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Kairós, parusía y haber llegado a ser como elementos constitutivos de la vida fáctica. La recepción que Heidegger hace de San Pablo.

Prof. Dr. Miguel Ahumada Cristi

Universidade Federal da Integração Latino-Americana, Brasil.


 

Presentación

Es de creencia cristiana que Jesucristo interviene en la historia con el fin de establecer para siempre un modelo de vida capaz de guiar al ser humano hacia Dios, para conseguir su salvación y merecer el Reino de los Cielos. Por lo tanto, como lo apuntan los teólogos, la intervención del Cristo es de finalidad divina salvífica. Resta al hombre, en su libre albedrío, aceptarla o rechazarla, siguiendo o no las enseñanzas del Nazareno contenidas en el El Nuevo Testamento, documento testimonial escrito por cuatro de sus primeros doce apóstoles, los evangelistas, más las enseñanzas de otros de ellos, como Saulo de Tarso, sin duda el más conspicuo de todos. Saulo adoptaría en su Ministerio el nombre de Pablo, a quien conocemos como San Pablo.

Desde las comunidades protocristianas, la vuelta de Cristo ha significado para la cristiandad la esperanza de la vida eterna y la salvación. En La Biblia, Cristo personalmente enseña cómo esperar ese día, a lo que se suma la importante aportación de San Pablo, que inspirado por Cristo, desde que este se le presentó camino a Damasco, establece de modo definitivo cómo será ese segundo advenimiento y de qué forma se lo debe esperar, que en síntesis es adoptar un modo de vida cuyo eje central es el más irrestricto amor al próximo. Este amor, a su vez –como lo fundamentaría más tarde San Agustín–, lleva al cristiano a la unión con Dios.

Luego de su calvario, resurrección y muerte por mano del hombre, el llamado Hijo de Dios resucitó para, después de una breve estancia en la Tierra, ascender en cuerpo y alma a los cielos, aunque prometiendo a sus apóstoles que volvería. El nuevo advenimiento del Hijo es la parusía (gr. παρουσία, presencia o vuelta), con que Dios encarnado ha de dar fin a la historia. Ese día final de la historia es indeterminado, puesto que Jesús no dijo explícitamente cuando llegaría, solo mencionó que vendría sin dar previo aviso y en cualquier instante, incluso durante la propia generación en que predicó la Buena Nueva. En consecuencia, el ‘buen cristiano’, a la manera de la parábola de las vírgenes, se mantiene en constante alerta sobre la segunda venida de Cristo, que se trata de un vivir pensando que cada día contiene la posibilidad de que se produzca la parusía.

Martin Heidegger ve en esta experiencia y forma de vivir una interpretación de la vida misma; ergo, un modo de vida que la Filosofía no puede soslayar. Por ello le interesa de sobremanera hacer de la Filosofía un modo de vida que oriente al ser-en-el-mundo (Dasein), situándolo en el tiempo y en el horizonte de sus posibilidades, en un presente relevante y significativo que denomina kairós. Dasein se ve enfrentado en la vida fáctica hacia las posibilidades que el vivir en su transcurso diario le va presentando.

Nos preguntamos entonces: ¿qué relación existe entre el kairós que marcó la vida de los cristianos primitivos con el kairós del Ser-ahí?, ¿cómo Heidegger acoge este tiempo importante en la forma de vida de los primeros cristianos y lo articula hacia su filosofía? El ‘haber llegado a ser’ es fundamental para responder esta pregunta, ya que la forma de vida de los primeros cristianos y su ‘haber llegado a ser’ constituye el modelo de vida, formalmente considerado, a seguir de Dasein. Es precisamente esto lo que veremos a continuación, guiados por las relaciones que hace Heidegger de la experiencia protocristiana con los caracteres existenciales del Ser-ahí.

 

La vida fáctica

Como sabemos, Heidegger es autor del término Dasein1 (Ser-ahí), caracterizado como un ser-en-el-mundo capaz de interpretar, necesitado de interpretación y en estado de interpretado2. Todo aquello en cuanto se desenvuelve en la vida fáctica: un arrojo al mundo del cual no se puede ‘escapar’ hasta la muerte. Esta visión del ser es para Heidegger un modo de vivir rodeado de posibilidades, hasta «dejar de ser», o bien, la posibilidad más extrema de Dasein, la muerte (HEIDEGGER, 1980).

