración, el vertiginoso correr de un ratón en una rueda que gira cada vez más deprisa, uno de los principales modos de sujeción. Pausar y contemplar no es condición suficiente pero sí que es condición necesaria para la liberación y recuperar el privilegio de la acción libre. Sin detenerse no se puede ver, sino que se mira fugazmente lo que transcurre con celeridad. Mucho de lo que se mira resulta prescindible y para reorientar la mirada hacia el ver hay que parar y prestar atención a otras cosas, cosas que no son las tendencias dispuestas por el marketing vigente.

7.Pregunta sin anestesia, Simón: ¿nos enferma el modo de vivir hoy aceptado o normalizado?

Ya Deleuze sugirió que la esquizofrenia era una enfermedad del capitalismo, otros han sugerido que nuestro mundo es psicótico o bipolar, oscilando entre la euforia y la depresión, como le pasa a la Economía: la Bolsa sube o baja según esté contenta o deprimida, lo que parece un chiste, pero así es el vocabulario que se emplea. Desde luego que la normalización nos enferma, la rutina nos quema, aunque, hoy se denomina enfermedad a cualquier desviación de la norma. El consumo de ansiolíticos y otras drogas legales de la industria farmacéutica, se dispara, de modo el número de adictos es muy superior al que nos dicen las encuestas sobre consumo de drogas ilegales.

La presión social sobre el psiquismo es enorme desde la niñez y aunque el ser humano tiene un corazón que aguanta, son cada vez más numerosos quienes se rompen, quienes al cabo de mucho tiempo de padecer y aguantar la exigencia de una normalidad en la que no encajan, acaban cayendo, aumentando enormemente las tasas de depresión, suicidio y de enfermedad mental. El filósofo Carlos Javier González Serrano, que tengo delante, dijo en una reciente entrevista: «Contaminamos a niños y jóvenes con los criterios adultos de utilidad y rentabilidad. Entrenarlos desde pequeños para ser productivos y eficientes olvida la meta principal de la educación: transmitir libertad». Eso has dicho tú con lo que estoy en plena sintonía. El modo de vivir hoy aceptado y normalizado al que te refieres es un modo de vivir impuesto, no libremente elegido, que te dice cómo se tiene que vivir de manera uniforme. Forma de existencia perteneciente a un sistema que se acepta a regañadientes por pensar que otro mundo no es posible impuesta por el sistema capitalista, que, con su darwinismo social, nos somete a un malestar en la cultura cada vez mayor. 

8.Dices que “El arte puede romper el cerco”, “unirnos” y ponernos “en contacto con la libertad”. ¿A qué cerco te refieres y qué puede hacer el arte exactamente para atravesarlo?

 Como el acontecimiento del arte es esencialmente innovación y creatividad es su vocación la de romper el cerco de la eterna repetición de lo mismo.

9.Las dos últimas preguntas que lanzo a todos mis invitados: ¿qué es la libertad para Simón Royo Hernández?

Sintetizando concisamente diría que la LIBERTAD es el despliegue de las potencialidades de cada cual, sin trabas, sin cauces preestablecidos ni imposiciones externas. Libertad es llegar a ser el que se es, ES: ser y dejar ser. 

10.Un libro, un autor o una autora que te cambiaron la vida, Simón.

No tengo solo un solo autor o autora. Si nos referimos al papel de la lectura en la transformación de uno mismo pues creo que todos los autores que he visitado han transformado mi vida en mayor o menor medida. Pero como uno de los autores que más me ha influido mencionaría a Nietzsche, aunque como libro, si hubiese de mencionar uno de los libros que más me ha impactado, diría que Tristes trópicos de Lévi-Strauss.


 


 


 

 

 

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