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ASPECTOS
Y PROBLEMAS DE LA IDENTIDAD CULTURAL
Jaime
Rodríguez Alba.
No pretendemos aquí desplegar en toda su problemática el concepto de
"identidad cultural". Tan sólo determinar algunas de sus líneas
críticas, tal como se desarrollan conceptualmente desde una corriente filosófica
denominada "materialismo filosófico". Corriente cuyas coordenadas
fundamentales pretenden rescatar las características esenciales de la filosofía
griega : la crítica de los mitos, en tanto estos suponen una
estructuración determinada del espacio de lo humano. La Filosofía se define
como un "saber de segundo grado", como un saber que parte de las
ciencias efectivas (la geometría para los griegos, y así es conocido el lema
que Platón mandó colocar en el frontispicio de la Academia : "que
nadie entre aquí sin saber geometría" ; porque la intención
primera de la filosofía platónica era triturar los conceptos míticos
mediante la crítica geométrica, mediante una "una geometría de las
ideas"), y desde el rigor conceptual que estas proporcionan
"depurar" (en el sentido que Kant dio a esta expresión) los
conceptos y procedimientos de la Filosofía mundana (la Filosofía académica,
según Kant, ha de estar subordinada a la Filosofía mundana, pues tiene una
intención "política"). El "materialismo filosófico",
pues, mantiene la intención de la "lechuza de minerva" (que levanta
su vuelo al atardecer, toda vez que el curso del día, y del mundo, ha
sugerido las ideas directrices del momento); no pretende situarse en el plano
de la pura abstracción, sino que mantiene una voluntad "política"
firmemente arraigada. Las ideas de la Filosofía mundana permanecen en un
estado de oscuridad, pero la Filosofía académica (y aquí "académica"
dice relación al método platónico, no a estructuras burocráticas) ha de
enfrentarse a ellas. Y, así como Platón desestructuró mitos desde geometrías,
acudiendo para ello a otros mitos (similarmente a como Espinosa elaboró
"un concepto de hombre para tener como modelo", pero un concepto que
parta de la constitución efectiva y real de los hombres), así también el
"materialismo filosófico" se dirige hacia el curso de ideas de su
tiempo para indagar la "estructura profunda" que las guía.
Es nuestra intención en este trabajo seguir las coordenadas del
"materialismo filosófico", elaborado por Gustavo Bueno, quien
presentó una crítica filosófica a uno de los mitos más presentes en
nuestras sociedades, que en el caso de la sociedad española cobra una
especial relevancia, a saber, el "mito de la cultura". A su vez, y
yendo, quizá, un poco más allá de lo que el profesor Bueno va, nos
interrogaremos acerca de la funcionalidad de este mito, de su pregnancia, y de
las razones por las cuales es un mito constitutivo de nuestro tiempo. Tan sólo
aclarar que, en la escala filosófica, "mito" no pretende una función
meramente negativa, porque los mitos también tienen una dimensión
"racional", no sólo porque el hombre se entienda
como un "animal mítico" ("simbólico", que diría
Cassirer), sino también porque "racionalidad" dice "ratio",
"proporción" (en el sentido que Aristóteles da al concepto de
"metáfora", incluso "analogía", como operación
fundamental de la racionalidad humana), y así una cierta "relación".
En este sentido, la crítica de los mitos, por ejemplo en la obra de los
presocráticos, conlleva la sustitución de los modelos cosmológicos apoyados
en términos de relaciones de parentesco (el modelo de la Ilíada, pero también
el de Hesíodo), por modelos cosmológicos apoyados en relaciones geométricas,
técnicas (como es el modelo de la "rueda" de Anaximandro). Sobre
las coordenadas del "materialismo filosófico" se elabora una
Sociología del Conocimiento, apoyada en la Teoría del cierre categorial, que
incorpora el análisis de los mitos como análisis de una extraordinaria
relevancia ética para nuestro tiempo. Desde esta perspectiva abordaremos acá
el concepto de "identidad cultural".
II.
ACERCA DE LA GÉNESIS Y EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE CULTURA
1.
El término "cultura" ha adquirido una especial difusión en
nuestros días, hasta el punto de convertirse en un término equívoco. Así,
nos encontramos con expresiones como : "cultura del pelotazo",
"cultura televisiva", "cultura del consejo de ministros",
etc., en el lenguaje coloquial. O con expresiones como : "cultura de
la empresa", "cultura obrera", "cultura de clase",
"cultura política", "cultura de los inmigrantes", etc.,
ya a un nivel más elaborado, "académico", en el contexto de los análisis
propios de las ciencias sociales, y donde el sentido genitivo ("de los
inmigrantes", "de la empresa"...) parece estructurarse entorno
a un concepto relativamente más preciso de "cultura" : como
relación cognitiva que incluye procesos simbólicos, en tanto modos de
resguardarse de las agresiones de un mundo entorno no originario del
individuo, etc. Ahora bien, tanto a nivel "mundano", como a nivel
"académico" creemos que estas expresiones comportan un cierto
confusionismo, máxime cuando se interrelacionan con otro concepto, el de
"identidad", del que luego trataremos. Abordaremos la génesis y
estructura de estos dos conceptos para analizar la posibilidad de que estas
expresiones logren un tratamiento más riguroso.
2.
"Cultura" es una expresión que se consolida en el siglo XVIII,
habiendo sido prácticamente desconocida en épocas anteriores. La modulación
latina y medieval de este concepto se dio mediante el término
"agricultura", del latín agros
cultivare, "cultivar, trabajar, labrar..., los campos". Ya en la
antigüedad se consolidó el concepto de "cultura" en el sentido de
"cultura animi" (cultura subjetiva), donde "cultura" dice,
por relación metafórica con "agricultura", un sinónimo a
"cultivo del alma".
La Enciclopedia Ilustrada no conoció el término "cultura",
supliendo las funciones de éste mediante el término "civilización".
Razón de ello puede ser la pretensión universalista y racionalista que guió
los ideales de la Revolución Francesa. Unos ideales que hicieron contraponer
"civilización" a "barbarie", atendiendo al despliegue de
la idea de "Progreso". Una contraposición que guiará gran parte de
los estudios antropológicos del siglo pasado, apoyados en la concepción de
la "cultura" como "unidad", bajo el triple supuesto de :
la unidad psíquica del género humano (que llevó al Positivismo clásico a
postular a la Ciencia como "religión de la humanidad"), de un género
humano que se entendía caminaba hacia la "civilización" ; la
unidad de la historia humana (supuesto que marcó la tendencia preponderante
de los esquemas evolutivos unilineales) ; y la unidad de la cultura
humana (una cultura que habría de recorrer los pasos desde las fases de la
barbarie, entendiendo que las sociedades bárbaras eran, por ello, sociedades
atrasadas, hacia las fases de civilización, porque toda cultura sigue el
desarrollo de la Cultura, Europea Occidental, se entendía).
Frente a esta transformación universalista del concepto de
"civilización" en el de "cultura" se desarrolla a partir
del mismo siglo, en Alemania, un concepto de "cultura" con claras
resonancias particularistas. Concepción que brota ante claras necesidades políticas.
Nos referimos al concepto de Kultur
fraguado sobre las obras de Herder, Fichte y Hegel (aunque en este caso se
pretende recoger, mediante la mediación del concepto de "Espíritu del
Mundo", un Espíritu que se encarna en cada época determinada en un
Pueblo concreto, llamado por ello a una tarea universalista,
"imperialista" diríamos). Para Herder, por ejemplo, todos los
pueblos se caraterizan por tener "culturas" distintas.
"Cultura" dice un elemento característico y distintivo de todos los
pueblos. Fichte reafirma esta idea sustancializando la cultura en el Lenguaje.
No entraremos en este procedimiento, tan sólo diremos que el concepto de
"cultura", tal como se entiende en la tradición del idealismo alemán,
brota de la exigencia de los fenómenos inherentes a la "identificación
burocrática" que asiste a los conformación de los Estados Nacionales,
tal como el alemán durante el siglo XIX. Unos procesos que generan la ideología
inherente a la concepción esencialista, étnico-racial, del concepto de
"cultura", según la célebre "ecuación" : Etnia =
Cultura = Nación = Estado, pretendiendo así fundamentar la constitución de
los Estados nacionales en fenómenos étnicos.
3.
La contraposición entre el concepto de ¨civilización¨ (de ¨cultura como
civilización¨) y el concepto de ¨cultura¨ está presente en la oposición
entre Teorías universalistas y Teorías particularistas de la Cultura,
oposición decisiva en la constitución de la Antropología en el siglo XIX.