La vida fáctica para Heidegger es la vida que se hace en lo diario. Con esto quiere significar que la vida humana es interpretación que le otorga a aquello que ocurre en la cotidianidad. En efecto, la vida humana es una vida vivida desde el viviente, que desde dentro se interpreta como un proceso de centro interno que se vive en primera persona, porque “la esencia del ser-ahí está en su existencia (…) y es un ´yo soy´, ´tú eres´. Y el ser ahí es en cada caso mío, a su vez, en uno u otro modo de ser” (HEIDEGGER, 1980, p. 39). Es esta vida la que tiene significado en Heidegger: hacer la vida desde lo cotidiano (lo fáctico) y con sentido. Señala: “la interpretación del ser-ahí está dominada por la cotidianidad, por aquello que se acostumbre a decir sobre el ser-ahí y la vida humana” (HEIDEGGER, 2006b, p. 40).

Menester es volver a mencionar que Heidegger orienta έρμηνεύειν (hermeneuein; hermenéutica) hacia el fenómeno de la facticidad. Esta es la forma del interpretar de la facticidad. En este sentido, su hermenéutica de la facticidad indica necesariamente que el ente tiene su ser como interpretador y necesitado de ser interpretado y que este mismo ser se encuentra en un estado de auto-interpretación. En efecto, quiere significar el cómo la vida se va entendiendo reflexivamente a sí misma para poder tener conciencia del qué y el cómo se desea vivir, desde lo cotidiano hacia las demás espacios en-el-mundo (AHUMADA, 2011).

En suma, Heidegger sostiene que la vida es en última instancia Ser-en-el-mundo, Dasein: ´soy´ en el mundo, un viviente situado en un horizonte de significaciones que remiten unas a otras. Por ello es que Heidegger afirma que los acontecimientos de nuestra vida fáctica resultan ser significativos, lo que implica necesariamente la interpretación de la vida misma. Existir, ser en el mundo, tiene su génesis en la comprensión de ser, en el sentido radical de comprensión del sentido de ser. Al respecto, Escudero (2001, pp. 179-180), señala en este caso que έρμηνεύειν de la facticidad es filosofía que tiene como objeto la auto-interpretación de nuestra cotidianidad como un elemento que nos lleve a conocernos y situarnos en el mundo.

 

Kairós y Parusía como elementos de la facticidad

Cuando se habla de kairós se suele comparar con chronos. Ambos son tiempos, aunque con cualidades distintas. Mientras que chronos es un tiempo cósmico, es decir, medible, kairós es un tiempo inconmensurable, atemporal e infinito (MARTINS y et. al. 2012). No obstante, este último tiempo puede entenderse también como aquel en que la vida, el ser mismo como existente se juega una decisión mayor, i. e., es un tiempo en que se presenta un acontecimiento que puede generar un cambio importante en nuestras existencia, v. gr., la muerte de un ser infinitamente amado, o lo más importante para un cristiano, el día de la parusía. Pues este es el tiempo que a Heidegger interesa, y en la forma en que San Pablo lo presenta en Cartas de Pablo a los Tesalonicenses.

παρουσία es, como se ha observado, la segunda venida de Jesús a la Tierra y que pondrá fin a la historia. Para los cristianos, en la parusía se producirá la unión definitiva y colectiva de sus almas con Cristo, en un espacio también definido que podría calificarse como un eterno Reino de los Cielos, cuestión tratada a fondo por San Pablo en su Epístola a los Tesalonicenses. Es precisamente en estos pasajes del Nuevo Testamento en que Heidegger presta la mayor atención al problema del modo de vida de los primeros cristianos, como un elemento constitutivo de la facticidad.

Para San Pablo, la vida tiene sentido si se vive el día en espera de la parusía. Los tesalonicenses viven la experiencia del kairós, puesto que su vida transcurre enteramente en espera del momento en que la historia llegará a su fin. Para San Pablo, el aspecto más importante de la vida de los tesalonicenses es el aguardo de la parusía, viviendo kairós mientras se espera. De esta forma, el cristiano debe estar preocupado de no pecar, es decir, de no estar viviendo en pecado en el instante de la parusía (de ahí que la frase común entre los cristianos, ‘que Dios nos pille confesados’, no sea pura casualidad). Esta es precisamente la actitud de alerta que hemos mencionado y que caracteriza la forma general de vida de las comunidades protocristianas, a las que San Pablo les dijo: «sobre esto hermanos, no necesitan que les hable, pues saben perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en plena noche»3

Esta es una de las grandes razones que favorecen que el ‘fiel cristiano’ esté incesantemente preocupado por su manera de vivir, ante la posibilidad que se le presenten situaciones que puedan inducirlo, en su condición de criatura débil, a pecar. Para Heidegger el Ser-ahí se desenvuelve en un horizonte de posibilidades, irrelevantes, relevantes y determinantes, que se van dando en la vida fáctica misma.