Así por ejemplo, Tylor mantenía la idea de una ¨cultura original de la
humanidad¨, frente a la idea de Boas, precursor del ¨relativismo cultural¨,
más partícipe del particularismo cultural. No entramos aquí en el
desarrollo histórico del concepto de ¨cultura¨, en las concepciones de la
cultura que se han mantenido en el desarrollo de la Teoría Antropológica. Señalemos
sólo que este desarrollo ha dado pie a conceptos fundamentales para las
ciencias sociales de hoy : área y
rasgo cultural (Kroeber y Wissler), modelo
cultural (Radcliffe-Brown), personalidad
de base (Lincon y Kardier), aculturación
(Herskovits), tipos culturales (Ruth
Benedict), etc. Incluso autores como Bordieu darán pie a conceptos asociados
al término ¨cultura¨, como es el caso del término ¨habitus¨ (¨...
sistema de disposiciones duraderas
y transmisibles, estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como
estructuras estructurantes, es decir, en tanto principios generadores y
organizadores de prácticas y representaciones que pueden ser objetivamente
adaptadas a su objetivo sin suponer una meta consciente de fines y el dominio
expreso de las operaciones necesarias para alcanzarlos¨ Le
sens practique, Minuit, París, 1980, p. 88) que, haciendo referencia al
concepto de cultura en tanto fenómeno simbólico (como cognición, valoración...)
merece especial atención desde la perspectiva de la Sociología del
Conocimiento.
III.
ESTRUCTURA LÓGICA DEL CONCEPTO DE CULTURA
1.
Trataremos de precisar el concepto de ¨cultura¨, a fin de poder mantener un
concepto no equívoco de ¨identidad cultural¨, examinando cómo las culturas
parecen exigir procesos ¨identificatorios¨, y con la intención de criticar
los postulados sustancialistas que se asocian a la concepción de las ¨identidades
culturales¨. Para ello tomaremos como referencia la definición de Tylor, a
sabiendas de lo problemático de esta elección, pero reconociendo con L.
White (Culturología, en Enciclopedia
Internacional de las Ciencias Sociales), que la definición de Tylor
parece modelar las restantes, quizá por haber sido la primera en el terreno
de las ciencias antropológicas.
2.
Define Tylor : ¨Cultura o
Civilización, tomadas en su sentido etimológico más extenso, es ese todo
complejo que comprende el conocimiento, las creencias, el arte, la moral,
el derecho, las costumbres y las otras capacidades o hábitos adquiridos por
el hombre en tanto miembro de la sociedad¨ (Cultura
Primitiva, Ayuso, tom. I, 1977, p. 18).
Dejamos de lado el que se trate aquí de una definición subjetualista
de la cultura (en tanto apela al concepto de ¨capacidad¨ y de ¨hábito¨),
así como la relación entre cultura
y sociedad. Más allá de que aquí
estemos en presencia de una definición puramente estipulativa, lo que aquí
nos interesa señalar es la apelación a la expresión ¨todo complejo¨. ¿Qúe
es un ¨todo complejo¨ ? Responder a esta pregunta exige entrar en el ámbito
de una Teoría de los Todos y las Partes. Aquí nos mantendremos en el ámbito
que esta teoría tienen dentro del Materialismo Filosófico, siendo posible
entrar en otros ámbitos alternativos, como el de las Investigaciones Lógicas
de Husserl.
La Teoría Holótica asociada al Materialismo Filosófico parte del
supuesto de que las Totalidades son resultado de operaciones (bien lógicas,
bien matemáticas), operaciones que exigen la mediación de las manos,
independientemente de que conlleven una etapa ¨representativa¨, más allá
del mero ¨ejercicio¨ manual. Son operaciones sobre un conjunto, o conjuntos,
de elementos previamente dados, aún cuando estos elementos no se postulen
como primitivos, por cuanto pueden ser resultado de ¨totalizaciones¨ previas
(al modo como, por ejemplo, un número cualquiera se entiende como
perteneciente a un conjunto de referencia - N, R...- mediante un proceso
constructivo apoyado en las relaciones y propiedades algebraicas :
relaciones de orden, enumerabilidad... ). Pero la Teoría Holótica no
pretende dar cuenta en su integridad de las operaciones de ¨totalización¨,
en su dimensión genética, sino que parte ya de las estructuras de los Todos.
Un Todo se entiende constituido por Partes, y, como mínimo por tres partes,
porque sólo así se pueden establecer las relaciones que lo carcterizan como
tal Todo (entre ellas la diferenciación de las partes). Atendiendo a esto,
tenemos la siguiente clasificación :
-
las Totalidades pueden ser :
a)
Totalidades distributivas :
las partes se muestran independientes las unas de las otras en la participación
del Todo. Ej : si dijéramos ¨la casa cuesta 5.000 euros¨, pero las
ventanas cuestan 5.000 euros, las puertas 5.000 euros....
b)
Totalidades atributivas : las
partes están referidas unas a las otras, bien sucesiva, bien simultáneamente.
Ej : si dijéramos lo mismo, pero las ventanas cuestan 300 euros, las
puertas 250...
-
las Partes pueden ser :
a)
Partes formales : si conservan
dependencia respecto a la ¨figura total¨. Ej : si trituramos un vaso de
cristal en pedazos tales que, cada uno de ellos sólo encaja en su lugar,
porque mantiene dependencia respecto a la forma total del vaso.
b)
Partes materiales : si no
conservan dependencia respecto a la ¨figura total¨. Ej : si trituramos
el vaso hasta el nivel de las partículas de silicio que lo constituyen.
A su vez, las partes materiales son susceptibles de la siguiente
clasificación, aunque también lo son en alguna medida las partes formales. A
saber :
b1)
Partes determinantes : cuando
la composición de las partes no es aditiva. Ej : el cuadrilátero C, el
paralelogramo P y el equilátero E determinan la figura total que es un
cuadrado Q ; pero, de tal modo que Q no es el resultado de la suma de P,
C y E, sino de su intersección lógica.
b2)
Partes integrantes : cuando la
composición de las partes es aditiva. Además, las partes son del mismo orden
(dimensional, por ejemplo) que el Todo. Ej : el todo integrado por los
triángulos t y r, rectángulos, cuya hipotenusa es la diagonal del cuadrado,
porque aquí, las partes son de la misma dimensión que el todo (ambos son
figuras de la geometría plana), y además el cuadrado resultante si es la
suma de t y r.
b3)
Partes constituyentes : aquí
las partes no son del mismo orden que el Todo. Ej : los constituyentes de
Q son sus lados y los vértices, por cuanto éstos no constituyen propiamente
figuras.
Es preciso advertir que las Totalidades comportan siempre los dos
momentos, que no se entienden indisociados uno del otro, atributivo y
distributivo. Así por ejemplo, la totalidad asociada al concepto Hombre, tal
como se puede sobreentender en las definiciones propias de los Derechos
Humanos, en los atributos que se le mentan : respeto a la corporalidad,
no discriminación por género..., configuran una totalidad distributiva, en
tanto se suponen que los rasgos (notas o atributos) son participados por todos
y cada uno de los hombres o grupos de hombres (partes). Pero esta toatlización
distributiva es un resultado histórico, de la Filosofía griega y la Revolución
Francesa (con su Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano) por
ejemplo, y en este sentido comporta un momento atributivo (y así una dialéctica
de luchas sociales y políticas entre hombres agrupados en conjuntos de ¨ciudadanía¨
- de ahí lo probemático del concepto de ¨ciudadano¨, frente a ¨hombre¨,
pues los hombres son antes ¨ciudadanos¨ de Estados particulares que ¨ciudadanos
del Mundo¨).
Atendiendo a las relaciones que se establecen entre el Todo y las
Partes, tendremos los siguientes órdenes de relaciones :
a)
Relaciones descendentes : las
que van del Todo a las Partes
b)
Relaciones ascendentes : las
que van de las Partes al Todo
c)
Relaciones diamércias : las
que se establecen entre Partes y Partes (bien de un Todo, bien de Todos
distintos)
d)
Relaciones metaméricas : las
que se establecen entre Todos totalizados como diferentes.
El tratamiento pleno de las culturas exige el despliegue conceptual
respecto a estas distinciones y momentos. También son posibles tratamientos
parciales de aspectos, rasgos u características de las culturas. En cualquier
caso, asumiendo el principio comparativo como principio constitutivo de los
estudios antropológicos (en tanto ellos pretendan dar lugar al análisis de
¨estructuras¨ y ¨funciones¨ consitutivas de las culturas humanas, y a las
leyes que supuestamente las rigen ; tratamiento que posibilita el análisis
de las ¨similitudes¨ - estructurales o funcionales - y ¨diferencias¨ de
las morfologías culturales), es preciso dar cuenta de la diferencia entre rasgos,
categorías culturales y esferas
culturales. Las categorías
culturales son partes universales distributivas a todas las culturas, así
el lenguaje, la religión, los instrumentos de caza, los agrícolas.... Las esferas
culturales son las culturas, en tanto partes atributivas, sociedades con
agregados de rasgos específicos, constituidas tanto en su relación
adaptativa al medio, como en su relación de confrontación, o armonía, si
cabe, con otras esferas culturales que son parte de su entorno ; así :
cultura azteca, cultura maya, cultura yanomami... La expresión cultura
humana parece tener, y sobre esto volveremos luego, el formato de una
totalidad distributiva, en la cual las partes (categorías, rasgos...) no
parecen presentar una ¨unidad¨ de conjunto.
El tratamiento desde las ciencias sociales de las culturas exige asumir
esta taxonomía de las partes, tenerla en cuenta. De todos modos, si se
privilegia a alguna de ellas daremos pie a ¨saberes¨ específicos respecto a
alguna, o algunas, de las categorías, o de los rasgos de la cultura. Así,
por ejemplo :
1)
si consideramos a una institución de referencia en cuanto parte formal de una
esfera cultural dada, en tanto reproduce la forma del todo, nos acercamos a la
perspectiva de la Filosofía de la Historia, al menos de aquellas Filosofías
de la Historia de raigambre idealista. Así, por ejemplo, se puede tomar a la
Iglesia Romana como reproduciendo la forma de la Cultura Cristiana Occidental,
y aún como parte determinante suya (se dirá, por ejemplo, que las
instituciones políticas de Occidente, al menos durante la Feudalidad,
reproducen los esquemas nematológicos asociados a la Iglesia Romana, quien, a
su vez, podrá ser puesta con la estructura del Imperio Romano).
2)
Si consideramos a un rasgo como parte determinante de una totalidad de
referencia nos acercaremos a una perspectiva tendente a los estudios
denominados de Filosofía de la Tecnología, e, incluso, de los estudios de
Ciencia, Tecnología y Sociedad. Por ejemplo, si consideramos a la ¨formación
hoplítica griega¨ como modeladora de las instituciones democráticas
impulsadas por Pericles, por cuanto aquí un rasgo, apoyado en el flanquéo de
la formación por los escudos - de tal modo que, cuando un soldado caía en
combate, se cerraba la formación inmediatamente, y, a su vez, el soldado que
huía era mal visto - estaba conformando una serie de relaciones de ¨solidaridad¨,
frente al ¨individualismo¨ que comportaba la lucha a caballo, propia de la
aristocracia homérica.
3)
El tratamiento diamérico de las relaciones entre las partes de las morfologías
culturales nos sitúa en la escala del Materialismo Histórico. Sólo que aquí
las relaciones entre las partes no se consideran con independencia de la
totalización que comporta el concepto de Formación
económico-social. Las relaciones entre los rasgos constitutivos de los
sectores tecnológicos no se entienden autónomamente, ni a nivel histórico
ni a nivel sociológico, como si la conexión entre las distintas
configuraciones morfológicas brotara de la evolución ¨interna¨ de las
propias técnicas y tecnologías. Antes se dirá que las morfologías tecnológicas
adquieren su explicación en las relaciones características del todo :
relaciones de explotación (el capital constante, en forma de máquinas, es
resultado del capital variable), tácticas en la lucha de clases (el toyotismo
y el fordismo como modalidades productivas encaminadas a arrebatar el ¨saber
obrero¨, en términos de Negri y de Coriat), etc...
Dejaremos para otra ocasión la clasificación de las perspectivas en
el estudio de los rasgos y categorías culturales, así como el estudio de su
conjugación en las Teorías de la Cultura dadas históricamente. Sólo
diremos que las teorías antropológicas comportan una serie de presupuestos
analíticos, como para L. White es el que lo constitutivo de las culturas
humanas, frente a las homínidas, pero también frente a las animales, es el
aumento específico de las técnicas, de los productos objetivos por ellas
generadas (otros, como A. Gehelen, pusieron esta diferencia en el Lenguaje
como medio específico de comunicación, especialmente en el lenguaje escrito,
por cuanto éste suponía la génesis de un mundo objetivo cada vez más
distanciado de la escala operatoria humana). Nosotros asumimos el siguiente
supuesto : no pueden entenderse las morfologías culturales sin apelar a
su génesis humana, independientemente de que las culturas adquieran una dinámica
por encima de las voluntades de los hombres (como señaló en su momento L.
White, o Levi-Strauss, al proponer el concepto de Culturología
o de Estructura ; conceptos
que, por lo demás, pretenden tomar los modos de proceder propios de las
ciencias ¨duras¨ - la biología, la lingüística... - e importarlos,
trasformándolos, a las ciencias sociales). Pero esta génesis no se refiere
tanto a la concepción de las operaciones humanas como ¨operaciones mentales¨
(Marx había dicho, en los Grundrisse,
que lo que diferenciaba al mejor de los arquitectos de la más trabajadora de
las abejas era el hecho de que el arquitecto ¨dibujaba en su cabeza¨ el
plano de la obra, y la abeja no), sino como ¨operaciones manuales¨ (la
diferencia entre el arquitecto y la abeja no la haríamos residir en la
mediación de las operaciones mentales, porque además, los planos de las
obras arquitectónicas tienen una relación entre ellos tal que no cabe
entender las obras resultantes sino como la recombinación de elementos de
obras anteriores, en el sentido según el cual las prólepsis,
las anticipaciones, no son más que recombinaciones de anámnesis,
de recuerdos. La diferencia la hacemos residir, precisamente, en que en la
abeja la estructura diseñada está dada a la escala de su organización corpórea,
mientras que en el caso del arquitecto estas estructuras logran una relativa
independencia, se configuran como estructuras
objetivas ; además que el azar en la variación de estructuras
construidas por animales no tiene el mismo estatuto que la recombinación en
la variación de estructuras construidas por el hombre, aún cuando esta
recombinación tuviera un formato caótico). Por ello, las partes atributivas
del ¨Todo complejo¨ son clasificadas en referencia a los sujetos corpóreos.
Así, hablaremos de :
a)
cultura intra-somática (subjetiva)
b)
cultura inter-somática (las
culturas tomada en su dimensión social)
c)
cultura extra-somática (cultura
material)
La
diferenciación entre las culturas humanas y las culturas no-humanas la
haremos residir en la proporción que en ellas alcanzan estos tres sustratos
de las culturas.
Además, según se atienda a una o alguna de los sustratos como
sustratos típicos, así tendremos una clasificación de las Teorías de la
Cultura en : Teorías unidimensionales (cultura como a, como b, o como
c), Teorías bidimensionales (en su diversa combinación : a,b, o b,c...)
y Teorías tridimensionales, que atienden a los tres sustratos, y que, por
ello, serán las más propias. De otra parte, estos tres sustratos no son
meros agregados, acumulativos, si se quiere, sino que entre ellos media una
conexión determinada. Así, según la conexión que se postule tendremos
también distintas Teorías de la Cultura : Teorías psicologistas, Teorías
sociologistas, biologicistas, antropológicas... La exploración de estas teorías
sería tarea interesante que dejamos aquí planteada. Sólo diremos que la
conexión entre estos tres sustratos puede lograrse mediante el concepto de ¨identidad¨,
cuestión que posteriormente trataremos.
2.
El tratamiento científico de la Cultura exige establecer un ¨patrón
universal¨ comparativo, como ya dijimos, que permita establecer ¨analogías¨
entre las partes atributivas de las diversas culturas (por ejemplo, entre la
Lengua Mixteca, que estudió Pike, y la Lengua Española), de modo tal que se
considere a tales partes como partes integrantes del patrón (y así el patrón
es sumativo). De tal modo se reconoce a ciertas configuraciones morfológicas
su condición nomotética, como instituciones, y así su pertinencia
categorial. Decimos condición nomotética implicando el análisis de su
funcionalidad respecto al sistema cultural de referencia. Por su parte, la
condición ideográfica aparece cuando consideramos a la institución de
referencia en su entretejimiento con otros complejos de instituciones, a nivel
de sistemas culturales (denominados ¨civilizaciones¨) que tienen carácter
histórico (así, ¨civilización romana¨, por ejemplo).