 

Heidegger y la recepción que hace de San Pablo: el haber llegado a ser

El Nuevo Testamento, como hemos apuntado, ofrece a sus seguidores el cómo esperar al Salvador en su segunda venida. Es precisamente en esta espera que los tesalonicenses vivieron el kairós. Esto se puede explicar de la siguiente forma: a partir de la sentencia ‘Cristo ya vino’, que nos remite al pasado, entendemos el kairós como vivido en el presente; la parusía, por otra parte, se espera, i. e., es futura. La parusía, entonces, da lugar a una espera desde el ‘ya vino’, puesto que tiene su génesis en la primera venida de Cristo.

El kairós es el ‘presente’ que a Heidegger interesa, puesto que precisamente este tiempo es el más determinante que se da en la vida fáctica. Dicho brevemente, Heidegger diría que es en el kairós donde vivimos nuestra facticidad; es decir, un vivir que indica que en cada día se pueden tanto abrir como acabar todas las posibilidades (LÓPEZ, 2014).

Según Uscatescu (2006), la vida fáctica se entiende en la perspectiva cristiana como un «haber llegado a ser cristiano», y el saber de esto mismo constituye una unidad, la facticidad de la vida cristiana. Esta facticidad es un giro hacia Dios, cuya máxima forma de vida es la que se vive en la esperanza de la posible παρουσία4. Y esta venida, que precisa de kairós, Heidegger la interpreta hacia su filosofía a partir de algunas bases clave:

Augenblick5 (al., literalmente pestañeo) es uno de los términos que utilizar Heidegger para explicar la importancia del kairós, que se da en el presente y al instante. Augenblick representa el momento justo que nos pone en la situación de escoger una posibilidad que se da en la vida fáctica. Ejemplo de Augenblick podría ser el siguiente: un estudiante de Filosofía, en su diario vivir conforme a sus estudios, no pueden entenderse como el mismo tiempo/acontecimiento las siguientes situaciones: la espera y preparación para una clase ordinaria de Estética que la espera del resultado de su examen de grado, cuyo resultado traería la consecución o no de la carrera de Filosofía. Otro ejemplo puede ser el siguiente: una mujer escucha el mismo programa de radio diariamente, sin mayores consecuencias en su vida; sin embargo, en cierta ocasión, en su cotidiana acción de escuchar aquel programa radial un comentarista que dice algo fundamental para su vida, cuyo discurso le hace ver de otro modo el mundo en el que vive. Pues de esto se trata Augenblick: un tiempo/acontecimiento inesperado que, en un abrir y cerrar de ojos, y en la cotidianidad de la vida, trae como resultado un cambio significativo en la forma de interpretar el mundo y de interpretar-se en él.

Como sabemos, la gran mayoría de los cristianos primitivos, antes de ser tales, vivían su cultura religiosa en el llamado paganismo. Muchos de ellos, luego de haber escuchado a San Pablo, transformaron su cultura religiosa. Justamente esto constituyó su Augenblick; o bien, su presente y posterior kairós. En este escenario, es posible pensar que Augenblick es kairós para Heidegger.

Rodríguez (1993, p. 193) sostiene que si el ser se encuentra inmerso en las posibilidades puede proyectar dos sentidos: en el terreno de lo posible está la facticidad que ya se es, y porque desde lo posible es como se comprende y se asume la facticidad dada. Segundo, el haber ya sido (pasado) no es posible que pueda ser expulsado de la facticidad de Dasein, puesto que no puede ser entendido como el conjunto de acontecimientos de nuestra vida anteriores a un ahora, y que como tales ya han pasado, sino como algo que está presente en la propia proyección de lo posible, que viven en ella. Heidegger señala que San Pablo ha entrado en la vida de los tesalonicenses. Esto, desde otra perspectiva, entendido como un ‘haber llegado a ser’ de San Pablo mismo, puesto que está incluido en aquella comunidad cristiana. En esta línea, el filósofo alemán sostiene que

su haber llegado a ser está enlazado con su entrar en su vida (…). Estos lugares subrayan que los tesalonicenses existen para San Pablo, porque él mismo y ellos están mutuamente entrelazados en su haber llegado a ser” (HEIDEGGER, 2006, p. 119)