Ahora bien, respecto al nivel de totalización atributiva, considerado
en su relación con la diversidad de esferas culturales, las categorías
culturales (y esto no implica también que los rasgos culturales tengan el
mismo formato, por cuanto los rasgos pueden resultar de ¨adaptaciones¨
respecto a medios diversos) parecen pretender un nivel de totalización más
elevado, en tanto no se circunscriben al ámbito de una esfera cultural, sino
que atraviesan longitudinalmente todas las esferas culturales. Nos situamos así
en el problema de la unidad de la cultura : las partes atributivas de las
diversas esferas culturales han de considerarse como insertas en las grandes
categorías universales (Lingüística, Ciencia Política....). Considerar a
la Cultura humana como una Totalidad atributiva dotada de unidad de conjunto
es simplemente un mito gnoseológico. Simplemente las categorías culturales
se configuran por encima de las diversas esferas culturales, y aún mediante
el choque entre estas (para hacer una clasificación de los sistemas políticos
hay que conocer diversidad de sociedades políticas, bien sucesivas, bien
simultáneas, decía Aristóteles), con independencia de que muchas de estas
categorías sean resultado de un proceso de ¨imposición histórica¨ de
alguna de las esferas culturales. En este marco es donde hay que analizar el
desenvolvimiento dialéctico de la conexión entre rasgos (partes universales
distributivas) de la cultura y las esferas (partes atributivas), por cuanto
las culturas están en lucha unas con otras y son resultado histórico de esta
lucha.
IV.
ESTRUCTURA LÓGICA DEL CONCEPTO DE IDENTIDAD
1.
La expresión ¨identidad cultural¨ no pretende ir referida a una ¨parte
longitudinal¨ (rasgo, nota, caráter, etc.) de la cultura, sino al ¨todo¨
de cada cultura, no en su ¨universalidad¨ (como ¨cultura humana¨) sino en
tanto distribuida en esferas (naciones, etnias, pueblos, etc.). Se trata de
una expresión con clara intención sustancialista, lo cual es de interés
para la Sociología del Conocimiento, en tanto se pretenden analizar los vínculos
entre esta ¨ideología¨ y los movimientos socio-políticos efectivos. En
este apartado trataremos de examinar la cuestión de las ¨identidades
culturales¨ como ¨entidades¨ entendidas de un modo no sustancialista.
2.
Si el término ¨cultura¨ se configuró en el seno de la tradición académica,
el término ¨identidad¨ no tiene tal ¨alcurnia¨. ¨Identidad¨ deriva del
bajo latín ¨identitas¨, que a su
vez deriva del término griego ¨tautotés¨ (en su confusión de los términos
antecesores de ¨autós¨, ¨el mismo¨, en el sentido de la ¨identidad
sustancial¨, e ¨isós¨, ¨lo mismo¨, en el sentido de la ¨identidad
esencial¨[1]).
En su origen (idem) tenía una
clara intención enfática (is-dem,
¨él mismo¨). El latín escolástico arrojó términos derivados que
adquirieron una dimensión académica respecto a la Teología Escolástica :
ipseitas (mismidad), unitas,
etc. Lo que nos interesa señalar aquí es que, en tales contextos mundanos,
la identidad aparece como sujeto antes que como predicado. Estamos aquí ante
procesos de hipostatización del sujeto, proceso mediante el cual identidades
diversas se polarizan en la misma realidad del sujeto que las utiliza (así,
podría decirse : ¨soy el mismo,
idéntico como hombre que como
ciudadano de la República¨). Ahora bien, un sujeto nunca tiene una imagen de
sí mismo sino es por la mediación de otros sujetos, o de artefactos que
cumplen la función de éstos (como un espejo), esto es, la identidad de un
sujeto nunca es un atributo constitutivo primario del mismo, sino una
propiedad derivada de otras : la simetría y la transitividad (al modo
como los gorilas que estudiaron Varela y Maturana se identificaban,
identificaban un círculo pintado en sus frentes como ¨pintado en sus frentes¨
reconociendo su imagen en un espejo). Por otra parte, ¨identidad¨ es un término
¨sincategoremático¨, esto es, un término que exige especificar la
materia-k, los parámetros a los que va referido. Es un término contextual.
¨Identidad¨ no es ni sujeto ni predicado, sino la conexión entre ambos.
Es preciso tener en cuenta la complejidad lógica del concepto de ¨identidad¨.
La tradición filosófica distingue entre dos grandes categorías de la
idendiad : la identidad analítica (A=A) y la identidad sintética.
Entendemos que las identidades analíticas no son más que casos límites de
identidades sintéticas, y éstas son resultado de la confluencia de cursos
operatorios en torno a un núcleo de referencia (similarmente a como G.
Bachelard entendió que el denominado principio
de identidad - dos cosas que comparten todos las características no son
dos cosas sino una - no es más que una expresión límite de la circunstancia
operatoria constitutiva de las mediciones científicas ; pues, los
patrones de medición no son más que aquellos hacia los cuales apuntan los
distintos aparatos, y, por ello, son los mismos patrones. Idea mediante la
cual se configura el concepto de ¨cantidad objetiva¨). Así por ejemplo,
respecto a la ¨identidad individual¨, es preciso entender que no se trata de
una identidad primitiva sobre la que se levantan otras configuraciones de la
identidad, sino que entendemos al ¨individuo¨ como enclasado en clases
distintas (simultáneas o sucesivas), con lo cual ¨identidad individual¨
implica la síntesis de las
diferentes clases (arquetipos o estructuras), síntesis que se dará entorno a
un núcleo, o esquema determinado.
La tradición metafísico-teológica suele entender la ¨identidad¨ al
margen de sus parámetros, constituyendo así la identidad analítica a nivel
ontológico. Desde las coordenadas del Materialismo Filosófico se critica
esta concepción ; así por ejemplo, la identidad cultural de un pueblo P
no se establece como una relación reflexiva (P=P), sino por la mediación de
otros pueblos (R , Q, S...), en cuanto co-determinan al primero. Las
identidades culturales, por lo demás, presuponen tanto ¨esquemas de
identidad objetual¨ (instituciones, artes, ceremonias...), como ¨esquemas de
identidad subjetual¨ (identificación en un pueblo, en una Nación...). Lo
que configure la identidad de una cultura vendrá dado por la confluencia de
estos estratos en el marco del esquema respecto al cual cobran formato.
2.
Las culturas, para G. Bueno, tienen el formato de una biocenosis.
Cultura es un sistema morfodinámico,
lo cual equivale a decir que su unidad radica en la unidad del proceso causal
(en la confluencia de los cursos de acción, podría decirse). El movimiento
procesual entre los tres sectores de la Cultura conlleva la intelección de la
identidad de una cultura como sistema cerrado (en torno a sistemas dados),
aunque no un sistema aislado. En este sentido, una cultura no exige
invarianza.
Este concepto de Cultura como sistema
morfodinámico permite introducir las relaciones de incompatibilidad entre
diversas partes atributivas del todo
complejo. Se llega así al concepto de identidad cultural como identidad
variacional, resultado no sólo de factores externos, sino también de la
propia incompatibilidad en desarrollo de sus partes. Desde tal perspectiva se
entiende que las culturas consiguen su identidad como sistemas dinámicos ¨autosostenidos¨,
en relación siempre con otros sistemas de su entorno. Así, las culturas se
configuran como esferas culturales,
por cuanto desarrollan una capa
cortical, encaminada a defenderlas de las agresiones de su entorno, un
entorno en el cual figuran otras esferas culturales, una capa
basal, que regula las relaciones ¨energéticas¨ (económicas, pero en un
sentido más amplio que el que M. Harris da a este contenido energético de
las relaciones basales de las culturas con su medio, un sentido que se supone
ya mediatizado por aspectos sociales), y una capa
conjuntiva que mediante los ¨tejidos¨ económicos, sociales, políticos...
internos a cada esfera, conexiona las otras dos capas. Las culturas, en tanto
se configuran como esferas culturales,
son entendidas como sistemas inestables, problemáticos, tanto en la relación
entre estas sus capas constitutivas, cuanto en la relación con otras esferas
de su entorno, por cuanto estas relaciones no se dan con independencia las
unas de las otras (no cabe, por ejemplo, más que en una taxonomía ramplona,
distinguir entre factores externos e internos en al caída del Imperio Romano,
por cuanto los denominados ¨factores externos¨ - las invasiones bárbaras,
por ejemplo - sólo adquieren dimensión mediante los internos - las políticas
de los últimos emperadores). Desde tal concepto de cultura se mantiene que la
ecuación entre ¨etnicidad¨ e ¨identidad¨ no es más que un modo de ¨megarismo
cultural¨, por cuanto supone la tesis del aislamiento de las culturas. Es más,
se dirá que mientras el etnocentrismo es relativizado a sus coordenadas
culturales, mediante tal ecuación la etnicidad se convierte en un absoluto
respecto a cada cultura, y, en el límite, desde ninguna cultura podrá
entenderse a otra cultura ; recíprocamente, sólo una cultura dada puede
entenderse a sí misma.
Cultura, en cuanto ¨identidad morfodinámica¨, no es tanto una
entidad global unitaria, suprasubjetiva, constitutiva de una esfera cultural,
cuanto un conjunto de estratos, de placas, de diversos tamaños implicada en
la corriente social de la que son pautas supraindividuales. Es respecto a esta
situación como las culturas humanas al alcanzan sus rasgos característicos :
una dimensión normativa de las relaciones sociales y una dimensión histórica.
3.
Frente a las concepciones sustancialistas, reflexivistas, de la Identidad
Cultural que, por motivos mayormente políticos, reclaman la ¨continuidad
sustancial¨ de la identidad de un pueblo, así como la ¨invarianza en las
transformaciones¨, reclamamos aquí un concepto de identidad como ¨sistema
de transformaciones¨ (en un proceso morfodinámico) que dará lugar a algún
invariante (singularidad individual). Identidad dice así el resultado de la
co-determinación, a lo largo de procesos heterogéneos, entre partes diversas
según el modelo dialéctico, que arroja la conceptualización de partes en
liza unas con otras, y de partes transformándose el algo distinto para
mantener su compatibilidad, hasta el punto de que el Todo resultante de esta
¨re-estructuración¨ (de la variación de las partes) puede ser una
configuración diferente al Todo de partida.
En el marco de esta consideración es preciso atender a las siguientes
matizaciones :
a)
¨Identidad¨ no es ¨unidad¨. El concepto de ¨unidad¨ parece admitir un
tratamiento indeterminado, sin referencia a los parámetros que lo
especifican, pero, si damos el mismo tratamiento a la ¨identidad¨ incurrimos
en el concepto hipostasiado de ¨identidad¨ como ¨identidad sustancial¨. Así,
por ejemplo, en el marco de los sistemas termodinámicos, un sistema es ¨uno¨
con respecto a su entorno, en tanto mantiene además una dependencia respecto
a éste, pero no es ¨idéntico¨ con él. En cada unidad, por lo demás, están
actuando diversas modulaciones de la identidad. Así, ¨identificación¨ dice
determinación del grado de claridad y distinción de una unidad previa. En la
dinámica ¨identificadora¨, ¨individuo¨
dice ¨identidad¨ seleccionada dentro de un sistema dialéctico de
identidades constitutivas de su unidad. El ¨individuo¨ fabrica, en este
sentido, su identidad.
b)
¨Igualdad¨ parece implicar ¨identidad¨, pero la ¨identidad¨ no es ¨igualdad¨.
La razón estriba en que la igualdad no es propiamente una relación, sino un
conjunto de propiedades de las relaciones (simetría, transitividad, y
reflexividad).
Tenemos, pues, que la ¨Identidad¨ no es ¨idéntica¨. Que es
resultado de procesos de identificación heterogéneos y aún incompatibles
entre sí, y hasta el punto en que hablar de ¨Identidad cultural¨ ronda fácilmente
con presupuestos ideológicos, esto es, hasta el punto que resulta fácil, de
no tener presente la inestabilidad interna a las identidades, incurrir en
discursos ideológicos que ¨estabilicen¨ las identidades.
V.
ACERCA DEL PROBLEMA DE LOS SUSTRATOS DE LA IDENTIDAD
Decimos que en una misma unidad confluyen diversas identidades. Así,
en un mismo individuo confluyen, dialécticamente, diversas identidades, y en
una misma cultura confluyen diversas identidades. Ahora bien, cabe suscitar la
cuestión relativa al ¨radio¨ de estas identidades. Una cuestión que
implica la consideración de la posibilidad de que muchos de los cursos, de
los procesos que conducen hacia un ¨esquema de identidad¨ estén
incardinados con cursos que conducen hacia otros esquemas, bien porque estos
estén asociados a identidades de mayor radio (porque sus relaciones paramétricas
sean más ¨extensas¨ o porque sean más ¨intensas¨) que las ¨incluyen¨,
o las ¨integran¨..., bien porque los esquemas de partida no se entiendan al
margen de su contraposición con otros esquemas de su entorno, con alguno de
ellos en particular (y es preciso entender que las relaciones de contraposición
de unos esquemas respecto a otros no tienen porqué darse a nivel de
identidades de menor radio). ¨Identidad no idéntica¨ parece, así, no sólo
hacer referencia a la circunstancia de la variabilidad de las identidades en
sus fases de desarrollo, sino también a la circunstancia de la ¨sustratificación¨
de las identidades. Este es un marco conceptual que permite el tratamiento de
las denominadas ¨subculturas¨, así como de las ¨identidades de grupo¨, de
clase, de género... en tanto estos conceptos parecen remitirse, si bien con
intenciones críticas, hacia otros conceptos pretendidamente más ¨abarcadores¨,
como ¨cultura¨, ¨identidad nacional¨... Es así como se plantean problemas
clásicos como el de la conformación de una ¨clase obrera a escala
planetaria¨, así : ¿ la ¨identidad¨ de la clase obrera (la, en
términos clásicos, ¨conciencia para sí¨ de la clase obrera) se da ¨por
encima¨ o ¨por debajo¨ de las denominadas ¨identidades nacionales¨ ?
y, análogamente, ¿ la ¨identidad¨ de una región determinada se da ¨por
encima¨ o ¨por debajo¨ de la ¨identidad¨ de un Estado Nación ? La
respuesta a estas cuestiones, y otras similares, vendrá dada según el radio
que se asocien a esta diversidad de identidades, pues, ¨por encima¨ o ¨por
debajo¨ remiten a la circunstancia según la cual un mayor o menor radio
puede coincidir o no coincidir con respecto a identidades incluyentes e
incluidas. Posteriormente expondremos estos conceptos de identidad.
En esta sección pretendemos la consideración histórica del concepto
de ¨identidad cultural¨, porque las temáticas asociadas a esta expresión
no son ¨eternas¨, sino que tienen una razón histórica. Para ello
expondremos la Ley del desarrollo
inverso de las esferas y las categorías culturales, enunciada por el
profesor Bueno. Posteriormente consideraremos esta ley en el marco del
desarrollo de los sistemas histórico sociales, tal como lo entiende I.
Wallerstein. Sólo advertir que, si en lo expuesto desarrollamos, con el
peligro de faltar a la verdadera intención de los conceptos, el análisis de
Bueno, ahora se suma el doble peligro que comporta una interpretación propia,
en lo referente a la analogía con la obra de otro autor.
A.
LA LEY DE DESARROLLO INVERSO DE LAS
ESFERASA Y LAS CATEGORÍAS CULTURALES
1.
Hemos considerado el concepto de Tylor, en su definición estipulativa del término
¨Cultura¨, ateniéndonos a un modelo lógico material, la Teoría Holótica
asociada al Materialismo Filosófico. Este modelo, respecto al cual caracterizábamos
el tratamiento científico de la Cultura, incorpora también un tratamiento
histórico, una concepción relativa a la dinámica de las culturas. Así,
puesto que los momentos atributivos y distributivos de la Cultura no son
indisociables, ocurre que es preciso tener en cuenta la dialéctica según la
cual unas partes atributivas determinadas tienden a establecer sus rasgos
(distributivos) como rasgos universales, presentes en todas las esferas de su
entorno, hasta el punto de que, en el límite, estas esferas pueden llegar a
desintegrarse como tales esferas, convirtiéndose en meras reliquias, o en ¨modos
de cultura¨. A nivel epistemológico esta dialéctica podría comportar el
problema del estatuto correspondiente a la Antropología Cultural, por cuanto
ésta podría convertirse en Antropología Social, adscrita al terreno de la
Sociología, más que al de la Antropología. Tal situación histórico-dialéctica
parece ser analizable desde el concepto de ¨sistema histórico social¨, por
cuanto este concepto permite dar cuenta, no sólo de la inestabilidad interna
de las esferas culturales, sino también de las reacciones estabilizadoras que
comporta el concepto de identidad cuando tiene una pretensión sustancialista
que tiende a borrar la diferenciación entre ¨identidad¨ e ¨igualdad¨, así
como la diferenciación entre ¨identidad¨ y ¨unidad¨ ; una concepción
que pretende ontologizar la ¨identidad analítica¨ como primitiva, así como
los mecanismos de reflexivización como mecanismos primitivos, al margen de la
lógica derivada de la reflexividad respecto a la simetría y la
transitividad..