Este ‘haber llegado a ser’6 para Heidegger no es un acontecimiento cualquiera en la vida (no es un tiempo cronológico) sino que es, “co-experienciado continuamente, de modo que su ser en el ahora presente es su haber llegado a ser” (HEIDEGGER, 2006, p. 119). Co-experienciada porque San Pablo en el haber llegado a ser de la comunidad tesalónica pudo llegar a ser en sí mismo. Recordemos que a pesar que Dasein vive en primera persona, necesita la experiencia del otro, como un acto de interpretar e interpretarse7. Este haber llegado a ser, desde San Pablo, debe ser entendido como un caminar ante Dios y un persistir, cuyo aceptar es precisamente situarse dentro de la propia vida y sus necesidades. Recordemos que Heidegger sostiene que la vida fáctica es una vida vivida desde dentro, en primera persona. Por esta misma razón es que es propio del ser humano ‘ser su pasado’, ya que el pasado está activo, aun como posibilidad, para reconfigurarse en la vida fáctica.

Para Heidegger, la fe cristiana es también un estado de ‘preocupar-se’, mas no en un sentido psicológico, puesto que se trata de un ‘estar alerta’ ante la posibilidad de lo importante (kairós). Esta posibilidad, por cierto, solo puede darse en un Augenblick, es decir, en el tiempo kairológico similar al presente en la forma de vida de los primeros cristianos que esperaban en la vida fáctica el instante de la segunda venida de Cristo. En efecto, παρουσία y su cuándo dependía exclusivamente del comportamiento de estas comunidades, cuyas principales armas fueron la fe y el amor al prójimo (LÓPEZ, 2014).

Los cristianos siguen esperando la parusía, desde el tiempo en pasado, el ‘ya vino’, y el que se vive, ‘el fáctico’, hasta el advenimiento de la segunda venida del Salvador, que se sitúa en el futuro. Esta forma de vida no calcula el tiempo, sino que orienta las vidas y de ninguna forma las cuantifica. El tiempo cronológico no es, pues, el que marcó la vida tesalónica, ni será el tiempo en cual el Dasein se desenvuelva.

Interesa a Heidegger el cristianismo primitivo porque ve en esta forma de vida el sentido original de la experiencia cristiana. También aquí se encuentran elementos que dan luz sobre sus propias concepciones de lo que es para él la Filosofía. Los primeros cristianos no siempre fueron cristianos. Muchos de ellos no nacieron al cristianismo, sino que tuvieron un renacer inspirado por Cristo, tal como lo expresa San Pablo en sus epístolas. El modo de ser de los cristianos iniciales se ha de definir por su modo de ser ante Cristo, v. gr., ante la palabra de Dios, modo de ser que está determinado por la seguridad de la parusía. Dice el filósofo que “el haber llegado a ser se entiende de tal modo que, al aceptar, los que aceptan entran en un complejo efectual con Dios (…). Lo que es aceptado afecta al cómo del comportarse en la vida fáctica” (HEIDEGGER, 2006, p. 121).

Para Heidegger, esta conducta protocristiana tiene acogida en su Filosofía, en el sentido de mi tiempo, mi contexto, en relación de ser orientado a la vida fáctica, ya que la vida cristiana está en espera de kairós, y Dasein tiene la posibilidad de Augenblick (que es su kairós). No obstante, aun importándole la forma de vida de las primeras comunidades cristinas, no es Dios de su interés filosófico, puesto que el Ser-ahí se encamina, por vivir en primera persona, hacia el mismo y no hacia Dios8. En verdad, le interesa San Pablo por el modo de vida fáctico de los cristianos primitivos, pues para Heidegger el fin último (τέλος) de la vida no es Dios o la παρουσία, sino τέλος que se encuentra vacío, y no tiene rostro. Después de la muerte no hay algo de lo que se pueda hablar o precisar, porque ‘el ser deja de ser’, ya no es y no vivió su muerte como para poder interpretarla, más que reconocer su finitud en la muerte misma. Esto nos indica que Heidegger aleja a Dasein de Dios como posible τέλος.

De acuerdo a Heidegger el pasado no es un tiempo del cual nos podamos apartar fácilmente, pues gracias a las decisiones tomadas en aquel tiempo es que nos hemos constituido hoy, en el presente. En otras palabras, gracias al pasado es que hemos llegado a ser como somos. Y no lo que somos, pues en Heidegger, al dirigirnos a un télos, siempre ‘estamos siendo’, no somos una existencia definida, por el hecho que en cualquier momento puede abrirse la posibilidad de un Augenblick.