2.
El modelo sobre el cual se apoya la Ley
de desarrollo inverso no parte de las culturas homínidas, sino de las
culturas humanas ya constituidas. Como criterio de hominización se toma la ¨normalización¨
(entendemos por ¨norma¨ una rutina que ha salido victoriosa respecto a otras
rutinas) de las pautas culturales : dada especialmente en el Lenguaje Fonético,
y en la representación de estadios sociales anteriores.
En el ¨estadio inicial¨ de la dinámica cultural (de la dinámica de
las culturas) nos encontraríamos ante una distribución discreta de las
esferas culturales, adscritas a zonas habitables e independientes (teóricamente)
entre sí. ¨Cultura¨ designa aquí a un concepto fundamentalmente ¨ecológico¨.
Concepto este (especialmente adaptado al concepto de cultura que maneja
Harris) que pierde su fuerza cuando las esferas culturales comienzan a
enfrentarse no ya con su medio, sino con otras esferas culturales reguladas
por normas incompatibles, como es el caso de las sociedades industriales
universales.
Las esferas culturales en este Estadio Inicial son fácilmente
conceptualizables como ¨sistemas en equilibrio dinámico con su entorno¨, y,
respecto a ellas resulta pertinente la metodología del funcionalismo. ¨Cultura¨,
en este estadio, expresa una totalidad (de rasgos) resultante de confluencias
heterogéneas en un sistema de procesos objetivos generados por las
operaciones de los sujetos humanos. Designa así a una ¨entidad ideográfica¨,
y a procesos de relativa invarianza de la idiosincrasia cultural.
Entendemos que la dinámica cultural brota del enfrentamiento entre
culturas, quizá impulsado por razones de incremento demográfico (cada
cultura tiene una capacidad respecto a los individuos que contiene, cuando
esta capacidad es sobrepasada comienzan procesos de ¨colonización¨ del
entorno, en el cual figuran otras culturas. Aristóteles ya asoció este
factor a la expansión griega por el Mediterráneo y el Egeo). Al igual que el
desarrollo de las estructuras zoológicas, por su parte, el desarrollo de las
estructuras culturales es multilineal. La dinámica cultural más interesante
es, a nuestro entender, la dinámica histórica, cuando las esferas culturales
alcanzan la constitución de Estados (en un sentido amplio del término, más
allá del concepto de Estado Nacional, o de Nación canónica) ; una dinámica
que arrojará también la conformación de determinadas esferas como ¨sistemas
imperio¨. En el proceso histórico aumenta el tamaño de las esferas
culturales (de algunas de ellas) y disminuye su número.
En el ¨interior¨ de cada esfera cultural la dinámica básica se hace
residir en la siguiente : una creciente división del trabajo conlleva un
incremento de la producción básica, y una mayor diferenciación en los
procesos de circulación de los productos. Se llega así a un incremento de
los ¨productos objetivos¨ extrasomáticos (y así un aumento de la proporción
de la cultura extrasomática) que causan que las redes de intercambio
adquieren mayor relevancia, así como más alejados de su génesis en los
procesos básicos de producción. Asistimos así a un ¨proceso de objetivación¨
(y con esta concepción incorporamos los procesos que Marx denominó como ¨fetichismo
de la mercancía¨) surgido en el mismo proceso de producción de objetos, los
cuales pasarán a organizarse cada vez más, según líneas objetivas (¨por
encima de la voluntad de los sujetos operatorios¨, hasta el punto en que el
propio sujeto pasa a tener, por así decir, la estructura de una ¨máquina¨,
y, así, de los propios objetos que generó). De este modo, si en los estadios
iniciales los procesos de producción incorporan en las estructuras
resultantes, manifiestamente, a las operaciones humanas, a medida que se
desarrollan los artefactos y se hacen más complejos, los productos cobran una
autonomía cada vez mayor respecto a las operaciones que los asisten. Tal es
la situación de los procesos automáticos que, en el límite borran las
operaciones en cuanto operaciones humanas, pero también de aquellos procesos
que en Sociología del Trabajo se denominan ¨fordismo¨ y ¨taylorismo¨, por
cuanto en estos procesos, en estos modelos de organización laboral, las
operaciones quedaron totalmente normalizadas y homogeneizadas, haciendo que
los saberes que a ellas van asociadas (saberes artesanales) no sean
pertinentes en la producción del objeto.
Este proceso de objetivación, de génesis de una cultura extrasomática
cada vez más alejada, e incluso cada vez en mayor confrontación, con las
otras partes de la Cultura, hasta el punto en que invierte sus relaciones genéticas
convirtiendo a los productos en organizadores de las relaciones sociales,
comporta una doble disociación : una disociación respecto a las
operaciones que la generan (disociación que está a la base de las categorías
culturales actuales) ; y una disociación mutua de las categorías
sustantivas que empiezan a disociarse a su vez respecto a las esferas en cuyo
seno nacen. El límite de esta disociación está en el Estadio Final, en la
unidad planetaria generada con el colonialismo y el imperialismo modernos. ¨Unidad¨
que implica : la transformación de las clase distributiva de las
culturas en una clase con el formato de clase unitaria, y, la disociación de
las líneas divisivas del todo complejo
en círculos categoriales desconectados entre sí (hasta el punto en el que
los rasgos culturales parecen adquirir conexión por encima de las diferentes
esferas). En este contexto dialéctico cobra su sentido la Ley
de desarrrollo inverso de las esferas y las categorías culturales, que
dice así : ¨la Cultura, en cuanto Todo
complejo que reúne a todas las culturas humanas, tomada en su estado
inicial (ya humano) evoluciona de suerte que el grado de distribución
(dispersivo) de las esferas culturales disminuye en proporción inversa al
incremento del grado de atribución (disociativa) constitutivo de sus categorías¨.
3. En
tal situación, ¿qué estatuto cabe atribuir a las ¨identidades¨ ?
Dejaremos el análisis detallado de esta circunstancia para otra ocasión. De
momento sólo expondremos una tipología de las ¨identidades¨ respecto a los
¨radios¨ de los esquemas a los que van asociadas. Esquemas que se
constituyen respecto a los rasgos y categorías culturales.
Tomemos la unidad fenoménica de los rasgos culturales (P) en tanto
esta unidad puede formar parte, tomarse como parte, de otras unidades
asociadas a esferas culturales de mayor radio (y, en el límite estas esferas
pudieran desdibujarse como tales, perder así su posesión de ¨radio¨,
convertirse, por así decir, en ¨universo de discurso¨). P es susceptible de
tratarse como :
I)
totalidad distributiva. Y, a su vez ésta puede entenderse como :
a)
parte de otra totalidad. Así :
a1)
P como parte atributiva de otra Totalidad.
Hablaremos entonces de Identidad
Inserta en otras. La identidad del Todo de referencia (P) se logra cuando
sus partes se conectan por la mediación de las conexiones entre las partes
del Todo envolvente.
a2)
P como parte distributiva de otra Totalidad.
Hablaremos aquí de Identidad
Incluida en otras. La conexión entre las partes de P se logra con
independencia de la conexión entre las partes del Todo incluyente, aunque
mantenga relaciones con ellas, por cuanto las conexiones de éste son de mayor
radio que las conexiones establecidas en P.
b)
P se entiende como un todo.
Se hablará aquí de Identidad
Incluyente. La identidad de P es considerada aisladamente.
II)
totalidad atributiva. Y, a su vez ésta puede entenderse como :
a)
parte de otra totalidad. Así :
a1)
como parte integral de una totalidad atributiva que la envuelve.