Para el apóstol Pablo, la vida se debe vivir como en espera de la parusía, en la forma de kairós. Para Heidegger, el tiempo fundamental es Augenblick que, grosso modo, es el momento justo en que alguna posibilidad puede traer consigo un gran cambio en nuestras vidas. La parusía, no obstante, se acerca al pensamiento del filósofo porque cuando, a decir de los cristianos, se espera el segundo advenimiento de Cristo, el presente es de suyo importante, pues este puede llegar en cualquier instante, ya que «sabido es que cual ladrón de noche, así vendrá». Dasein, en este contexto, significa la facticidad con sentido (auténticamente), v. gr., vivir en la posibilidad de un kairós. En este punto tal vez no podamos agregar nada más a lo que piensa ya Escudero: “la auténtica relación cristiana con la parusía no reviste primeramente la forma de la esperanza de un acontecimiento futuro (…) el kairós de la parusía tiene lugar en la plenitud de los tiempos” (1999, p. 387).

Los tesalonicenses tienen la experiencia de kairós. Heidegger señala que es precisamente en kairós donde vivimos la vida fáctica. Tanto para Heidegger como para San Pablo el cristianismo es una fe preocupada del momento y del futuro, es una vida en alerta. No se sabe lo que va a pasar, pero sí se sabe cómo esperar. Pablo enseña a todo cristiano a vivir el día a día en espera de la parusía, mientras que Heidegger relaciona esta forma de vida con el tiempo en que se sitúa el Ser-ahí y las posibilidades que lo lleven a la plenitud, es decir, el modelo de su ser.

 

Parusía en San Pablo y la relación de la vida fáctica con su fin como anticipación de la muerte propia en Heidegger.

Para iniciar este segundo aspecto, estrechamente vinculado al anterior, retomaremos algunas ideas: en Hechos, es posible observar que la comunidad tesalonicense antes de adoptar la Palabra tenía dudas acerca de lo que sucedería después de la muerte, sin embargo, luego de escuchar a San Pablo llegó a ellos la denominada Verdad Revelada, que consiste en vivir conforme las enseñanzas de Cristo, el Mesías, quien volverá en cualquier instante para llevar a los fieles al Eterno Reino de los Cielos. Por cierto, tal asunción no es simple de merecer, ya que Cristo, al dejar establecida la forma de vida, con todos sus valores a seguir, sus prohibiciones y deberes, aquella comunidad no sólo tuvo que aceptar a Cristo, también debió cambiar considerablemente su forma de vida hacia el modelo de vida narrado por San Pablo. Se les dijo, además, que los que están muertos están más bien descansando y aguardando el regreso de Jesús (San Pablo, Tes. I y II).

 

Heidegger y el fin como anticipación de la muerte propia.

De acuerdo a Heidegger, “la cotidianidad es en efecto justamente el ser entre el nacimiento y la muerte” (1980, p. 255). Dasein, situado en la vida fáctica vive su vida interpretando las posibilidades como una manera de anticiparse a la muerte, el saber que el ser llega al fin. En efecto, el fin de la existencia se da mientras se puede estar proyectando hacia ella; el ser, entonces, es ‘ser relativamente para la muerte’. Pero esta espera, que tiene carácter temporal, se da en la cotidianidad, y esto hace ignorar voluntariamente el acontecer futuro de la muerte, puesto que de esta forma el Ser-ahí se escapa de la preocupación de morir. Aquéllo, ya que la envolvente cotidianidad le otorga otras preocupaciones de acuerdo a las posibilidades que se le presenten en la vida fáctica. Y aún sabiendo que su ser tiene ‘fin’ en la muerte, la anticipa en lo fáctico; y a pesar de apaciguar la preocupación de morir, el Ser sabe que debe tener conciencia de una muerte cierta (AHUMADA, 2011). Veamos:

La vida fáctica está llena de acontecimientos que nos hacen escoger entre posibilidades, pero la vida misma espera un fin, un descanso sin retorno, a decir de Heidegger, la posibilidad más extrema, la muerte propia. La relación que tiene el Dasein con su finitud; es decir, hasta donde llega lo define como un ser-para-la-muerte. Por lo tanto, la muerte no se cumple como las otras posibilidades, porque la muerte es la finitud, es determinante e ineludible. En consecuencia, la muerte no se vive porque “saca al ser ahí justamente de la posibilidad de experimentar este tránsito [del ser al no ser] y de comprenderlo como experimentado” (HEIDEGGER, 1980, p. 260).