Hablaremos de Identidad
integrada. Los elementos de P se identifican como elementos de la
totalidad envolvente.
a2)
como parte de una totalidad distributiva envolvente.
Hablaremos de Identidad
subsuntiva. La identidad de P se dará mediante la diferenciación
respecto de otras totalidades tomadas como partes de una totalidad envolvente.
b)
como totalidad respecto a sus partes integrantes. Así :
b1)
Identidades orgánicas, en las
cuales las partes son conformadas desde otras partes de la totalidad.
b2)
Identidades mecánicas, cuando las
partes son conformadas desde el exterior.
3.
La consideración de esta tipología de las identidades abre un amplio campo
de estudio comparativo. Estudio que habrá de partir del análisis de la
heterogeneidad e inconmesurabilidad de las partes entre sí, y que habrá de
recoger el propio proceso histórico de conformación de las identidades. Es más,
se trata de estudiar como en una misma ¨unidad¨ (sea ésta la ¨unidad
individual¨, o la ¨unidad parcial de las culturas¨) confluyen en relaciones
no necesariamente armoniosas estas diversas identidades. La tipología mentada
tiene también una intención crítico clasificatoria, partiendo de la
inestabilidad en la que se mueven las identificaciones (tanto subjetuales como
objetuales) sobre los rasgos. Una tipología que tendrá también la tarea,
respecto al modelo teórico que la envuelve, de responder a la siguiente
pregunta crítica : ¿acaso la identidad es una característica
relacional de las categorías, tomadas agrupadamente, y, así, no es una
conexión global (una relación conexa y universal), dada por encima de las
distintas esferas culturales ? Y, aún más, ¿acaso la identidad
es, simplemente, identidad categorial, estando las diversas categorías
culturales en desconexión entre sí ? Preguntas que no contestaremos en
esta ocasión, entre otras cosas porque su respuesta exige el desarrollo de
concienzudos estudios.
B.
LA ¨ECONOMÍA MUNDO¨ Y LA REALIDAD DE LAS ESFERAS CULTURALES
1.
El sociólogo I. Wallerstein propuso un concepto, en el terreno de las
Ciencias Sociales, muy interesante : el concepto de ¨sistema histórico
social¨. No entraremos aquí en el análisis de este concepto, tan sólo señalaremos
dos de los presupuestos fundamentales de la obra de Wallerstein : a nivel
epistemológico, las fronteras tradicionalmente aceptadas entre las diversas
ciencias sociales (Economía, Sociología, Antropología y Ciencia Política)
- fruto de la ideología liberal que las instituyó académicamente, en tanto
suponía perfectamente delimitados los ámbitos de estudio : lo económico
como no polítco.... - no son pertinentes para el análisis de la realidad
social. Por ello, se hace preciso desarrollar una nueva epistemología que
parte de la concepción de que lo concreto no es más simple que lo abstracto,
que lo particular tiene, al contrario, mayor complejidad que lo universal ;
una epistemología que ya desde lo general (universal) hacia lo particular
(concreto), apoyada en el concepto de sistema
como estructura disipativa
(concepto tomado de I. Prigogine), entendida como ¨estructura que logra
cierto orden mediante relaciones caóticas¨. Una epistemología que deberá
atender a la circunstancia doble de que conocemos, por un lado, realidades que
están en constante cambio cuando las estudiamos, y, por otro lado, en una
dimensión ya más política, realidades sobre las cuales estamos actuando
cuando las conocemos.
El otro supuesto de la obra de Wallerstein se refiere a la
indisociabilidad de los momentos sincrónico y diacrónico de análisis de los
sistemas sociales. Los sistemas son ¨sistemas históricos¨ y por ello
incorporan la variable ¨tiempo¨ como variable interna de análisis. Es más,
hoy en día, los sistemas son ¨sistemas mundiales¨ y ¨totales¨, esto es,
no existe un ¨fuera del sistema¨, sino a lo sumo, un ¨en el límite del
sistema¨. Un límite en el cual se sitúan los movimientos ¨antisistémicos¨
(como pueden serlo las reivindicaciones localistas de identidad). Con ello se
pretende mantener que estos movimientos también forman parte de la lógica
del sistema, porque lo constitutivo de nuestro sistema histórico es su ¨flexibilidad¨
(una flexibilidad que le viene dada no tanto por la ausencia de normas cuanto
por incorporar diversidad de normas enfrentada entre sí) para absorber a las
reacciones que genera.
2.
Aquí nos interesa señalar la virtualidad de la concepción de Wallerstein en
tanto capaz de analizar los sistemas históricos concretos que implica la Ley
de desarrollo inverso. Procedemos sumariamente a mostrar cómo se
incardina esta concepción respecto a la obra de G. Bueno.
La conceptuación de Wallerstein, que habrá de re-aplicarse al análisis
de las situaciones concretas, señala tres grandes tipos (formas) de sistemas
sociales, con una dimensión histórica, aunque preservan su capacidad
respecto a nuestras sociedades actuales. Así :
a)
los minisistemas : poco
extensos y de escasa duración. Homogéneos en estructuras culturales y
gobiernos. Apoyados en la lógica de la reciprocidad en los intercambios.
b)
Los Imperios mundiales : en
los que tenemos ya una variedad de pautas culturales. Apoyados en la lógica
de la extracción de tributos a los productores directos (fundamentalmente
agricultores) y en la gestión de los mismos en un centro administrativo.
c)
Las Economías munidiales :
caracterizadas por una variedad de estructuras de producción diseccionadas
por múltiples estructuras políticas. Apoyadas en la lógica de la plusvalía
acumulada distribuida desigualmente en favor de quienes logran monopolios
temporales de las redes de mercado.
Estas tres formas sociales tienen un periodo de prevalencia histórico.
A saber :
1)
era pre-agrícola :
caracterizada por la pluralidad de minisistemas algunos de los cuales
colapsaron por motivos mayormente ecológicos.
2)
Del 8.000 a.C. al 1.500 d.C. :
caracterizada por la coexistencia de sistemas histórico sociales de cada una
de las tres formas. La forma que prevalece es la de los Imperios mundiales
quienes ¨subsumen¨ a los minisistemas e inhiben el desarrollo de las economías
mundo (como pudieron ser las propias de las ciudades florentinas durante el
Renacimiento).
3)
Hacia el 1.500 una de esas economías
mundiales subsistió : el sistema mundial moderno surge de la
consolidación de una economía mundial que alcanza su desarrollo en el
sistema capitalista. Hacia fines del s. XIX tal sistema logra imponerse
(re-estruturándose, y re-estructurándolos) sobre los Imperios mundiales.
A su vez, el desarrollo de la economía mundo capitalista comportó
tres etapas asociadas al incremento de su ¨radio de acción¨. A saber :
la economía urbana, la economía nacional y la economía mundial (asociada a
la dinámica de los monopolios y a la denominada ¨munidalización¨ de la
economía).
3.
Es claro que la conceptualización de Wallerstein permite interpretar desde
las ciencias sociales la Ley del
desarrollo inverso. La forma microsistema
sería fácilmente interpretable en el Estado Inicial, y la forma economía
mundial en el final. No entraremos aquí en el despliegue coherente de
esta interpretación, sólo nos referiremos a algunas notas constitutivas de
lo que considera la Ley como Estado
final.
La diferenciación neta entre un ámbito productivo y un ámbito de la
circulación de las mercancías, así como la ¨mercantilización¨ de todas
las estructuras productivas y de las relaciones sociales es propia del sistema
capitalista. En esta dinámica se hace residir el proceso objetivador que
antes mencionabamos. Esta diferenciación y la disociación a ella adjunta es
motor de dos de las características constitutivas de nuestro tiempo : la
configuración de la ciencia y la tecnología como ¨factores de producción¨,
y el paulatino desplazamiento de los centros de decisión política hacia
otros foros (como las multinacionales, por ejemplo). La ciencia impulsa el
cierre, la conformación de categorías universales y objetivas que desbordan
el radio de acción de las esferas culturales concretas. De su parte, el
desplazamiento de los centros de toma de decisiones desdibuja las proporciones
de las capas (basal, conjuntiva y cortical) propias de cada esfera. Estas dos
características comportan una tendencia homogeneizadora a escala planetaria,
una homogeneización que asume a las relaciones mercantiles como núcleo en
torno al cual se configuran las estructuras socio-culturales. En este marco de
análisis es donde cabe plantearse las siguientes cuestiones : ¿acaso la
economía mundo capitalista genera la configuración de identidades
divergentes dada por encima de las distintas esferas culturales ? ¿Es
esta situación responsable de la aparición de lo que podríamos denominar ¨individuo
flotante¨ (flotante por cuanto su propia unidad personal se da mediante la
imposición de unos esquemas de identidad sobre otros, esquemas por encima de
aquellos que, aún de menor radio, son más constitutivos de su entorno) ?
Y, con una intención crítica aparecerían los siguientes interrogantes :
¿es posible que el sistema mundo genere una situación de ¨cultura universal¨ ?,
y ¿es posible una ¨cultura universal¨ por encima de esferas culturales que
aún no se han desintegrado plenamente como tales ? En tal caso : ¿cómo
se constituiría esta cultura, toda vez que dejaría de ser válido el esquema
de cultura como sistema morfodinámico, por cuanto esta cultura se desdibujaría
como esfera cultural, puesto que no cabe reconocer pertinencia gnoseológica
al concepto de ¨cultura extraterrestre¨ ?
4.
El concepto de ¨cultura universal¨ puede asumir la forma de un ¨límite
reversivo¨. Entendemos por ¨límite reversivo¨ aquel constitutivo del
estado al que tienden determinadas morfologías pero en tanto en este estado
la morfología resultante no es más que la re-estructuración de rasgos de
otras morfologías (simultáneas o sucesivas) ; una morfología desde la
que se interpretarán las morfologías precursoras y que tiene como característica
esencial la carencia de estabilidad : por cuanto las tensiones entre los
rasgos constitutivos de las morfologías precursoras (y no necesariamente en
un sentido temporal, sino más bien estructural) pueden re-situarse en la
morfología resultante. Desde tal concepto se pretende borrar el excesivamente
simple concepto de ¨imposición de una esfera cultural¨. En su lugar se
habla de la re-construcción de rasgos característicos de diversas esferas
entorno a un núcleo estructurante que brota, eso sí, de alguna esfera
cultural precursora del mismo. Lo interesante del concepto de ¨límite
reversivo¨ es que comporta el resurgimiento parcial de rasgos o categorías
culturales que pudieron haber permanecido en ¨estado de latencia¨, aún
cuando lo hagan de una forma novedosa. El concepto de ¨límite reversivo¨
implica también la conceptuación de un estado al que todavía no se ha
llegado (e incluso nunca se llegue), un ¨estado virtual¨ desde el cual se
estudia el curso posible del desarrollo de una dinámica determinada, en tanto
¨tendente¨ hacia ese estado. Desde este concepto cabe entender también la
compatibilidad de rasgos característicos de otras formaciones sociales
diferentes a la formación social asociada al capitalismo (como el trabajo no
asalariado, el predominio de determinadas relaciones personales no
mercantilizadas - base sobre la cual se habla de la ¨nueva feudalidad¨...)
con los rasgos distitntivos de éste, en tanto aquellos rasgos permiten una
dinámica interna al sistema mundial, en su capacidad de absorción de otras
morfologías que se encuentra a su paso.
5.
Si entendiéramos el concepto de ¨cultura mundial¨ como ¨límite reversivo¨
a las culturas existentes, acaso tendríamos una problematización pertinente
del concepto de ¨identidad cultural¨. La idea directriz de tal
problematización, que aquí no desarrollaremos, vendría asociada a la cuestión
de la desintegración de las identidades, y a la supuesta conformación de una
identidad respecto a la cual cabría preguntarse si merece denominarse como
tal, más allá de toda declaración meramente moral o política. Pero, a su
vez, nos situamos ante la necesidad de dar cuenta de los procesos que
denominamos de ¨naturalización¨ de la identidad, encaminados a configurar
el radio de acción de los hombres, de unos hombres que siguen conformados en
esferas con radios distintos (pues no es el mismo el radio de la esfera
cultural que podemos asociar a EE.UU, mal que nos pese, que el radio de la
esfera que podemos asociar a los yanomami). En cada esfera cultural brotarán
diversidad de ¨identidades¨ susceptibles de ser analizadas desde la tipología
de identidades que anteriormente expusimos. Una diversidad que podría dar
lugar a la desintegración de la propia esfera, por cuanto esta también
conlleva unos procesos de síntesis de las identidades a las que supuestamente
envuelve. Ahora bien, el ¨límite reversivo¨ de la desintegración de las
esferas culturales no tiene porque asociarse a ideales cosmopolitistas. Quizá
podría ser que este límite implique más divergencia
que convergencia, más diferenciación que homogeneización, más
procesos de pérdida de identidad que de construcción de identidad. Es en
este marco donde cabe situar lo que suele denominarse ¨post-modernidad¨, así
como fenómenos tales como el sexismo y la xenofobia. Podríamos decir, si el
individuo aparece como ¨individuo flotante¨ no es tanto porque tenga la
capacidad de asumir cualquier ¨rol¨, cualquier ¨papel¨, cuanto porque no
tiene ninguno que le sirva de patrón, o de modelo. Es en este sentido en el
que cabe decir que el mito de la ¨cultura universal¨ es representativo de
tendencias neoliberales de pensamiento, así como de vanguardias artísticas
íntimamente ligadas al snobismo cultural.
VI.
CONCLUSIÓN
Es característica constitutiva de nuestro tiempo el no ¨pararse a
pensar¨, la tendencia hacia la acción por la acción misma, sin estrategia
alguna. Así como faltan parámetros analíticos para comprender la cambiante
anatomía de nuestro mundo, así también faltan principios constituyentes de
una praxis humana coherente (en sus diversos niveles : ético, político...).
Estamos desprotegidos ante la proliferación de todo tipo de ideologías, aún
cuando muchas de estas se presenten bajo el formato de la denominada ¨muerte
de las ideologías¨. No tratamos aquí de dar cuenta de una situación
inevitable, catastrofista, quizá porque sigamos el dictamen de A. Gramsci :
¨pesimismo de la inteligencia pero optimismo de la voluntad¨. Pero quizá
también porque, en términos de Wallerstein, el sistema mundo es un sistema
mundial, pero no un sistema final, cerrado ; y, por ende, es preciso ¨pararse
a pensar¨, a indagar sobre los ¨límites reversivos¨ del mismo, porque no
hay una sólo línea de evolución, sino muchas.
A la Filosofía de la Cultura se le encomienda también la tarea de
reconocer la situación de las culturas en nuestro tiempo, de reconocer el
pluralismo de las culturas así como el pluralismo de las identidades. Un
reconocimiento que no dice la simple coexistencia neutral de unas con respecto
a otras, sino su lucha (y una lucha que amenaza con destruirlas recíprocamente).
Quizá el reconocimiento de la no igualdad de las culturas deba darse como
postulado ético, implicando así la apuesta por unas de ellas frente a otras.
En este terreno, el debate en torno a por qué culturas apostar es un debate
que ha de estar abierto. Un debate que no es pertinente al análisis científico,
pero sí al filosófico. Labor de éste es el partir de lo que las ciencias
digan (aún cuando las ciencias, y especialmente las ciencias sociales, ya
incorporen presupuestos en sí filosóficos, y de distintas filosofías, en
liza). Pero si la tarea de las ciencias sociales es el análisis de la
identidad, en el problema de los sustratos en relación dialéctica que ésta
comporta (¨la identidad no es idéntica¨), la tarea de la Filosofía, al
menos del Materialismo Filosófico, es la de ¨construir la identidad del
hombre¨, aún bajo la forma de ¨límite reversivo¨ de las ¨identidades
humanas¨. Para ello, el Materialismo Filosófico se configura desde una
perspectiva crítica, al menos en aquel sentido que Marx había dado al
eslogan : ¨de la crítica de las armas, a las armas de la crítica¨.
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[1] ¨Identidad¨ parece comportar aquí la confusión de estos dos momentos, el de la ¨identidad sustancial¨ y el de la ¨identidad esencial¨. Momentos, por lo demás, claramente diferenciados. Así, en un cuadrado la diagonal determina la configuración de dos triángulos rectángulos, de tal modo que la diagonal es la hipotenusa de los mismos. Los catetos de los triángulos son ¨idénticos sustancialmente¨ a los lados del cuadrado, así como también lo es la hipotenusa de los mismos respecto a la diagonal de éste. Sin embargo, respecto a dos cuadrados diferentes, si estos tienen el mismo área, se dice que ambos son ¨idénticos esencialmente¨, y de aquí que la ¨esencia¨ del cuadrado venga determinada por relaciones algebraicas (A= lado . lado).