No obstante, el Ser-ahí tiene nociones de la muerte por la experiencia de muerte de los otros. Pero estas referencias se proyectan solo como un fin posible, que como posibilidad es indescriptible, porque solo se puede entender como un fin que jamás deja de ser posibilidad, ya que no es una posibilidad común que en lo ordinario termina por acabarse. Por ello es que se puede entender como un vuelco del ser del “Ser-ahí” al ya “no Ser-ahí”, y no como un saber que se experimenta en la muerte, ya que la muerte es en sí, no experenciable. Heidegger sostiene en este caso que “el morir no es un hecho dado, sino un fenómeno que hay que comprender existenciariamente, (…) que es peculiar en cada caso” (HEIDEGGER, 1980, p. 262).

En este punto, menester es hacer una distinción: la vida, de alguna manera, no es morirse, sino abrirse en ella, darle sentido, y este sentido es la proyección que hagamos de nuestra vida pasada que remitimos hacia el presente en relación a las posibilidades que se nos van presentando, y aún sabiendo que la vida tiene un horizonte último de todos los proyectos y posibilidades, no referimos a la muerte, que en si es irrealizable. De este modo es que “la anticipación de la muerte reconcilia al ser-ahí con su finitud” (ESCUDERO, 2001, P. 188). Sobre esto, Vattimo sostiene que “la muerte está caracterizada por el hecho de que más allá de ella nada más le es posible al Dasein de como ser en el mundo” (1996, p. 48)

El fin, es decir, la muerte, no necesariamente encierra a Dasein como un dejar de ser, aún sabiendo de su muerte y no ‘queriendo’ saber de ella, sino más bien le abre camino en las posibilidades que se presentan en su vida fáctica. El anticiparse a la muerte representa el aceptar la muerte, no entendida como un pensar en ella constantemente – ya que lo cotidiano me saca en parte de esta preocupación– sino como un aceptar “de todas las otras posibilidades en su naturaleza de puras posibilidades” (VATTIMO, 1996, p. 48). Por ello es que Dasein continúa proyectando su vida a modo de seguir escogiendo entre las posibilidades que se le presentan en la vida fáctica. Por eso, ante la posibilidad tan pura y la vez tan extrema como la muerte, el ‘fin’ rompe lo fáctico y nos paraliza en todas nuestras actividades. El encaminarse de Dasein anticipadamente hacia la muerte en Heidegger es encaminarse “hacia su haber sido como posibilidad más extrema, que se anuncia inmediatamente con certeza y a la vez con plena determinación” (HEIDEGGER, 2006, p. 44). Nada más hay.

Ahora bien, este anticipar al haber sido (entendido como el fin) como un arranque de la muerte, arroja al ser ahí, es decir, lo regresa, a la cotidianidad. Es en lo cotidiano donde recupera el cómo y el qué, y vuelve a proyectarse y planificar su vida fáctica. En definitiva, Heidegger sostiene que el ser se anticipa a la muerte con una certeza indeterminada9 donde la posibilidad que nunca deja de ser posibilidad es el fin, por ello es que el ser es ser-relativamente-al-fin.

 

El fin de San Pablo y el fin de Heidegger

Heidegger (2006, p. 260) piensa que el ser muerto ya no es la persona fáctica, pero aquel ser que dejó de serlo ha dejado en nosotros su mundo y desde este mundo las personas pueden ser con ella todavía. El cristiano, por el contrario, espera la muerte para llegar a otro mundo después de éste, el Reino de los Cielos comienza con la parusía. En efecto, Heidegger sostiene que el Ser-ahí deja de ser con la muerte, su finitud es indeterminada y vacía porque el ser ya no es, su fin es, ‘en realidad, la nada’. En cambio en la Fe cristiana, el ser no deja de ser con la muerte, ya que le espera el fin de la historia con y en Cristo, en su muerte el buen cristiano alcanza su eternidad. Por ello es que San Pablo caracteriza al cristiano como un ser relativamente hacia Dios, en donde el ser deja de ser humano para convertirse en eternidad. En cambio Heidegger caracteriza al Dasein como un ser relativamente hacia la muerte, cuyo fin es la nada (el vacío) porque el ser deja de ser (VATTIMO, 1996).

El fin descrito por San Pablo, la parusía, y el horizonte de Heidegger, pueden ser correspondidos sólo como un fin que determina la existencia, pero en ninguno de los dos casos el fin es cuantificable. Para Heidegger el fin es indeterminado, porque al igual que la parusía puede llegar en cualquier instante.

En la cotidianidad el Ser-ahí debe saber que las posibilidades se pueden acabar, Se determina como un ser que obra proyectando su vida día a día al igual que el cristiano espera la parusía.

 


Reflexiones finales

El tiempo en la filosofía de Heidegger es fundamental. El filósofo sostiene que kairós el momento justo en que se puede presentar una posibilidad que cambie la vida del Ser-ahí –su modo de vivir y la interpretación que haga de ella– hasta en un giro completo. Aquéllo lo encuentra precisamente en las epístolas de San Pablo a los tesalonicenses y lo utiliza para caracterizar el modelo de vida del Ser-ahí, alejando, de todos modos, a Dios de Dasein.

Para Heidegger el cristiano vive un presente distinto al de la vida cotidiana común, puesto que vive esperando el instante (kairós) que pondrá fin a la historia. En este sentido, el Ser-ahí imita este modelo de vida, y si bien no precisa creer en Dios como fuente de salvación, necesita una mudanza trascendental en su vida (Augenblick), el que lo llama a estar en constante alerta de alguna posibilidad que implique un gran cambio. Por esto es que Heidegger acoge la experiencia protocristiana como un haber llegado a ser, como la génesis de su existir, cuyo presente más propicio es kairós. En este caso, y orientados hacia Dasein y su haber llegado a ser, tuvo su génesis en ‘su ser mismo’, de modo que ‘ser cristiano’ es ‘haber llegado a ser cristiano’, ya que tuvo su génesis en la primera venida de Cristo.

El ‘haber llegado a ser’ del Ser-ahí se da de manera símil, es decir, en su ser mismo. Es por ello que se articula el haber llegado a ser con kairós y parusía, en tanto Heidegger entiende que en los cristianos el pasado no es visto como un pasado olvidado, sino como un elemento que constituye un haber llegado a ser “yo mismo, en cada caso mío”. En efecto, el Ser-ahí se debe asumir y remitir al pasado para ser lo que en el presente es, puesto que en el tiempo el Ser- ahí siempre ha sido. Al igual como los cristianos primitivos se asumieron como tales, Dasein debe asumir lo que es dentro de su cotidianidad.

El Ser-ahí en cada momento que vive se sobrelleva en cuanto a lo que es, es decir, es lo que ya es, puesto que los proyectos que cumplió fueron gracias a las posibilidades escogidas, lo que hace estar en relación con lo que es, incluyendo su pasado. Ergo, las decisiones que se toman en el constituyen nuestro haber llegado a ser lo que somos, ya que el recordar las posibilidades del pasado nos hacen deliberar entre las que tomaremos en el presente y futuro. Esto último Heidegger también lo encontró en San Pablo, pero al relacionarlo a Dasein le quitó elementos de carácter religioso, aunque se remita a fuentes cristianas.

En suma, Heidegger ve en la facticidad de la religiosidad cristiana el modo de vida que tiene su experiencia en la vida fáctica misma, cuyo tiempo fundamental es kairós, y que se presenta en el transcurso de los tiempos. Asimismo, encontramos las diferencias entre San Pablo y Heidegger en relación al fin de los tiempos: mientras el cristiano vive pensado en que después de la muerte está aún con vida la posibilidad de la parusía, en Heidegger el Dasein reconoce la finitud de su tiempo, vale decir, reconoce su propia mortalidad. Si bien San Pablo orienta kairos y telos en pos de la parusía, el filósofo alemán piensa en el ser como capaz de reconocer su propia finitud, en donde telos es la ‘muerte’ el ‘fin’, horizonte que es vacío porque la muerte no se vive ya que el ser dejó de ser. Es donde se acaba algo que nunca se ha de acabar.

Concluimos señalando que los cristianos siguen esperando la parusía, mas no la pueden precisar en el tiempo, por lo tanto parusía y muerte (haber sido) en Heidegger son visiones que no precisan de un fin concreto. Heidegger piensa que la cotidianidad saca al ser ahí de la preocupación de la muerte. Por ello es que ve en los cristianos una vida que anticipa la muerte en Dios y la acerca a su filosofía quitándole toda orden religiosa, porque Dasein anticipa su muerte en la cotidianidad, puesto que el haber sido es un horizonte vacío, es decir, la nada misma. En efecto, el cristiano define su vida y muerte por su modo de ser ante Dios, en tanto cumpla las enseñanzas de Cristo. Por otra parte, el Ser-ahí vive su vida en torno de sí mismo y de los otros, aunque viva en primera persona.

Heidegger sostiene que Dasein reconoce la finitud de su tiempo, vale decir, reconoce su propia mortalidad. San Pablo orienta el fin hacia la parusía; el filósofo alemán define al ser como capaz de reconocer su propia finitud, en donde el ‘fin’ es la muerte, la que tiene su ‘cuerpo’ vacío.


 


 


 


 


 


 

BIBLIOGRAFÍA

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VATTIMO, G., Introducción a Heidegger. Traducción de Alfredo Báez. Barcelona: Gedisa, 1996.


 


 

NOTAS
 

1 Ser-ahí proyecta su ser en cuanto a posibilidades que constituyen su existencia misma. Dasein no es un ente, sino un existente, es un ser contenido en su existencia. En efecto, existencia, Dasein, y ser-en-el-mundo, en Heidegger se pueden entender como similares. Para Heidegger este modo de ser del hombre es un yo mismo, el cual vive sólo su propio ser arrojado a la vida fáctica.

2 Como Dasein es ser-en-el-mundo esto necesariamente requiere que se entienda a sí mismo, interpretar-Se dentro de la vida fáctica es interpretar los acontecimientos que le suceden, es decir, se comprende de acuerdo a su existencia. El interpretar constituye que su ser-en-el-mundo es también para otro, y si bien se dijo en la cita anterior que el Ser-ahí vive su propio ser como un “yo mismo”, este se rodea de otros seres, por ello es que necesita interpretar al otro en las mismas condiciones de mundo que él (entendido mundo como su modo de ser en la vida fáctica). Estos dos modos de interpretar -a sí mismo y al otro- constituyen la auto-interpretación (apertura a lo otro), lo que significa que toda interpretación que haga el Dasein, en relación a las posibilidades que constituyen su existencia, es una interpretación acerca de sí mismo. De este modo, es que el Ser-ahí esta determinado en sus posibilidades. Cfr. VATTIMO, G., Introducción a Heidegger. Traducción de Alfredo Báez. Barcelona: Gedisa, 1996.

3 La Biblia Latinoamericana; Primera Carta a los Tesalonicenses. Octogésima novena edición. Colombia: Editorial Verbo Divino, 2002.

4 USCATESCU, J. Prólogo. En: Heidegger, M, Introducción a la fenomenología de la religión. México DF: Fondo de Cultura Económica, 2006.

5 Término que Heidegger utiliza para ubicar kairos en el presente. Al igual que kairos, “Augenblick” es un tiempo vivido que no pasa sin dejar una trascendencia en el ser, ya que puede ser fundamental en nuestras vidas, inclusive nos puede hacer renacer. Un “Augenblick” puede ser cuando los tesalonicenses escucharon a San Pablo, sus vidas se trasformaron definitivamente en un renacer. Precisamente a Heidegger le interesa en San Pablo el concepto del tiempo kairos como el instante (Augenblick). Kairos puede cambiar la vida de una persona en un cien por ciento, tanto para mejorarla como para echarla a perder (dependiendo de la posibilidad escogida).

6 Dasein llega a ser en cuanto se desenvuelve en la vida fáctica. No es un llegar a ser porque se tenga la intención de serlo, ya que tener que ser es ponerse fines dentro de la vida cotidiana. El ser ya está en medio de su vida, haciéndose cargo de ella, v.g., el Dasein de algún modo ya es. Este haber llegado a ser es, a grosso modo, l ser hacia un fin, lo que me permite tener que ser lo que ya soy.

7 Heidegger señala que este haber llegado a ser es a la vez un nuevo llegar a ser, no entendido como que los tesalonicenses no eran antes de recibir la Fe, sino como un haber llegado a ser cristiano que les significó una nueva forma de vida, muy distinta a la que tenían (un cambio de actitud en su vida fáctica), vale decir, el vivir en espera de la parusía siguiendo las enseñanzas de San Pablo. También tiene cabida recordar que Kairos puede cambiar la vida de una persona en un cien por ciento, tanto para mejorarla como para echarla a perder (dependiendo de la posibilidad escogida), en este caso la vida de los tesalonicenses tuvo un cambio trascendental, puesto que el haber escuchado a Pablo, constituye, en sí, un Augenblick.

8 Aquello que me puede renovar, para Heidegger, no es la vuelta de Cristo, sino que el ser situado en el tiempo reconoce su propia finitud, su propia mortalidad, y no precisa de Dios para un Augenblick, o para llegar a τέλος (visto como la muerte, o posibilidad más extrema en Heidegger).

9 Certeza indeterminada porque la muerte puede llegar en cualquier instante.

 

 

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